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jueves, 8 de septiembre de 2022

Si no puedes convencerlos, confúndelos: la nueva programación.

Marxismo puro

 

 

                  INCOMPETENCIA DE COMUNICACIÓN LINGÜÍSTICA                 

Esta parece ser la máxima política que dirige el gobierno del Sr. Sánchez. Un desastre de gobierno. Pero bueno, ¿qué se podía esperar de un personaje indocumentado, ambicioso, con escaso bagaje ético y nula experiencia de gestión ni de gobierno? Otro "laika" de la política. Pues eso, mentiras, bandazos, componendas, errores, fullerías, al servicio de su único objetivo: mantenerse como sea en el poder. Tiene, eso sí, sus principios, pero si no le valen en un momento dado, no se preocupen porque los cambia por otros. Lo hemos visto muchas veces ya. En eso no se puede negar que sea un verdadero marxista (de Groucho Marx, claro). Como decía este Marx, "la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos en cualquier parte, diagnosticarlos incorrectamente y aplicar los remedios equivocados". Para eso sí que sirve el Sr. Sánchez. Genial.

Pues esa es la descripción exacta de las políticas educativas que este país ha tratado de implantar en los últimos cuarenta años. La última, la LOMLOE. Una ley que dice "mejorar" la LOE (?). En estas fechas la mayoría del profesorado está preparando el comienzo del curso y anda liado -nunca mejor dicho- con las programaciones didácticas de sus clases. Para ello, "obligatoriamente" han de adoptar la nueva nomenclatura pergeñada ¡por los mismos que ya se inventaron la de la LOGSE en 1990! Virgen Santa. Treinta años después, el "eterno" César Coll -que dios confunda- y la "incombustible" Elena Martín -que debe estar muy aburrida- inventan nuevos "palabros" para darle a la programación un nuevo toque decorativo, un nuevo vocabulario para que parezca que la LOMLOE mejora en algo la calidad educativa, a sabiendas de que, realmente, servirá para lo mismo que ya les sirvió con la LOGSE: para nada.

Ya lo analizamos en anteriores entradas de este blog. Se trata de un nuevo engaño en la línea de "si no puedes convencerlos, confúndelos", una estrategia muy propia de la reformas políticas socialistas. Dicen algunos medios de comunicación que los docentes están "perdidos" con la nueva LOMLOE, error, están hartos. Es verdad que la implantación de esta nueva (?) ley educativa, y van ocho, está siendo más caótica y tiene fecha de caducidad. (Hasta la ministra que la impulsó salió por peteneras para vestirse de mantilla y arrodillarse ante el Papa, lo que, por cierto, se reveló como el verdadero objetivo de su carrera política). La Sra. Celaá le dejó el marrón a otra -la Sra. Alegría- y el futuro próximo no parece que vaya a concederle mucha vida a su LOMLOE. Como las anteriores, tiene toda la pinta de que será derogada próximamente en esta sala.

Ante esta tesitura, ¿cómo creen que debe tomarse el profesorado la obligada adaptación de sus programaciones a la LOMLOE? Pues, verán: con una mezcla de hartazgo, chufla, enfado y pasotismo. No es para menos. Perfil de Salida, descriptores operativos, competencias y subcompetencias y subsubcompetencias... No se puede ser más tonto para seguir inventando estupideces a sabiendas de que no mejorarán un ápice la calidad educativa ni la realidad de las aulas. ¿Qué se puede hacer ante esto? Veamos:

a) Tomárselo en serio y ponerse a "estudiar" las nuevas "sábanas" de objetivos, perfiles, descriptores, competencias..., para ver cómo hacer la nueva programación: lo que sería algo así como... perder el tiempo y las ganas de vivir. 

b) Copiar la programación de alguien o de alguna editorial y seguir haciendo lo mismo que se venía haciendo en clase: quizás la opción más "económica" en tiempo y esfuerzo. ¡Total, para lo que va a durar!

c) Pasar de la LOMLOE, seguir con la programación que se tenía y afrontar el futuro con optimismo frente a las discusiones que habrá que mantener con directores e inspectores latosos con el cumplimiento de las normas: esta opción mejora la autoestima profesional y la descarga de adrenalina, sin duda, pero no es apta para inseguros o pusilánimes.

También se puede adoptar una versión mezcla de la segunda y tercera, esto es, copiar la programación pero seguir tocando lo que no suena -con perdón- siempre que se pueda a quien corresponda. En fin, lo último es creerse que con esta "nueva" programación vamos a algún sitio interesante. Que no nos confundan, tenemos que saber que la LOMLOE sigue siendo una estafa, otra, que los problemas seguirán sin resolverse y que el día 12 o el 15 de septiembre volveremos a tener grupos de alumnos delante a los que tenemos que EDUCAR. 

Todo lo demás es pura filfa. Sr. Coll, Sra. Martín y Sra. Alegría. ¡Que dios les confunda! A nosotros no. Para variar, les dejamos con una charla TED a cargo de Oscar Ghillione sobre los profesores/as que dejan marca. ¿Qué xxxxxxx tiene que ver la programación de la LOMLOE con EDUCAR bien? Pues eso, NADA.

 

domingo, 24 de julio de 2022

Desconectar: enamorados de la irrelevancia.

"Se llama tiempo a muchas cosas: pero la duración de la playa es la más incomprensible".

Carlos de Oliveira. Entre dos memorias. Ed. Calambur.

