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domingo, 27 de febrero de 2022

¡NO a esta guerra, también!

 

INCOMPETENCIA DE APRENDER A APRENDER, SOCIAL Y CIUDADANA

Este pasado jueves 24, el gobierno ruso, liderado por el iluminado megalómano Putin, ha bombardeado e iniciado la invasión de Ucrania matando a decenas de soldados y civiles. Sin pudor alguno, lo ha justificado con mentiras e interpretaciones propias de un majara como Hitler. Sí, pero un majara que tiene en su dedo índice el terrible poder de apretar el botón de la MUERTE de miles o millones de personas. Parece que Europa no ha aprendido nada después de sufrir el terrible y sangriento s. XX, y sus sistemas políticos, sobre todo cuando se convierten en autocracias populistas o satrapías, no logran evitar que verdaderos psicópatas concentren un poder omnímodo y sean capaces de destruir el mundo de todos.

Cuando hace veinte años, otro majara, en este caso norteamericano, el entonces presidente George W. Bush, decidió invadir Irak, justificándolo también con mentiras, toda la progresía de izquierdas acuñó el eslogan del NO A LA GUERRA. Un grito lanzado, sobre todo aquí en España, contra el patético presidente de entonces, José M. Aznar. Ambos, junto con el premier británico Tony Blair, formaron el peor trío -fullero- de la historia que se recuerda: el Trío de las Azores. Una vergüenza que no debería olvidarse.

Pero hoy, también es una vergüenza que los mismos que, entonces, enarbolaron las pancartas del No a la Guerra, callen o se pongan exquisitos cuando es un tirano -heredero del imperialismo más rancio, el comunismo soviético- el que empuña las armas contra un pueblo más débil. ¿Ya no hay que sacar a las multidudes a la calle? ¿Ya no hay que hacerse fotos en la delantera de las manifiestaciones pacifistas? ¿Ya no hay que denunciar ante el mundo a los líderes imperialistas? ¿Basta tan sólo con una nota de prensa y unas declaraciones falsamente equidistantes -No a la guerra y No a la OTAN-? Cuando la invasión de Irak, no recordamos que su No a la Guerra lo acompañaran con el No a la tiranía iraquí. ¿Dónde está ahora esa izquierda buenista y bien alimentada tan preocupada por el derecho a la independencia? ¿Es un derecho que no tiene Ucrania? Y, más aún, ¿cómo justificar a un criminal, aunque lo consideren uno de los suyos, en pleno s. XXI? ¿Cómo hay que defender la Paz cuando van a quitarte todo lo que tienes, incluida la vida? ¿Con diálogo y buenas maneras? Es evidente que, cuando se dispone de coches oficiales con calefacción en los asientos y privilegios inmerecidos es más fácil silbar y mirar para otro lado.

Europa vuelve a convertirse en un territorio de guerra e injusticia, como ya ocurrió hace treinta años en el conflicto de los Balcanes. Conflicto en el que, por cierto, la Unión Europea ejerció un papel vergonzoso. ¿Se inhibirá de nuevo y nos convertiremos en neutrales observadores de un acto criminal? O, ¿volveremos a los prolegómenos de la II Guerra Mundial, cuando en 1938 otro psicópata, Hitler, anexionó Austria y a continuación invadió y se apropió de los Sudetes en Checoslovaquia con los mismas trampas y argumentos que hace ahora Putin? ¿Volveremos a la desastrosa política de apaciguamiento que propició que Hitler tuviera tiempo de rearmarse para una guerra de conquista? ¿Ya no nos acordamos de la primavera de Praga, cuando en 1968 los tanques soviéticos invadieron Checoslovaquia y pisotearon sus anhelos democráticos? Preguntas, preguntas.

Tenemos muy mala memoria y, ciertamente, hemos aprendido muy poco si no tenemos la convicción de que, ante hechos tan graves, no tenemos más remedio que defender nuestras libertades, nuestros derechos y nuestras democracias con todas nuestras fuerzas. Por cierto, nos gustaría ver qué harían para defender a Ucrania los gurús de la Educación por la Paz que dan sermones e imparten doctrina en los centros escolares. Bla, bla, bla.

Año 2022. Las vidas humanas empiezan a valer muy poco. La verdad aún menos.

Por una vez, no tenemos ganas de sonreír. Así que les dejamos con el maravilloso Adagio para cuerdas de Barber, interpretado por la Filarmónica de Viena bajo la dirección de Gustavo Dudamel. En memoria de los que sufren, mueren y seguirán muriendo en Ucrania.


                     

jueves, 24 de febrero de 2022

La pandemia oculta: crecen las enfermedades mentales

 

                INCOMPETENCIA SOCIAL Y CIUDADANA                 

La actual pandemia ha movilizado una ingente cantidad de recursos económicos y personales a nivel mundial. Gracias a ellos -y a la carrera de las farmacéuticas por liderar el mercado mundial de vacunas y remedios contra el Covid-19- se han podido evitar millones de muertes. Pero, digámoslo con crudeza: la pandemia también ha enriquecido exponencialmente a los institutos de investigación y a las compañías farmacéuticas y sanitarias en justa (?) compensación por las inversiones que han realizado -junto con los gobiernos- para lograr en tiempo récord una variedad de vacunas y tratamientos efectivos contra el virus.

