Incapacidad manifiesta de realizar determinadas acciones que se supone deben haberse adquirido para desarrollar un determinado trabajo o, en este blog, una acertada política educativa en Andalucía y España. Consisten en una rara mezcla de ignorancia, torpeza, inoperancia, frivolidad, prepotencia y algunas dosis de clara idiotez.
A nuestros políticos no les interesa la verdad, por eso han adoptado el "relato" como instrumento de comunicación a la ciudadanía, esto es, una forma de cuento infantil para adultos, pero sin el encanto de las novelas gráficas o de los tebeos. Por ejemplo, reniegan de la verdad histórica que describe cómo fue la Guerra Civil española, así que se inventan el "relato" de la "memoria democrática". O adjuran de la sangrienta historia del terrorismo vasco y construyen el "relato" de la "resistencia armada de un pueblo contra el fascismo". O niegan la evidencia histórica de Cataluña y pergeñan el "relato" de un "pueblo oprimido" por el resto de España. Pues que se lo digan a los miles de trabajadores que emigraron durante décadas a Cataluña porque no tenían nada que llevarse a la boca en Andalucía o Extremadura. O que se lo cuenten a las centenas de muertos y víctimas del terrorismo etarra. O que entierren los numerosos estudios e investigaciones sobre la crueldad y el horror, rojo y azul, que se desató en la lucha fratricidad española. Hoy la palabra "relato" se identifica en política como sinónimo de "mentira dirigida a incautos". Todos alucinados por la "posverdad".
Descreer de los políticos y de sus "relatos" creados para manipular hechos, sentimientos y conciencias es otro gran paso previo para descubrir otra realidad. Una labor pendiente que tiene la Escuela actual para con sus habitantes -profesorado y jóvenes-. Esto es, cómo prepararlos para enfrentar el "relato" y la "posverdad" como instrumentos manipuladores de la realidad al servicio de las ideologías y consignas políticas. Desgraciadamente, estamos más tentados de aleccionar y adoctrinar que de enseñar a analizar los hechos y a pensar por sí mismos. En cierto modo todos somos cómplices del masivo engaño. No se puede engañar a millones de ciudadanos sin el concurso de muchos.
Y esa es otra gran tarea pendiente de la Educación del futuro: la educación ética y moral. Una educación que trate de formar personas honestas y no corruptas, que enseñe la importancia de los sistemas de control democrático e ilustre sobre las penas y castigos a los que se exponen los delincuentes que tratan de burlarlos.
Hay que descreer para abrazar la verdad y la objetividad, la búsqueda rigurosa de los hechos y la aplicación de las leyes que nos protegen de todos estos "listos" que tratan de contarnos cuentos (apoyados por determinados medios de comunicación), para seguir robando, engañando y manipulando al pueblo al que tanto dicen "servir". Y si, por descuido, los pillasen con las manos en el "carrito del helado", poder salir indemnes de una justicia puesta a su servicio utilizando todos los recursos torticeros a su disposición: dilación de los juicios, recursos e indultos que, desde luego, no están al alcance de la mayoría de las personas. Lo que se llama una justicia igual para todos. Una justicia del pueblo. Ya, claro.
Ahora bien, si la Audiencia de Sevilla y el Tribunal Supremo hubieran utilizado los procedimientos pioneros del juez que protagoniza el siguiente vídeo de José Mota con estos ladrones de guante blanco, seguro que se hubiera llegado antes a saber la verdad y a dictar las sentencias. ¿Que no? Vean...
(Les recordamos que si desean enviarnos colaboraciones o propuestas de entradas pueden hacerlo a: incompetenciasbasicas2epoca@gmail.com)
No sólo la escuela está cada vez más desconectada de la realidad. Es la ciudadanía toda la que se va alejando de lo real y se va entregando a lo virtual. Las "pantallitas" son una droga tan poderosa que nos tienen embobados. Mientras, la vida pasa por delante de nuestras narices y ni nos damos cuenta. Cierto que aportan información puntual e incluso conocimiento, pero generan más "desinformación" y pérdida de tiempo que otra cosa, cuando no problemas sociales y personales. La trampa de los algoritmos la conocemos pero no es fácil sustraerse a ella. Niños, adolescentes y adultos quedan atrapados en la red cada vez más tiempo, la consumen como un estupefaciente legal, embotando sus sentidos y su capacidad de pensar.
Frente a eso, es difícil que la escuela de una respuesta eficaz. Sobre todo cuando es uma escuela que sigue instalada en el modelo fabril del s. XIX y principios del XX. Aún es peor cuando queriendo adoptar la modernez del XXI introduce las nuevas tecnologías sin asomo de crítica, plegándose a los requerimientos del mercado y de las grandes corporaciones que las monopolizan.