 

                  INCOMPETENCIA DE APRENDER A APRENDER                   

No sólo la escuela está cada vez más desconectada de la realidad. Es la ciudadanía toda la que se va alejando de lo real y se va entregando a lo virtual. Las "pantallitas" son una droga tan poderosa que nos tienen embobados. Mientras, la vida pasa por delante de nuestras narices y ni nos damos cuenta. Cierto que aportan información puntual e incluso conocimiento, pero generan más "desinformación" y pérdida de tiempo que otra cosa, cuando no problemas sociales y personales. La trampa de los algoritmos la conocemos pero no es fácil sustraerse a ella. Niños, adolescentes y adultos quedan atrapados en la red cada vez más tiempo, la consumen como un estupefaciente legal, embotando sus sentidos y su capacidad de pensar. 

Frente a eso, es difícil que la escuela de una respuesta eficaz. Sobre todo cuando es uma escuela que sigue instalada en el modelo fabril del s. XIX y principios del XX. Aún es peor cuando queriendo adoptar la modernez del XXI introduce las nuevas tecnologías sin asomo de crítica, plegándose a los requerimientos del mercado y de las grandes corporaciones que las monopolizan.

Quizás no se trate tanto de volver a la cabaña de Thoreau para aislarse del mundo, o de retirarse a dormir a base de pastillas anestesiantes como hace la protagonista de la novela de Ottessa Moshfegh, pero sí ser conscientes de que por el camino que vamos o redefinimos nuestro papel en el mundo o formaremos parte del problema. Quizás ya seamos el problema. 

Así que desconectar constituiría el primer paso para la salvación. No la solución, pero si un buen principio. Parafraseando aquella frase de la película Philadelphia, "¿cómo llamarían a 1.000 informáticos atados juntos en el fondo del mar?: un buen comienzo". Y si la escuela actual es incapaz de verlo, mejor sería que desapareciera e inventáramos otra cosa.

Ahora que estamos en verano aprovechen para hacer justo lo contrario de lo que seguramente están haciendo: desconéctense, abandonen las pantallas y los auriculares y sustitúyanlos por caras, olores, sabores y sonidos naturales, charlas reales y paisajes. Quizás ya sea tarde para muchos pero, al menos, salvaguardemos a los más pequeños. Les dejamos con esta interesantísima entrevista de Catherine L´ecuyer sobre los efectos de las pantallas en la infancia: enamorados de la irrelevancia.


                       

sábado, 25 de junio de 2022

La enseñanza como arte: un debate olvidado

 

                 INCOMPETENCIA CULTURAL Y ARTÍSTICA               

El debate sobre si la enseñanza es una tecnología o un arte aún está lejos de cerrarse, a pesar de que en las últimas décadas el obsoleto paradigma mecanicista la haya reducido en nuestro país a la aplicación de listas de contenidos, tablas de objetivos y criterios, baremos y protocolos cada vez más tediosos e inútiles. No hay más que ver la deriva curricular que han seguido nuestras leyes educativas, desde la Ley General de Educación de 1970 hasta la LOMLOE de 2020 -cincuenta años nada menos- en la que se ha encajonado al profesorado en el sumiso papel de mero cumplidor de un sinfín de prescripciones, consignas y tareas burocráticas que -se supone- conducen a la "cima de la excelencia educativa". Nada más lejos de la realidad.

Porque la realidad, la realidad humana, no se comporta como una máquina por más que algunos "ingenieros sociales" lo pretendan. Y la enseñanza aún menos, por más leyes que promulguen. Constituye este modelo mecanicista y tecnocrático de la educación un craso error de planteamiento en pleno s. XXI. A pesar del fracaso constatado que cosecharon los modelos mecanicistas-conductuales aplicados durante los años 50 y 60 del pasado siglo en EEUU (Watson, Skinner, las máquinas de enseñar...), una versión española se adoptó en nuestro país con la reforma de 1970 (la EGB) obteniendo el previsible fracaso: lo que se denominó la pedagogía por objetivos: una obsesión por la eficiencia (J. Gimeno Sacristán, 1982).

Y aunque algunos quieran seguir "obsesionados con la eficiencia", la educación se comprende mucho mejor cuando adoptamos la perspectiva organicista, esto es, entender que la educación, el sistema educativo, se compadece más con un órgano vivo que con una máquina, porque es una actividad hecha por humanos, dirigida a humanos. De ahí que este paradigma organicista y humanista permita comprender mejor la enseñanza que desarrollan los docentes con sus alumnos y alumnas y, en consecuencia, cómo y cuándo intervenir. A pesar de ello, los modelos educativos y metodológicos, las prácticas de aula, que pueden hacer realidad esta forma de enfrentar la enseñanza siguen siendo hoy minoría en nuestros centros y, prácticamente, siguen ausentes de la política educativa, si bien los preámbulos legislativos los suelen ensalzar hipócritamente para, a continuación, traicionarlos en su ejecución.