Ahora bien, quedan muchas secuelas pendientes del desastre originado en China -no sabemos aún ni cómo ni por qué- que no se arreglan con vacunas. Además de las miles de personas que sufren el denominado covid persistente, hemos de resaltar aquí aquellas otras miles que sufren secuelas psíquicas como consecuencia de las medidas extraordinarias que hubo que tomar para confinar a la población y suspender derechos individuales (de reunión, de libre circulación, etc...) durante meses. Lo traemos aquí a colación porque estos problemas de salud mental están afectando, especialmente, a niños y jóvenes, además de a adultos. Y, sin embargo, nadie parece haberse dado cuenta -salvo las llamadas de atención que han realizado el Consejo Escolar del Estado, u organismos internacionales como UNICEF- de que los problemas mentales son tan graves -y tan letales- como los derivados del virus que seguimos padeciendo.

Lamentablemente, llueve sobre mojado. En el ámbito educativo los problemas de salud mental siempre han sido mal-tratados, cuando no ignorados. Niños pequeños, adolescentes y jóvenes con este tipo de problemas son mal atendidos por parte de las USMI-J (Unidades de Salud Mental Infanto-Juvenil, para menores de 18 años) de los hospitales, siempre desbordadas, y sin poder tratar a la mayoría de los casos que se les presentan, y no digamos si los jóvenes tienen que acudir a los servicios de salud mental para adultos, encontrándose con el resto de enfermos y sin disponer tampoco de una buena atención específica. Por su parte, los servicios de orientación de los centros educativos tampoco han podido suplir dichas carencias aunque han hecho más visible el problema y la creciente demanda.

Como sabemos, esta situación no es nueva, ni provocada ahora por la pandemia. Ha sido un problema denunciado desde hace décadas, tanto por los sanitarios como por los servicios de orientación de los centros escolares. Y nunca, jamás, se han tomado las medidas adecuadas por parte de las administraciones públicas -ni rojas ni azules- para darle una respuesta digna y eficaz. Como siempre, los problemas presupuestarios de "la mejor sanidad del mundo" -como se coreaba antes de la pandemia por políticos de todo signo- han evidenciado un déficit que, ahora, se ha agravado seriamente con la actual pandemia. Lo que aquí hemos denominado la "pandemia oculta de la salud mental". 

Los problemas mentales no son"vistosos" para la ciudadanía, ni pueden prevenirse con una "vacuna" ad hoc, por lo que estamos ante una pandemia oculta que afecta a toda una generación de niños y jóvenes. Al habitual ocultismo que adopta la sociedad -y las familias- ante la enfermedad mental, en muchas ocasiones culpabilizando y aislando al propio enfermo, se une la necesidad de disponer de tratamientos, no sólo farmacológicos sino, sobre todo, psicológicos, a medio y largo plazo, para poder hacerle frente. Y ahí, la sanidad pública naufraga estrepitosamente dejando en la estacada a miles de jóvenes y familias que no tienen recursos económicos para pagarse el costoso tratamiento psicológico o psiquiátrico que sería necesario. Por eso, ya es hora que se refuercen las USMI-J y se saquen de los grandes hospitales, aumenten las plantillas de profesionales especializados en psicología, psiquiatría y asistencia social que puedan atender a una demanda creciente y sean capaces de mantener tratamientos a medio y largo plazo, tanto individualmente como en grupo; a su vez, se deben crear centros de atención específica para jóvenes mayores de 18 años que estén separados de los servicios para adultos, y se deben reforzar -con recursos y personal- los servicios de orientación en todas las etapas educativas, así como facilitar su relación con los profesionales sanitarios cuando atienden a una misma persona o colectivo.

No hemos hecho, hasta ahora, más que reiterar las demandas que se vienen haciendo a nuestros políticos educativos y de la salud desde hace años sin respuesta alguna. Todos nos jugamos mucho si dejamos que toda una generación acabe con porcentajes intolerables de enfermedad mental. Problemas que se han triplicado después de la pandemia y que afectan más a niños y jóvenes de familias con menos recursos: suicidios, depresiones, adicciones, trastornos alimenticios, de comportamiento, neuróticos y psicóticos.

A los problemas de aprendizaje que dejarán atrás estos dos años de pandemia, y que han afectado más a las capas de población desfavorecida o marginada, se añadirán las enfermedades mentales que no serán tratadas en los próximos años. Se cerrará así un círculo diabólico que relegará a la miseria, a la incultura y a la enfermedad mental a toda una nueva generación. Lo que pagaremos todos en las próximas décadas con una factura muy alta. ¿Nadie ve esto? ¿Niegan la realidad? Pues es una desgracia.

Los negacionistas van mucho más alla de los terraplanistas, los creacionistas o los antivacunas. Mucho más peligrosos son los que niegan la realidad que nos estalla delante de las narices día tras día. Así que les dejamos con unos Negacionistas mucho más graciosos que nuestros políticos y administradores cuyo mayor talento es quitarse de en medio ante los problemas y cuidar de sus privilegios pegados como lapas al sillón donde les damos de comer como si fueran palomos. Con esta chirigota callejera de 2020, los Negacionistas, despedimos este febrero loco de Carnaval. Y Dios nos coja confesados esta cuaresma, porque -ya que hablamos de enfermedades mentales- el Putin ya ha empezado a bombardear Ucrania. La megalomanía, como la psicopatía, aunque sea rusa, es lo que tiene, que acojona cuando tienes un arsenal nuclear detrás. Preferiríamos la ensaladilla, que está más rica. Eso sí, mira por donde, echamos de menos a otros negacionistas, a los del ¡No a la guerra! ¿Dónde estarán? Pues escondidos en sus coches oficiales. C'est la vie. O como diríamos en castellano, "Cosas veredes, amigo Sancho" -a pesar de que la frase no pueda ser atribuida al Quijote, sino derivada del Poema del Mío Cid.