Quizás no se trate tanto de volver a la cabaña de Thoreau para aislarse del mundo, o de retirarse a dormir a base de pastillas anestesiantes como hace la protagonista de la novela de Ottessa Moshfegh,pero sí ser conscientes de que por el camino que vamos o redefinimos nuestro papel en el mundo o formaremos parte del problema. Quizás ya seamos el problema.
Así que desconectar constituiría el primer paso para la salvación. No la solución, pero si un buen principio. Parafraseando aquella frase de la película Philadelphia, "¿cómo llamarían a 1.000 informáticos atados juntos en el fondo del mar?: un buen comienzo". Y si la escuela actual es incapaz de verlo, mejor sería que desapareciera e inventáramos otra cosa.
Ahora que estamos en verano aprovechen para hacer justo lo contrario de lo que seguramente están haciendo: desconéctense, abandonen las pantallas y los auriculares y sustitúyanlos por caras, olores, sabores y sonidos naturales, charlas reales y paisajes. Quizás ya sea tarde para muchos pero, al menos, salvaguardemos a los más pequeños. Les dejamos con esta interesantísima entrevista de Catherine L´ecuyer sobre los efectos de las pantallas en la infancia: enamorados de la irrelevancia.
Desaprender para renacer. Renacimiento. La educación, la sociedad, necesita un nuevo renacimiento. Su herrumbroso esqueleto ya sólo sostiene un cuerpo viejo, decrépito, sin apenas vida. Aún no sabe que mal levanta cada día un muerto viviente. Una rutina, una inercia que lo mantiene arrastrando pesadas cadenas, cada vez más a la defensiva, esperando la hora definitiva, la hora en que certifiquen su defunción y sea enterrado sin honor ni alharacas. Si a finales del s. XIX y principios del s. XX un colectivo de intelectuales, políticos y educadores propugnó la "regeneración" de España a través de la educación, visto el desastre y la decadencia en que estaba sumida, a principios de este s. XXI es necesario un renacimiento educativo que acabe con las viejas y obsoletas estructuras y alumbre un tiempo nuevo.
Quienes aún no consideran que vivimos en un mundo y, sobre todo, en un país sumido en una crisis profunda de valores y creencias es que practican el dontancredismo propio de los ciegos -o sinvergüenzas- políticos, incapaces de ver que todo se desmorona a su alrededor mientras creen que ellos no se hundirán con el Titanic. Pero vivimos en el tiempo de descuento de un partido próximo a su fin, y deberíamos estar preparados para construir algo nuevo y no para repetir los mismos errores y con los mismos mimbres -y sinvergüenzas- que nos han traído hasta aquí. Las crisis promueven cambios, a veces a peor, así que deben cogernos bien armados para afrontar los retos futuros con otras herramientas, con otros valores y con otras creencias.
Eso es renacer. Haberse desprendido, desaprendido, de todo lo anterior y construir algo nuevo. Porque la educación, tal y como viene desarrollándose en las últimas décadas, está abocada al fracaso y a la implosión desde distintos frentes: populismos, manipulaciones, ideologías iluminadas, religiones, burocracias economicistas, neoliberalismos, capitalismos salvajes, dictaduras y dictablandas, autocracias, teocracias y videocracias..., todas con el denominador común de no permitir que nadie aprenda a pensar, sino a obedecer consignas, lemas, relatos, órdenes, sentencias. Adoctrinar, no educar.
Renacer es pensar de nuevo el mundo que nos ha traído hasta aquí, un mundo que tiene mal futuro por la senda delirante de mentiras y torpezas por la que transitamos desde hace tiempo: cataclismo ambiental, guerras, hambrunas, masacres, nacionalismos excluyentes, separatismos violentos, alienación de masas, odios tribales, venganzas, ajustes de cuentas, ombliguismo occidental... La escuela en este mundo ciego cada vez está más desconectada de la vida real y de las expectativas de las personas (Roger Schank), por eso hay que acabar con ella y construir otra.
Y si no lo creen, vean este breve vídeo de Jurgen Klaric titulado "cómo sobrevivir al sistema educativo".
Desaprender significa reconocer que todo lo que se ha hecho no ha dado el resultado esperado y que es momento de dejar todas las creencias aprendidas y los conocimientos pasados de moda para promover diferencias y cambios. Digámoslo de otro modo: la solución pasa por saber que lo que hay no tiene solución. De alguna manera, muchos podemos pensar algo así con lo que ha ocurrido en el sistema educativo de nuestro país: un sistema educativo corrompido desde sus principios a su organización (Lledó, E. Fidelidad a Grecia. Ed. Taurus, 2020) que sólo tendría una salida si, primero, saliéramos de él y, a continuación, montáramos otra cosa bien diferente, porque es un edificio que hace aguas por todas partes y sus cimientos son de barro.