La educación es una actividad humana basada en la comunicación, por tanto, no reductible a apriorismos técnocráticos ni objetivos de logro determinados con antelación por "personas ajenas a la obra", a las que debería prohibirse el paso. Y como toda actividad humana, la enseñanza, la buena enseñanza, está sujeta a dosis altas de improvisación, de ensayo-error, de enfoque progresivo en el curso de la acción, de intuición y manejo de emociones y sentimientos, no sólo de conocimientos o información a transmitir. Por tanto, querer eliminar el componente artístico de la enseñanza es comportarse como una acémila cegata. Supone negar lo que de único y singular tiene el acto de enseñar de cualquier docente, esto es, un acto que cuando es bueno constituye una labor creativa, componente esencial de todo arte que se precie. Enseñar es, pues, un arte tanto como puede ser una ciencia, ambas perspectivas son complementarias y necesarias para desarrollar un aprendizaje integral, un aprendizaje humano. Y, por experiencia, bien como docentes, bien como alumnos, sabemos lo que NO es enseñar: manejar una "máquina" para "manufacturar" un producto previamente estandarizado. Eso será adoctrinar, uniformar, manipular o seleccionar pero, desde luego, no es educar.

Qué duda cabe que, desde este planteamiento de partida, la figura del docente adquiere una crucial relevancia, al entender que su labor es la propia de un artista, esto es, la de un creador de realidades nuevas, diversas y complejas en el ámbito educativo, la de un formador y guía de personas en crecimiento, todo un reto. La enseñanza no es un monólogo, no es "ordeno y mando", sino un diálogo permanente abierto al futuro. De ahí que, desde aquí, insistamos tanto en la necesidad de configurar una nueva formación inicial de los docentes que tenga en cuenta no sólo los conocimientos necesarios sino también sus aptitudes, su vocación, sus actitudes ante la educación de los más jóvenes. Porque no todo el mundo vale para enseñar. Y no necesariamente valen sólo los más "listos" -selectividad-, ni los más memoriosos -oposiciones-, ni los más sensibles o los más duros. Valen sólo aquellos capaces de asumir su papel de "artistas" de la enseñanza, docentes vocacionales y no meros administrativos u operadores de máquinas. Se necesitan docentes capaces de manejar la complejidad de grupos humanos de distintas edades y en diferentes contextos, de ilusionar, de afrontar imprevistos y problemas, de saber comunicar, de animar a conocer, a indagar, capaces de guiar y orientar los aprendizajes, de conectar las aulas con la realidad, en fin, capaces de hacer realidad una educación del S. XXI tal y como estableció la UNESCO en su conocido informe titulado "La Educación encierra un tesoro". Algo bien lejos del cutrerío monocorde y aburrido en el que estamos instalados desde hace décadas en nuestro país. 

Y nadie mejor que el gran Ken Robinson para ilustrarnos en una de sus últimas intervenciones en España, titulada "Enseñar es un Arte". Merece la pena ver el vídeo hasta el final a pesar de su extensión ya que contesta a preguntas de los asistentes que son las que cualquiera desearía haber podido formularle: papel del docente, de los padres o madres, creatividad, innovación educativa, discapacidad, emoción, política curricular... Que lo disfruten.

 

                        

miércoles, 22 de junio de 2022

El arte en la educación: la alternativa Blue School

 

                INCOMPETENCIA CULTURAL Y ARTÍSTICA               

Una educación como indagación de múltiples preguntas en la que las respuestas no están prefabricadas sino que son buscadas por docentes y alumnos, tanto individualmente como en grupo, y en la que se busca un equilibrio entre las enseñanzas más académicas, la inteligencia emocional y las más artísticas son las características esenciales de la denominada Blue School neoyorkina cofundada por el artista y educador Matt Goldman. 

Una educación donde el arte ocupa un lugar preponderante ofreciendo una alternativa viable a la escuela rancia y tradicional que padecemos desde hace décadas. Cuando nos parapetamos en una macedonia de excusas para no cambiar la realidad educativa que tenemos delante, y cuando los políticos educativos son incapaces de ofrecer soluciones a los fracasos reiterados actuales, lo que se ignora es que existen en la actualidad alternativas viables que construyen una educación diferente. Una educación que persigue una educación personalizada e integral, esto es, adaptada a cada alumno a la vez que respetuosa con los diferentes ámbitos que componen su personalidad -afectivos, cognitivos, físicos...-. Justo lo que se expone en cada preámbulo de nuestras leyes educativas pero que, a continuación, desaparece en su articulado.

Esto es lo que ha hecho realidad la Blue School, de ahí que les invitemos a visionar el siguiente vídeo donde Matt Goldman explica con detalle cómo funciona, por qué y qué resultados están obteniendo. Lo que queremos demostrar con ello es que no faltan ideas para cambiar la escuela rancia que tenemos, lo que falta es la voluntad de hacerlo, una actitud valiente para enfrentar los retos del s. XXI y dar una respuesta adecuada a estos tiempos. Ya está bien de continuar con una institución anclada en el s. XIX que va camino de erradicar la educación artística, la educación física, la educación emocional y la educación del pensamiento en la enseñanza formal. Un disparate.


                           

 

¡Nos han engañado!, ¡nos están engañando! ¿Que no? Vean el siguiente vídeo de Jaime Buhigas y opinen. La escuela actual es "negra". ¡Algo hay que hacer! Y se empieza acabando con ella.


                      

viernes, 17 de junio de 2022

El nefasto negocio de los libros de texto

 

                 INCOMPETENCIA DE COMUNICACIÓN LINGÜÍSTICA               

Nada ha sido más dañino para la profesionalidad de los docentes y para la innovación educativa como el negocio de los libros de textos escolares en nuestro país. Afirmamos rotundamente que un buen docente, ya sea maestro/a, profesor/a de secundaria o de universidad, no necesita un libro de texto para desarrollar su labor. Lo que necesita -y hoy resulta más fácil que hace unas décadas- es apoyarse en múltiples recursos y materiales documentales e instrumentales -escritos, técnicos, visuales, plásticos...- que den sentido y articulen su práctica educativa. 

Desde su eclosión con la Ley General de Educación (1970) -abandonadas las "enciclopedias" de la posguerra-, el negocio de los libros de texto y de las pesadas mochilas escolares no ha hecho más que crecer y convertirse en un monstruo que mueve millones de euros cada curso escolar. Y, encima ahora, con la "gratuidad" sostenida por los presupuestos autonómicos, se ha convertido en un negocio aún más redondo. Tanto, que a partir de los años 70 del siglo pasado algunos listos se hicieron de oro: la aparición de editoriales, periódicos, grupos de comunicación, televisiones privadas..., fue posible gracias a los enormes beneficios que dejaba un negocio que se dirigía a una inmensa población "cautiva" -tenía obligatoriamente que adquirlos- y que se renovaba cada año porque el producto tenía fecha de caducidad, como los yogures. 

Fue el negocio perfecto para unos pocos, como por ejemplo para Javier de Polanco, que comenzó creando la editorial Santillana y a partir de ahí se convirtió en el dueño de un gran grupo de comunicación (Prisa, El País...) con el que ejerció una notable influencia no sólo en la educación sino también en la política española durante décadas. Al igual ocurrió con Germán Sánchez, fundador de la Editorial Anaya que acabó participando en grupos de comunicación (Telecinco). Hoy sus propios medios los califican poco menos que de "próceres" de la educación española pero, desde nuestro punto de vista, lejos de serlo, sus negocios y su influencia en la política educativa de la nueva democracia española condenaron al profesorado a la desprofesionalización y a la mediocre formación que todavía hoy padecemos. Los docentes se convirtieron así -si alguna vez dejaron de serlo- en meros pasa-páginas del libro de turno, en comparsas de un negocio del que no recibían -ni reciben- ningún beneficio. Porque los beneficios se canalizaban para otros menesteres más turbios y poco o nada educativos. Y es que, al negocio de los libros de texto no le interesa un profesorado autónomo y bien formado. Sería su ruina. A la vez, encadenando al profesorado al libro de texto se le podía manipular mucho mejor con consignas e ideologías baratas. Y muchos docentes tan contentos porque vieron que para sobrevivir en su profesión les bastaba con acompasar tiempos y páginas y rellenar fichas y cuadernos del alumno/a. Pero eso no es educar, digámoslo claro, eso es un fraude.

Hoy día, muchos de ellos entrarían en pánico si ahora se les ordenara que prescindieran de los libros de texto. Y muchos padres y madres también. Y los políticos empezarían a sudar. Es lo que tienen los procesos alienadores, que los "esclavos" no se dan cuenta de que lo son. Siguen necesitando la supuesta "seguridad" y "rigor" que les dan los libros de texto. Pero, en general, dichos libros, además de ser un dispendio anual que podría utilizarse en otras inversiones más necesarias, adolecen de dos graves problemas: en primer lugar, no se adaptan a la diversidad de contextos de aula y mucho menos a la diversidad de ritmos y capacidades de aprendizaje del alumnado; y en segundo lugar, dejan mucho que desear en cuanto a calidad, selección y secuenciación de contenidos. Porque están confeccionados por empresas cuyo objetivo primordial es "vender" y ganar dinero, no lo olviden, y necesitan rentabilizarlos con una buena relación coste-beneficio y buena apariencia. Para ello, además, utilizan muchos ardides -no sólo comerciales- para crear dependencia en los "clientes" y "nichos" de mercado. (Vean si no esta noticia de humor de El Mundo Today). De la misma forma que muchos recursos y aplicaciones web están pensados sólo para generar dependencia y no para generar conocimiento y aprendizaje autónomo.

Y ahora -pasa cada vez que se aprueba una nueva ley educativa- unos y otros tratan de controlar sus contenidos y todos andan descontentos -hasta la exministra Celaá se escandaliza porque no le gustan los que están apareciendo-. Menuda jeta. Eso sí, las editoriales se frotan las manos con cada reforma educativa: nuevos libros, más negocio, más beneficios. Pero siempre han debido ser contemplados como lo que son, instrumentos de empresas y de gobiernos para introducir consignas, ideologías, mitologías históricas, mensajes y valores que poco o nada tienen que ver con el conocimiento contrastado, la información veraz y el aprendizaje crítico y autónomo. Y de camino, a ganar dinero a costa de una ciudadanía ajena al negocio.

Un profesorado alienado, que deposita su responsabilidad como docente en el libro de texto como recurso exclusivo o principal de su enseñanza y no en su propia formación, es un profesorado "esclavo", con baja o ninguna autoestima y, en consecuencia, incapaz de hacer valer su propia dignidad profesional. No es dueño de sus decisiones como docente sino que se convierte en un instrumento de "otros" -editoriales, gobiernos, iglesias...- para transmitir contenidos que le son dictados desde fuera de la escuela, y a eso se le puede llamar cualquier cosa -adoctrinamiento, sumisión, engaño...- pero, desde luego, no es EDUCACIÓN.