Desaprender es abrir nuevas posibilidades para pensar cuando la realidad cierra toda opción de reflexión, es ir más allá de los callejones sin salida de las vigentes y tradicionales representaciones del mundo y del hombre (Hannah Arendt) para poder interpretar nuestro presente. El currículo escolar ha llegado a este punto crucial, a esta deadline. Es urgente reconocer su inutilidad, cancelarlo de una vez por todas, y reconstruir el discurso escolar desde nuevos parámetros: desaprender todo lo que hemos "aprendido" porque nada nos sirve, sólo nos confunde, nos ahoga y nos aboca al naufragio personal y social.
Desaprender significa abandonar las vetustas vestiduras cognitivas del currículo enciclopédico -más propias del s. XIX- y construir una educación para el s. XXI, una nueva forma de pensar la escuela. ¿Cuánto más tendremos que darnos contra el muro para darnos cuenta de que por este callejón no llegamos a ningún sitio deseable? Y hace falta una conjunción de fuerzas desde todos los ámbitos y sectores sociales para promover un verdadero cambio educativo. No lo hará en solitario el profesorado, no podemos esperar nada bueno de nuestros políticos y las familias necesitan tiempo, liderazgo e ideas claras para saber dónde ir. Ha de ser la sociedad civil al unísono la que impulse una "revolución" educativa que aglutine al país en un nuevo camino y en un nuevo contrato social. Ideas, experiencias, investigaciones..., las tenemos delante hace tiempo, sólo hemos de articularlas y darles forma para configurar una nueva manera de entender la educación y el sistema escolar. Cerrar finalmente las "cárceles y fábricas" del siglo XIX y XX y alumbrar los nuevos tiempos y espacios de nuestras instituciones educativas en los que aprender una nueva mirada, construir un nuevo futuro.
Desaprenderno es fácil, es duro, es sentirse desnudo y frágil al desprendernos de las viejas telarañas cognitivas y afectivas que nos han sostenido hasta ahora. Pero desaprender es la antesala del renacer, de un renacimiento personal, ver y sentir el mundo con otros ojos. Y nadie mejor que María Zambrano para hacérnoslo comprender: Nacer sin pasado, sin nada previo a qué referise, y poder entonces verlo todo, sentirlo como deben sentir la aurora las hojas que reciben el rocío; abrir los ojos a la luz sonriendo...
Hablando de desaprender, nada mejor que este vertiginoso monólogo de Goyo Jiménez sobre lo que nos queda por aprender de los americanos en cuestiones de sexo. Que lo disfruten.
"Los dedos corriendo sobre la hoja quebrada de cristal, la respiración sofocada de la ciudad... el exiguo cuerpo de las palabras donde olvido la voz..."
Sí, olvidar... Aunque, hasta para olvidar hay que saber qué merece la pena recordarse y qué es preferible borrar. Y no siempre acertamos. Frecuentemente, olvidamos lo que deberíamos haber conservado y mantenemos lo que nos entristece o hace daño. Incluso reconstruimos recuerdos que nunca existieron -malos o buenos- y abandonamos otros que fueron muy reales -felices o tristes-. La verdad es que somos torpes organismos de almacenamiento. No en vano somos frutos del azar de la evolución. Si no fuera así, ¿creen que muchos seguirían votando o apoyando a quienes les mienten, les matan o les roban? Cómo sobreviviríamos, si no, a tantas desgracias y tragedias. Cómo sobrevivirían, si no fuera así, los regímenes políticos basados en el olvido y en el miedo. El miedo. El miedo.
Pero se puede aprender a olvidar y, por tanto, se puede enseñar a olvidar. En cierto modo, olvidar es una forma más de aprender. Es un ingrediente interesante para una adecuada toma de decisiones. Pero no, eso tampoco está en el currículo escolar. Como todas las cosas importantes de la vida, cada uno las aprende como buenamente puede, o sea, mal, o sea equivocándose, dando traspiés: amar, tener amigos, disfrutar de relaciones sexuales, ser honestos, leales..., recordar, olvidar, tener coraje.
Y tampoco se suele aprender en la familia, mucho menos en las actuales, tan entretenidas en las redes, la búsqueda del ocio inmediato, el trabajo precario, la consecución del éxito que nunca llega... Saber lo que debemos olvidar y lo que no. Difícil tarea. Mimar aquellos recuerdos que debemos conservar y eliminar aquellos que no. Toda una vida para equivocarse y no terminar de aprender nunca, morir al cabo boquiabiertos y asombrados.
Al menos saber que lo más importante cuando se abandona la escuela, el instituto, la universidad... es empezar a desaprender la cantidad de imbecilidades y torpezas que nos obligaron -obligamos- a memorizar, a ejecutar, a asumir como si fueran parte de nuestra personalidad, cuando no eran más que pegotones de sucio barro, ahora resecos y malolientes. Olvidar lo aprendido. Claro que sí. Coraje, no miedo, es lo que hace falta para poder hacerlo... y renacer.