En consecuencia, y sí, correcto, lo que habría es que acabar con el negocio de los libros de texto en nuestro país. Ahora lo tenemos a huevo en pleno s. XXI con las posibilidades infinitas que nos brindan los recursos audiovisuales, tecnológicos, bibliotecas reales y virtuales, etc... Hasta la legislación lo permite (Instrucción 3ª), eso sí, con la boca chica. Porque no basta con hacerlos gratuitos y que duren varios años hasta que se pudren, hay que incentivar -y pagar- al profesorado que elabora su propio material curricular. Así que, en buena parte, todo depende del profesorado. Si este desastre tiene alguna solución sólo vendrá de la mano de un nuevo profesorado bien formado, bien pagado y dignificado personal y socialmente, que no necesite acudir a un libro de texto, sino que sea capaz de crear sus propios materiales curriculares, lo que de paso ahorraría un montón de millones de euros a las arcas públicas y a los bolsillos de las familias. ¡Casi ná! 

Por cierto, ¿esto sería un propuesta de izquierdas o de derechas? En la campaña electoral andaluza no hemos escuchado ni a unos ni a otros decir ni pío de los graves problemas educativos que tenemos, sólo tonterías. Una pena.

Les dejamos con la experiencia de una escuela Waldorf en Euskadi que no utiliza libros de texto. Un horror para algunos, qué le vamos a hacer. Pero para nosotros, una luz en medio de la oscuridad que nos rodea.


                        

lunes, 25 de abril de 2022

La gran mentira: mejorar la educación a través del BOE

                  INCOMPETENCIA DE APRENDER A APRENDER                

Repetimos: ningún sistema educativo es mejor que su profesorado. Pero nadie se entera. No quiere enterarse nadie. Nuestros políticos menos que nadie. Desde 1978 tratan de mejorar la educación mediante el BOE. La denominada reforma de los "papeles". Siempre fue una medida condenada al fracaso. Ahora, más de cuarenta años después, sólo es un ejercicio de melancolía. El nuevo currículo de la ESO publicado en el BOE es otra muestra más de la estupidez política: ninguna reforma o mejora de la educación puede hacerse sin el concurso, complicidad, formación y compromiso del profesorado. Todo lo demás son mentiras. La gran mentira que nadie desvela en este país. Las reformas educativas "ilustradas" desde la LOGSE (1990) -todo para el profesorado pero sin el profesorado- se han ido estrellado una tras otra. Seguimos como país estando a la cola de todos los indicadores de calidad europeos e internacionales, pero es asombroso que nadie acabe con esta práctica inútil de utilizar el BOE como instrumento de mejora educativa.

Se ha intentado todo con el BOE: reformas de currículo abierto, reformas de currículo semi-cerrado, reformas de currículo cerrado a cal y canto, reformas de currículo contra la autonomía de los centros y del profesorado, reformas de currículo abierto que después cerraban las CCAA y los libros de texto, reformas con muchos contenidos por nivel, reformas para la etapa completa sin definir niveles, etc. Ninguna ha funcionado. ¿Por qué? La respuesta es evidente y fácil de hallar: porque todas han ignorado a los protagonistas del acto de enseñar y aprender: profesorado y alumnado. A lo que se añade que ninguna ha ido acompañada de una adecuada financiación. Todas han sido, desde el punto de vista curricular, reformas "baratas", muy baratas, de todo a 1 euro. Es lo que tiene el papel, que lo aguanta todo y es barato. 

Pero la realidad educativa es otra cosa. Es compleja, es dinámica, es contradictoria, es multiforme, es... humana, no es una máquina. Y no se mejora mediante leyes y decretos en el BOE o el BOJA, sino por inversiones bien pensadas y gestionadas a medio y largo plazo en formación del profesorado (inicial y permanente), construcción de centros, investigación educativa y, sí, también por la configuración de currículos consensuados, estables e innovadores que sean más propios del s. XXI que del XIX, por mucho que ahora nos quieran seguir mintiendo al meter en el BOE "moderneces" que sólo son recursos decorativos. Porque el núcleo duro del actual currículo para la ESO sigue siendo el organizado en las disciplinas de toda la vida, y cada vez con mayor peso horario (Lengua, Matemáticas, Ciencias, Idiomas...). Y, además, "tos a la vez, y tos por iguá".

Que el MEC considere bobaliconamente que el que ha publicado para la ESO es un currículo por competencias es otra de las grandes mentiras que quieren vendernos. Lo que han hecho sus equipos de "negros" no es otra cosa que trata de conciliar lo inconciliable, esto es, las directivas europeas del aprendizaje competencial con la estructura rígida de un currículo articulado en disciplinas clásicas. Otro engaño de mesa de despacho como aquel de la transversalidad que inventaron con la LOGSE los psicólogos de cabecera del PSOE, Marchesi y Coll. Una transversalidad que ahora retoman con más brío y con el mismo presagio: su intrascendencia en las prácticas reales de aula. (Anoten todo lo que hay meter ahora en cada una de las áreas tradicionales: la comprensión lectora, la expresión oral y escrita, la comunicación audiovisual, la competencia digital, el emprendimiento social y empresarial, el fomento del espíritu crítico y científico, la educación emocional y en valores, la igualdad de género y la creatividad se trabajarán en todas las materias. En todo caso, se fomentarán de manera transversal la educación para la salud, incluida la afectivo-sexual, la formación estética, la educación para la sostenibilidad y el consumo responsable, el respeto mutuo y la cooperación entre iguales (Art. 6.5). ¡Cágate lorito! ¡Y se quedaron tan tranquilos! Lo más asombroso es que muchos siguen sin entender que la transversalidad es un recurso de trileros que ya constató su palmario fracaso cuando la LOGSE. Pues ni eso.