Tenemos todo un verano para reflexionar y, si es necesario, darle la vuelta a la tortilla de una vez por todas. Olvidar la escuela. Volver a aprender. Renacer. Y nada mejor que el humor para hacerlo. Aquí les dejamos con el gran Leo Harlem y un monólogo para reventar.
No hay nada más falaz y traicionero que la memoria humana. Por eso hubo necesidad, desde el principio de los tiempos, de registrar lo más fielmente posible los hechos que acontecían, para que no se olvidaran o cualquiera pudiera desvirtuarlos al ser transmitidos a las siguientes generaciones. Primero fueron los registros gráficos y orales y, más adelante, se añadieron los escritos o videográficos. Todos ellos son recursos imprescindibles para la reconstrucción objetiva y científica de cada momento histórico. Aún así, siempre existirán intentos -desde distintas instancias y poderes- de apropiarse de lo que se llama el "relato", esto es, de imponer una subjetiva y parcial visión de los hechos con el fin de sacar ventaja política, económica o social. Cuentos, mitologías, falsedades, que se introducen incluso en los libros de texto con enorme desvergüenza.
Paradójicamente, mientras hoy se defiende torticeramente la imposición por ley de una sesgada "memoria democrática", desdeñando los testimonios directos y las numerosas investigaciones históricas realizadas y publicadas a partir de la Guerra Civil (Hugh Thomas, Antony Beevor, Ángel Viñas, Jorge M. Reverte, Manuel Chaves Nogales, Arturo Barea, Manuel Azaña, etc...), se menosprecia la importancia de la memoria en la educación de los jóvenes.
Parece no distinguirse entre educación de la memoria y memorismo o enseñanza memorística. La memoria es una capacidad humana esencial, es un instrumento funcional que nos permite vivir a diario, reconocer a las personas y construir nuestra personalidad. El memorismo, por el contrario, es utilizar en la escuela dicha capacidad con escasa o nula utilidad. Memorizar por memorizar, esto es, para reproducir mecánicamente una información o un dato -la clásica lista de los reyes godos- pero sin haber aprendido nada significativo. Eso no tiene ningún sentido, es una pérdida de tiempo, sin duda.
Y tan importante como la memoria es la capacidad de olvidar, sintetizar o generalizar. El olvido también nos sirve para seguir viviendo. Recuerden, si no, el infierno que sufría el protagonista del cuento de Borges titulado "Funes el memorioso". Pero saber qué debe recordarse y qué debe olvidarse es uno de los aprendizajes humanos más comprometidos que debería formar parte de cualquier proceso educativo. Y no digamos de cualquier realidad política o social. Desconfíen, pues, y enseñen a desconfiar, de cualquiera que quiera implantar una determinada memoria, aunque la llamen democrática. Porque seguro que no será ni memoria ni democrática, sólo populismo barato.
Y es que hay momentos para recordar y momentos para olvidar. Si no, vean el siguiente vídeo de José Mota sobre nuestro insigne pintor Velázquez.
"A oscuras está el mundo, y escucha su porción: el sordo movimiento profundo de la mar; o su totalidad: el universo que finge en las alturas claras luces".
(Noche. Francisco Brines. Antología Poética. Ed. Alianza, 2020)
INCOMPETENCIA CULTURAL Y ARTÍSTICA
Con el fin de contribuir al derribo de la imbecilidad norteamericana de Halloween, así como acabar con las representaciones bobaliconas de calabazas y disfraces de zombies, propios de películas de terror de serie B, que se extienden por nuestro país, hablar de la muerte también supone ampliar nuestros conocimientos sobre las Artes y la Cultura en general. Por ejemplo, de cómo la pintura o la música, a lo largo de la historia, la han venido representando e interpretando. Ahí van algunas muestras nada bobaliconas.
Por votación realizada por los lectores de la página de JotDown, ésta de más abajo sería la pintura -por cierto, desaparecida, de ahí que sólo nos quede su fotografía- que mejor la representa: Cementerio de Monasterio en la nieve, de Caspar David Friedrich.
Y, en segundo lugar, Las Edades y la Muerte, de Hans Baldung, obra que puede admirarse en nuestro Museo del Prado:
Aunque, bien es verdad, hay otros muchos ejemplos que, a pesar de no ser los más votados en esta lista, podemos considerarlos como excelentes representaciones pictóricas de distintas formas de ver la Muerte. Ahí están, por ejemplo, Muerte y Vida de Gustav Klimt o La Muerte en un caballo pálido del grabador Gustavo Doré.
Por lo que respecta a la música, y haciendo referencia de nuevo a la votación realizada en la página de JotDown, la canción que mejor representaría a la muerte vendría de la mano del heavy metal -cómo no- concretamente del grupo Metallica, y sería su canción titulada Fade to Black (algo así como Fundido a Negro):
En segundo lugar estaría la canción de Eric Clapton "Tears in Heaven" (Lágrimas en el Cielo), compuesta a la memoria de su hijo fallecido a la edad de cuatro años:
También existen otras canciones que pueden resultarles atractivas, como la del grupo Queen, Another One Bites the Dust (algo así como Otro que Muerde el Polvo), o Frank Sinatra con su I´m Gonna Live Until I Die (Voy a vivir hasta que muera) haciendo bueno el aforismo del sacerdote jesuíta Xavier Albó de que "más vale morir viviendo que vivir muriendo".
Por lo que respecta a la representación de la muerte en la música clásica, que también tiene sus seguidores, podríamos destacar un conjunto de obras, entre las que destacaríamos aquí dos por los consabidos problemas de espacio: el motete de Cristóbal de Morales titulado Parce Mihi Domine (Perdóname Señor).
O también, la pieza In Paradisum, del Requiem de Gabriel Fauré,
Válgannos estos pocos ejemplos para contrarrestar la estupidización de la muerte representada por esas fiestas infantiloides que importamos de culturas, además, ajenas a la nuestra, sin tomarnos un minuto siquiera para pararnos a pensar y, a continuación, erradicarlas para siempre de nuestro repertorio de ocio y, de paso, de las escuelas e institutos de nuestro país. ¡Muerte a Halloween! y, de paso, también a la imbecilidad comercial norteamericana del Black Friday.
"Despedirme del mundo, con la dicha que suspende los ojos del amante, fuera gracia mayor que haber nacido".
(Por un incumplimiento del presagio. Francisco Brines. Antología poética. Ed. Alianza, 2020)
INCOMPETENCIA SOCIAL Y CIUDADANA
Es evidente, si han leído las entradas de este mes, que defendemos que debe hablarse con los niños y jóvenes acerca de la muerte, la muerte de los seres vivos, y su propia muerte. Y que, lejos de provocarles miedo o inseguridad, puede hacerse de manera honesta y positiva. Es conveniente saber que, ya desde los 2 y 3 años, los niños y niñas se preguntan acerca de la muerte con bastante naturalidad. Eso sí, lo que suelen ser menos naturales son las respuestas que reciben de los adultos o sus azorados silencios.
Ahora bien, ¿cómo deberíamos afrontar esta conversación con nuestros hijos, o con nuestros alumnos? Ahí está la clave. Aparte de las creencias -religiosas o no- de cada familia, es necesario aconsejar la intervención de los adultos desde un punto de vista psicopedagógico, con el fin de establecer, sin mentiras ni cataplasmas ni mitologías, una conversación adaptada a sus edades y a sus interrogantes.
En primer lugar, lo más fácil será partir de sus propias preguntas acerca de la muerte de los seres vivos y de su propia muerte, y que sean ellos mismos quienes orienten la conversación, guiando al adulto en sus posibles respuestas: escuchar sus explicaciones, sus miedos -si los tienen-, su posición personal ante un hecho incontrovertible del ciclo vital, sus dudas y su curiosidad. Es evidente que dichas preguntas estarán relacionadas con su edad y su experiencia vital, de ahí que antes de conversar debamos saber cuáles son sus características psicoevolutivas y el contexto socio-familiar.
En segundo lugar debe responderse siempre con sinceridad, incluso para contestar, a veces, que no lo sabemos todo. Si bien las familias pueden responder según sus propias creencias, no siempre las explicaciones sobre la existencia del más allá, del cielo que sea, son las más acertadas para despejar sus dudas o temores de acuerdo con su edad. En cualquier caso, en el ámbito escolar, máxime si hablamos de la educación pública, debe facilitarse una información, incluso sobre distintas creencias, lo más objetiva y honesta posible.
En tercer lugar, debemos tener en cuenta que, en la actualidad, cualquier niño o adolescente ha sido testigo de un número amplio de "muertes" simuladas, tanto en cine, como en cuentos, juegos virtuales o internet, por tanto, su visión sobre la muerte puede estar deformada por esta sobreexposición continuada, y en ocasiones, obscena, de la muerte, muchas veces acompañada de dosis intolerables de violencia. Por tanto, debemos estar preparados para separar lo imaginario de lo real, animando a una reflexión sobre este hecho cuanto más edad y expuesto se halle el joven. En este sentido, quizás la conversación -o la clase- gire más sobre la eliminación de concepciones erróneas presentes en los niños, o en evitar deformaciones de la realidad, que en añadir más información al respecto.
No hay mucho material didáctico interesante y disponible para esta tarea, pero algo hay. Por ejemplo, el elaborado por Pilar Feijoo y Ana Belén Pardo, publicado en la revista Tarbiya de la UAM, en 2017, titulado "Muerte y Educación", es más que recomendable. En cualquier caso, no se trata de sermonear, ni de vender humo, sino de trabajar en la práctica con materiales, concepciones y actividades que respondan a sus preguntas y amplíen, a su vez, su perspectiva personal con nueva información y nuevas preguntas.