Y es que este nuevo intento no deja de ser un simple postureo político para acompañar el trago de parecer modernos vistiendo un currículo rancio. El MEC sigue apostando por la apariencia más que por el ser. Pura era posmoderna. Y en esta política de postureo, de apariencias, se quejan algunos de la indefinición o rebaja de contenidos del nuevo currículo. No se distraigan y no se preocupen, lo tienen bien pensado, como ya hicieron con la LOGSE: se encargarán las CCAA y las editoriales del libro de texto de acabar la faena iniciada por el MEC. Y así todos contentos. Menos, claro está, los que tendrán que llevar este currículo a la práctica, los docentes, a los que de nuevo se les ningunea, se les ignora y se les cuelga un muerto que por cobardía no ha querido resolver el MEC. Un sudoku irresoluble compuesto de competencias clave, competencias específicas, saberes específicos (los contenidos de siempre), criterios de evaluación y situaciones de aprendizaje. Puro parloteo academicista. Pura burocracia educativa. Ahí es nada. Y cuando algunos docentes se aclaren con este galimatías tecnocrático ya estará seguramente derogada esta reforma o, peor, agotada su paciencia. Y a empezar de nuevo.

Mientras, nadie nos va a librar -el BOE desde luego que no- de seguir liderando los peores indicadores de fracaso y abandono escolar de Europa, de tasa de repetidores o de continuidad en estudios superiores, de ocupar los últimos lugares en las clasificaciones internacionales (PISA, PIRLS...) y del aumento preocupante de la desmotivación del profesorado y del alumnado. Otra reforma para nada. Así que hagamos pues un repaso "robinsoniano" de las carácterísticas que debe poseer un currículo para el s. XXI. A ver si se enteran que el BOE no sirve para esto.


                        

martes, 26 de octubre de 2021

Programación y cadáveres

"Después los dos seremos un solo y puro vacío misterioso. La sosegada música inaudible."

(Elegía a M.B. Francisco Brines. Antología. Alianza Ed., 2020)

 

                     INCOMPETENCIA DIGITAL                   

La semana pasada hemos conocido una nueva demanda para el currículo escolar: ¡hay que enseñar a programar a nuestros jóvenes cuanto antes! El CEO de la organización Code.org, apoyado, por lo visto, por todo el espectro político español, considera que hay que enseñar programación desde la educación primaria. Esto es, que hay que introducir una nueva asignatura escolar al inflado currículo que ya soportamos. No es que no estemos de acuerdo con que el currículo actual esté desfasado, obsoleto y anticuado, y que, por tanto, sea necesario reformarlo en gran medida, pero ¿de verdad es la programación una enseñanza prioritaria? ¿desde qué punto de vista? ¿el de este empresario de la computación? ¿el de las empresas tecnológicas? Realmente, no estamos seguros de que sea una prioridad, y mucho menos en el barrio de las Tres Mil Viviendas de Sevilla, uno de los más pobres de España y de Europa. ¡Qué disparate! ¡No tienen qué comer, ni sus padres trabajo ni futuro, rodeados de miseria, delincuencia y drogas, pero le van a enseñar a programar a sus hijos! Incluso la Junta de Andalucía ya ha acuñado oportunamente un nuevo pogramita: el programa Impulsa. ¡Virgen Santa! A todos les encanta la propaganda.

Simultáneamente, desde el mes pasado han llegado decenas de cadáveres a las costas españolas procedentes de pateras naufragadas; hombres, mujeres y niños pequeños flotaban en el mar y yacían en las playas. Ya ni son noticia en nuestras adormecidas conciencias. ¿Qué tiene que ver esto con el currículo ni con la programación?, dirán ustedes. Pues mucho. Qué creen que sería más prioritario, puestos a modificar el currículo actual -y no contesten lo fácil, o sea, las dos: ¿la capacidad de programar o la capacidad de educar a personas que no se muestren indiferentes ante la dramática situación de aquellos que huyen de la miseria o la guerra? Es evidente que la tecnología, la informática o las redes de comunicación son necesarias pero no sólo no han acabado con la intolerable desigualdad de nuestro mundo actual sino que la han agrandado aún más. La impúdica ventana que ofrece internet en todas las culturas y países la ha hecho aún más descarnada y cruda, pues los que no tienen nada -y lo sufren todo- asisten al espectáculo obsceno de cómo, a veces, a tan sólo escasos kilómetros de sus miserables vidas, otras vidas son vividas de manera plena, segura y sobrealimentada. 

Claro que hay que acabar con el currículo escolar actual, tan estúpido, inflado y rancio, pero no a costa de hacerlo aún más estúpido e injusto. Es necesario repensarlo desde muchos puntos de vista -no sólo desde el negocio- pero, sin duda alguna, es urgente hacerlo desde una educación cívica, ética y moral apropiada para el siglo XXI, desde el cuestionamiento de una sociedad anestesiada, injusta y cruel, incapaz de entender que todos vivimos en el mismo mundo, que los recursos y la riqueza deben compartirse y que el drama de tantos no nos puede ser ajeno. Si no es así, el nuevo currículo que pretendamos enseñar a nuestros jóvenes, este estúpido interés en la enseñanza de la programación como liberadora de los más pobres, sólo contribuirá a hacer aún más cruel y terrible el oscuro futuro que nos espera.

Ojo, no estamos hablando para nada de meter una nueva asignatura de Ética o de Educación Cívica, otra pantomina más, otro adorno inútil, sino de configurar una arquitectura curricular completa -que afecte realmente a todo el horario disponible y a todas las materias de enseñanza- que haga de la educación moral y cívica un principio irrenunciable en una enseñanza orientada a la construcción de un mundo más justo y solidario. ¿Utópico quizás? ¡Y qué! ¿Creen, realmente, que no es cada vez más necesaria la utopía educativa en este mundo tan egoísta y violento? Pues eso.

Para finalizar, les dejamos con estas cuatro piezas de museo, cuatro, defendiendo el proyecto Code.org. Que estos cuatro estén de acuerdo en algo pone los vellos de punta. ¿Cuánto dinero y cuántas trampas habrá detrás del tinglado?


                     

¿Quieren saber quiénes más apoyan este proyecto? Ahí tienen a otras figuras espeluznantes por lo que suelen hacer las empresas que crearon o en las que trabajan. Son billonarios inmensamente ricos y poderosos, pero eso sí, se nos presentan como unos filántropos bondadosos que lo único que desean es ayudar a los pobres. ¡Qué bonito! Nos dan ganas de llorar.


                   

martes, 27 de julio de 2021

Pensar por uno mismo: educar para la autonomía moral e intelectual


El tonto colectivo se refugia bajo el término ideología (...) La ideología les facilita un código a todos aquellos que son incapaces de construirse el suyo propio. (J.C. Ruiz. Filosofía ante el desánimo. Pág. 174. Ed. Destino. 2021)


                     INCOMPETENCIA DE APRENDER A APRENDER                    

Terminamos este mes -dedicado a cuestiones filosóficas relacionadas con la educación- con esta entrada dedicada al que debería ser el objetivo esencial de todo proceso educativo: la autonomía moral e intelectual del que aprende. Para muchos, desde principios del s. XX -e incluso antes-, resulta una obviedad que educar consiste en enseñar a pensar y actuar por sí mismo, pero la realidad educativa dista mucho de ser así. Si pasamos de los ampulosos preámbulos de las leyes educativas, más falsos que los billetes del Monopoly, el objetivo oculto -pero efectivo- de sistemas educativos como el nuestro no es otro que el de "domesticar" el pensamiento y la conducta de los alumnos en una única dirección. Otros lo llaman "socializar". En realidad, la escuela de hoy está bien lejos de promover eso que llamamos la capacidad de pensar y actuar por uno mismo, de aprender a aprender. El sistema no desea personas que piensen sino que obedezcan y sean fácilmente manipulables.

Así como la arquitectura industrial de los centros educativos está pensada para la producción en serie de un producto previamente homologado, la estructura comunicativa unidireccional de las aulas está pensada para promover la obediencia al modelo oficial y la reproducción -también en serie- de un modo cerrado -academicista, cuadriculado- de conocer el mundo. Muchos docentes no son plenamente conscientes del mismo, ya que al sistema le basta con que sean los instrumentos necesarios para llevarlo a cabo, sin ir más allá. Ya saben, el docente es el único ser vivo que nunca ha abandonado la escuela y, por tanto, no puede darse cuenta del agua en la que ha vivido siempre. Porque un pez sólo se da cuenta del agua cuando lo sacamos fuera de ella. 

Estos seres vivos, estos peces docentes, son una especie curiosa de adaptación a un tipo muy singular de ecosociosistema: la institución escolar. Podríamos hablar, con cierto humor, de que los docentes son, por ello, personas que presentan una clara anomalía social y personal: probablemente la dificultad de comportarse como adultos al vivir siempre rodeados de jóvenes, o la de asumir su edad con los años, o la de tener una visión simplificada -adolescente- de las relaciones sociales, o la de mantener aún ensoñaciones juveniles, puede ser. Pero lo que nos interesa con respecto a esta entrada, esto es, su capacidad profesional de enseñar a pensar por uno mismo, de enseñar a otros a actuar éticamente según un criterio propio, les será difícil de alcanzar. Y no hablamos, otra vez, de la falta de una apropiada formación para poder hacerlo, que también, sino por el hecho de que los "peces" no pueden enseñar a volar.  

El currículo oficial no es sólo un papel, una ley escrita, un rollo macabeo que hay que cumplir. Es un modo de entender el mundo, un modo de entender la educación y un modo de situar a la persona en ese mundo y cómo pensar y actuar en él. No es baladí, por tanto, que los enseñantes tengan dificultades para enseñar a pensar a las nuevas generaciones ya que les cuesta ver más allá de la escuela que han conocido desde niños y que nunca han abandonado. Necesitarían salir de ella -cognitiva y emocionalmente-, pensarla desde fuera, para, primero, reconocer que son "peces" y, segundo, para comprender que los niños y niñas que les tocan cada año no tienen por qué serlo. De hecho no lo son cuando entran, no son peces ni probablemente quieran serlo. Y muchos no querrán nadar sino volar, correr, pasear, respirar. 

Esta en nuestra forma, quizás algo cursi, de entender que la autonomía intelectual y moral de nuestros jóvenes requiere un currículo que no sea sólo para "peces" sino para todos los seres vivos; requiere unos docentes con diferentes visiones y que provengan de un mundo plural y rico, unos centros educativos que no sean cárceles ni fábricas sino espacios abiertos multitarea y una organización que no sea militar ni empresarial, sino humana, creativa, curiosa y flexible. 