Todos vamos a morir. La mayoría no sabemos ni cuándo. ¿Deberíamos engañar a nuestros hijos y alumnos y no contarles esta innegable verdad. ¿Deberíamos soslayarla y dejarla
en el limbo del conocimiento, no sea que los deprimamos, les causemos una tristeza infinita o se suiciden antes de lo previsto? ¿Hablar de la muerte convoca la tragedia humana o, por el contrario, ensalza y dignifica la vida?
Vivir hasta morir, ahí les dejamos una preciosa, emotiva y esperanzadora charla TED de Matías Najún, médico especialista en cuidados paliativos, que alumbra y acompaña los últimos momentos de sus pacientes. No se la pierdan.
"Hoy se apaga la tarde con lentitud, se acerca hasta el vacío; y el día que se acaba ha sido muy hermoso".
(Un aire en la terraza. Francisco Brines. Antología Poética. Alianza Ed., 2020)
INCOMPETENCIA CULTURAL Y ARTÍSTICA
No se trata de morir de risa. Eso es otra cosa. Se trata de saber que una de las cuestiones más difíciles de lograr es llegar a la muerte con cierto sentido del humor; negro, si Vds. quieren. Lo que parece todo un contrasentido en estos infantiloides tiempos. Pero no lo es si nos paramos a pensar en serio. Y no lo decimos porque los mejores chistes sean los que se cuentan en un velatorio o en un funeral, sino por lo que supone de madurez y aceptación, que el próximo fiambre mantenga el sentido del humor hasta el final. Tener una buena muerte, una muerte alegre, casi un oxímoron. Al menos, una "buena muerte", cuya mejor expresión es la que supieron tallar magistralmente los imagineros del barroco sevillano del s. XVII. Una muerte tranquila y en paz. Qué envidia poder morir así.
En la charla TED de la entrada anterior, Montse Esquerda nos contaba cómo algunos de sus estudiantes pensaban que lo más difícil para ellos sería mantener el sentido del humor hasta el final de la vida, porque, decían, la muerte es algo serio, no es para tomársela a broma, sobre todo la de uno mismo. Un pensamiento muy en consonancia con la visión de la muerte que tiene una sociedad que la arrincona, la oculta y la desprecia. Pero, claro, esto sólo es posible cuando se unen la aceptación de lo natural e inevitable con una sensación de llegar al final de la vida con los deberes hechos o, al menos, con los ojos abiertos, cada uno satisfecho de haber sido quién es y pudiendo despedirse de sus seres queridos, de sus objetos, de sus recuerdos.
Sin embargo, cuando nos hemos pasado toda la vida huyendo de la parca, negándola, sintiéndonos tontamente inmortales, no hemos tenido tiempo ni ganas para cerrar cuentas, para priorizar lo importante, para valorar lo que tenemos en vez de ansiar lo que no poseemos y, entonces, la muerte se nos anuncia como un castigo, como una maldición, siempre inoportuna, y, así, suele reaccionarse con ira, con desconcierto, sintiendo un sentimiento inmenso de pérdida. Incluso, en nuestra cultura, suelen ser los propios familiares los que tratan de engañar, si pueden, al condenado sobre su situación, impidiéndole -para siempre- el poder administrar su propia muerte, con su propia voz, impidiéndole la previsible despedida, la rendición de cuentas, acaso restituir el perdón pendiente... Y así se van de la vida por la puerta falsa, la de la ignorancia, la de la vergüenza, la del olvido.
Y es que, una vida plena, sólo lo es, cuando se sabe y se siente finita y esta cuestión es merecedora de enseñarse en las escuelas e institutos. Carpe Diem, (aprovecha el tiempo, no lo malgastes), con esta locución latina arengaba a sus alumnos el profesor John Keating en la conocida película "El Club de los Poetas Muertos", llevándolos a contemplar la vitrina de los trofeos deportivos del centro, donde la mayoría de los integrantes de los equipos ya estaban "criando malvas". Los situaba, el primer día de clase, frente a la finitud de la vida de los que fueron como ellos, antes que ellos; frente a una muerte cierta, su muerte, para animarlos, así, a vivir una vida plena, perseguir las metas personales y no tirarlas por la borda.
Quizás, además, una buena muerte, una muerte con sentido del humor acompañando la inevitable pena del adiós, tenga también que ver con la personalidad del que muere, de cómo entiende la vida, de cómo entiende su muerte, de cómo evalúa su existencia. Eso es lo les adjuntamos en los dos vídeos que les proponemos a continuación. En el primero, una chispa de humor negro, preparada para su funeral por el propio muerto, tras una larga y penosa enfermedad. En el segundo, una charla emotiva de Sebastián Corona sobre la muerte de su mujer María Vázquez. Dos ejemplos maravillosos de cómo entrar en la muerte con los ojos abiertos... y la sonrisa ancha. No se la pierdan.
Finalmente, les recordamos la escena de la película citada, El Club de los Poetas Muertos.
"¡Ay, que larga es esta vida! ¡Qué duros estos destierros, esta cárcel, estos hierros en que el alma está metida! Sólo esperar la salida me causa dolor tan fiero, que muero porque no muero".
Vivo sin vivir en mí.Santa Teresa de Jesús (1515-1582)
"Llegó con tres heridas: la del amor, la de la muerte, la de la vida".
(Cancionero y romancero de ausencias.Miguel Hernández. Obra Poética Completa. Ed. Zero, 1976)
INCOMPETENCIA SOCIAL Y CIUDADANA
No, no se trata de hablar de los asesinatos habituales cometidos por majaras armados en los centros educativos de EEUU, ni siquiera de la "muerte a pellizcos" que supone para muchos docentes "aguantar" -que no enseñar- en algunas aulas y a determinados jóvenes, por ejemplo, un viernes a última hora. No, se trata de algo más serio: se trata de explicarnos una desaparición. Sí, una desaparición, la de la Muerte en el currículo escolar. Es curioso que el hecho quizás más irrefutable de la existencia humana, -y, en general, de toda existencia vital- esto es, que todos, absolutamente todos los seres vivos de este mundo van a morir sin remedio en un horizonte temporal, indefinido para cada cual, pero generacionalmente limitado en nuestra especie a los 80-100 años como máximo, esta certeza inamovible, la más clara de nuestra existencia, esté, prácticamente, desaparecida en la Escuela. ¿No creemos necesario eso de "Educar para bien morir", ni tan siquiera "educar para afrontar la dolorosa o inesperada muerte de otros, ya sean animales domésticos, compañeros o familiares? Pues parece que no.
Y es que, con la Muerte en la Escuela, pasa algo así como con el Sexo y el Amor, cada uno se tiene que "buscar la vida" como puede. O bien, en un pase de magia magistral, se le suele endosar el marrón a las familias. Y estas, a su vez, suelen mirar para otro lado, balbucear cualquier tontería o callarse mientras pueden. En esta sociedad mojigata en la que vivimos, los temas humanos más trascendentales se declaran materia propia de autodidactas o se dejan en manos de iletrados sin título ni conocimientos: amigos, padres, familiares, redes sociales... Porque, en los centros educativos, los docentes han aprendido que "escurrir el bulto" en estos temas es garantía de supervivencia profesional y evitación de conflictos. Por eso, cuando surge una necesidad educativa y social de este naturaleza tan resbaladiza, se le suele asignar a los tutores u orientadores. Como si el resto del profesorado no tuviera nada que ver con el asunto. ¡Qué jeta tiene el personal! Así está el patio. Tuya-mía y la casa sin barrer.
Esto explica que existan muy pocas referencias explícitas en el currículo escolar y, aún menos, propuestas didácticas serias para afrontar pedagógicamente la Muerte en la Escuela. Y constituyen un porcentaje testimonial los docentes que las llevan a la práctica (menos del 10%). Pero, si les preguntamos a los interesados, a las familias, a la sociedad en su conjunto, sobre la necesidad de abordar de manera clara y serena estos temas en el currículo escolar, desde la educación infantil hasta la secundaria, seguro que pedirían que alguien les echara una mano. Eso sí, en estos temas, y también con respecto a la Muerte, topamos con las creencias religiosas y los estereotipos sociales. Pero no se trata de invadir campos ajenos o privados, sino de saber que la Educación -y sobre todo la educación pública- debe abordar con criterios psicopedagógicos la pérdida de cualquier vida, sea animal o humana, para ayudar al alumnado de cualquier edad a entenderla -lo que no es fácil- y a afrontarla sin miedo, a saber consolar y acompañar a los afligidos, a realizar el duelo necesario. Un abordaje psicopedagógico que dependerá, qué duda cabe, de la edad del niño o del adolescente, pero que debería ser insoslayable y complementario al que la familia tiene el deber/derecho de hacer con respecto a sus hijos.
¿Que es un asunto espinoso? Pues claro. ¿Y cuál de los grandes temas humanos no es espinoso? ¿Que requiere diálogo y acuerdo? Pues claro. ¿Y cuál no lo requiere? La Guerra, la Violencia, la Virtud, la Bondad, el Dolor, la Pobreza, la Salud, la Belleza, el Amor, la Maldad.. Si la Escuela elude su responsabilidad en estos temas, ¿de qué nos sirve? ¿De qué nos sirve un científico que "cosifica" la muerte de sus semejantes, o de los seres vivos? ¿Qué hacemos con un chaval que no distingue matar en un juego virtual de matar en la vida real? ¿Qué hacemos con el suicidio infantil y adolescente? ¿Qué hacemos con la eutanasia?