No necesitamos ideologías -entendidas como mitologías estáticas (J.C.Ruiz)- que nos separen y enfrenten al presentar una visión cerrada y reduccionista de la complejidad de la vida. Franz Kafka decía: "un idiota es un idiota, dos idiotas son dos idiotas, diez mil idiotas son un partido político". Por el contrario, necesitamos una generación de personas, sólo una, con la capacidad de pensar y actuar éticamente de manera autónoma. Este es el enorme reto que tenemos por delante los educadores, la ciudadanía toda, en este s. XXI que recién hemos iniciado. El enorme reto, la revolución en realidad, de que docentes "formados" y "criados" en un sistema educativo obsoleto sean capaces de alumbrar una nueva era educativa. Necesitamos un milagro.

En esta línea, finalizamos de nuevo con el filósofo J.C. Ruiz presentando una entrevista que versa sobre la toma de decisiones, las redes sociales y la educación del pensamiento crítico. No tiene desperdicio. Feliz verano.


                      

martes, 18 de mayo de 2021

Nuevos modelos educativos: otra forma de enseñar


                    COMPETENCIA DE APRENDER A APRENDER             

 

Desde hace más de 100 años han existido -y aún existen- modelos alternativos al tradicional y rancio que arrastramos en los colegios e institutos de nuestro país. Un modelo tradicional décimonónico, por cierto, que 8 LEYES 8 educativas no han sabido desterrar del sistema educativo español. Sólo la iniciativa privada y el voluntarismo de algunos docentes -pocos, por desgracia- los han dado a conocer y mantenido hasta nuestros días. Estas otras formas de enseñar y aprender tuvieron cierto auge durante la transición política española, articulados alrededor de los Movimientos de Renovación Pedagógica (MRP´s) y las Escuelas de Verano que se extendieron en nuestro país desde mediados de los años 70 del siglo pasado hasta poco antes de la promulgación de la LOGSE en 1990 que acabó prácticamente con ellos.

Múltiples experiencias pedagógicas revivieron metodologías educativas adaptando modelos e investigaciones de principios de siglo XX como las de Freire, Makarenko, Freinet, Montessori, Piaget y otros tantos autores que, curiosamente, no se dieron a conocer en las Escuelas Normales (?) de formación del profesorado hasta finales de siglo, si bien, algunos de ellos ya fueron conocidos en nuestro país antes de la guerra (in)civil gracias a la Institución Libre de Enseñanza. Pero el franquismo educativo volvió al s. XIX y al modelo rancio impuesto, sobre todo, por la iglesia católica que dominó el sistema educativo español hasta la transición democrática.

Otras veces, grupos de docentes innovadores crearon sus propios modelos a base de trabajo e investigación sobre sus prácticas surgiendo movimientos renovadores que tuvieron gran trascendencia a nivel nacional: la Pedagogía Operatoria en el IMIPAE de Barcelona, el Grupo Investigacion en la Escuela en Sevilla, la Escuela de Barbiana en Salamanca y tantos otros en Valencia, País Vasco, Galicia, Madrid, etc... La experimentación de la LOGSE se apoyó inicialmente en ellos para promover una verdadera reforma del currículo y de las metodologías educativas pero, finalmente, primaron las componendas políticas y a partir del año 1985 fueron abandonados y liquidada cualquier posibilidad de reforma real al imponerse las visiones políticas de una ley -la LOGSE- que, prácticamente, acabó sentenciándolos. 

Especial mención queríamos hacer aquí de una de las experiencias renovadoras más netamente españolas como fue, como es, la Institución Libre de Enseñanza. Esta institución educativa nació a finales del siglo XIX, en el año 1876. Fue un proyecto impulsado por un grupo de catedráticos de pensamiento liberal y humanista. Entre ellos figuraban Francisco Giner de los Ríos, Gumersindo Azcárate y Nicolás Salmerón. La iniciativa surgió cuando fueron separados de la Universidad por defender la libertad de cátedra. Se oponían a que sus enseñanzas tuvieran que amoldarse a las doctrinas oficiales en torno a la religión, la política o la moral. Promovieron, de este modo, una profunda renovación pedagógica. Entre sus principios destacan la educación integral, que abarca una amplia formación humanista y una orientada al aspecto profesional. El objetivo es la formación total de la persona. Esto incluye el cuidado del cuerpo, por lo que la actividad física tiene una importante presencia en el plan de estudios. Además, su método pedagógico no se apoya en los libros de texto, sino en los apuntes, las redacciones y los dibujos. El estudiante debe tomar parte activa en su aprendizaje y se potencia el trabajo personal y creador. Todo ello, en un ambiente de tolerancia y respeto hacia las diferentes ideas y credos. Un soplo de libertad y modernidad en una España aquejada de graves problemas estructurales y sociales. Desgraciadamente, la Institución Libre de Enseñanza sigue siendo hoy un maravilloso ejemplo de libertad, regeneración política y renovación pedagógica en la España del s. XXI. 

Así que, no será por falta de modelos alternativos por los que nuestros torpes políticos no dan con la tecla para mejorar en profundidad la educación en España. Como los malos estudiantes, no saben siquiera qué es lo que tienen que copiar en el examen. Una pena. Al menos, esperemos que les pase como al "listo" del siguiente vídeo de José Mota. No se lo pierdan.