Por otra parte, la riqueza cultural -literaria, filosófica, ritual, histórica- ante la Muerte es enorme, ya que todas las sociedades humanas han tratado de responder durante siglos a las mismas preguntas esenciales. La Escuela, pues, en distintos niveles de aproximación, puede y debe darlas a conocer, como una forma de "abrir los ojos" ante lo que intentamos rechazar o negar. No se trata, pues, de ponernos tétricos en este noviembre preapocalíptico, sino de enfrentar la Vida y la Muerte sin miedos, con valentía, audacia y conocimiento.
Les dejamos con una breve charla de Montse Esquerda donde aborda cómo hablar de la muerte nos ayuda a vivir mejor: valorar el presente, el consuelo, el acompañamiento en el duelo, la escucha ante el dolor y la pena, cómo romper el círculo de la soledad, cómo afrontar el miedo, cómo tener esperanza...
"Gracias por recordarme, amiga, que no es sosegadamente como pasa la vida".
(Carta a Lidia sobre la poesía que se creyó perdida. Ana Luísa Amaral. What´s in a Name. Ed. Sexto Piso. 2020)
INCOMPETENCIA DE COMUNICACIÓN LINGÜÍSTICA
Un proyecto de normativa del Ministerio de Educación, como desarrollo de su LOMLOE, prevé que el alumnado con adaptaciones curriculares (ACI) significativas podrá obtener el título de la ESO, si ha alcanzado los objetivos propios de dicha ACI. Esto supone un cambio notable con respecto a legislaciones anteriores, incluso del propio PSOE (LOGSE y LOE, sin ir más lejos). ¿Estamos ante un nuevo globo sonda de esos que tanto le gustan al gobierno del Sr. Sánchez? ¿Es simplemente otra estupidez? ¿Supone este proyecto que, por ejemplo, un alumno con discapacidad intelectual moderada o severa puede obtener el Título de la ESO si alcanza los objetivos contemplados en su particular ACI aunque no sean los previstos para la finalización de la etapa? Si esto es así, según las noticias lanzadas en los medios de comunicación, las preguntas que nos hacemos son obvias: ¿en qué puede beneficiar a este alumnado la obtención de dicho "Título"?, ¿es sólo una cuestión de regalo decorativo?, y, sobre todo, ¿qué valor tendrá entonces el Título de la ESO? ¡Virgen Santa! ¿Estamos, de nuevo, ante otra propaganda barata o es pura demagogia educativa?
Vayamos por partes, como Jack el Destripador. En primer lugar, la existencia de un título al finalizar el primer tramo de la educación secundaria, y que podemos reconocer en todos los países de nuestro entorno, establece tanto un horizonte de objetivos, competencias y contenidos que han de ser adquiridos por el alumnado al finalizar la etapa, como una homologación y certificación ante la sociedad de que dichos aprendizajes básicos han sido alcanzados por dicha población estudiantil entre 12 y 16 años. Esta acreditación, a su vez, este título, permite que dicha población pueda continuar sus estudios en el segundo tramo de la educación secundaria, ya sea formación profesional o bachillerato, con visos de aprovechamiento y éxito. Incluso, si es el caso, de incoporarse a la vida laboral, presentando ante la sociedad una certificación de haber cursado y superado los aprendizajes básicos previstos en dicha etapa. Todo lo que no sea esto será un simple engaño, un engaño masivo.
En segundo lugar, el alumnado que presenta necesidades educativas específicas (NEE) y que es sujeto de una ACI significativa, esto es, que su currículo se aparta sensiblemente de los objetivos y competencias previstos en la etapa de la ESO para el resto del alumnado, es muy diverso. Con la legislación actual, un porcentaje de este tipo de alumnado, por ejemplo, aquellos que presentan discapacidad física o sensorial, pueden obtener el título de la ESO aunque se les adapte significativamente, o incluso se les suprima/n, alguna/s materia/s. Pongamos por caso un estudiante con parálisis cerebral y discapacidad motórica severa que, sin embargo, no afectan a su desarrollo cognitivo de manera significativa. Por tanto, si el nuevo proyecto de la ESO -como desarrollo de la LOMLOE- se propone establecer una mayor facilidad para la obtención del título de la ESO al alumnado con ACI significativa, es que se está contemplando que, por ejemplo, discapacitados psíquicos, moderados -o severos, por qué no- o alumnado con trastornos graves del comportamiento o del desarrollo, puedan obtenerlo sin referencia a los objetivos y competencias que se contemplan para el resto del alumnado de la etapa. ¿Qué sentido tendrá entonces la existencia de un Título de la ESO obtenido por alumnado con logros tan heterogéneos en relación a los aprendizajes previstos en la etapa? Porque, hay que recordar, que el Título de la ESO es ÚNICO, de acuerdo con la normativa vigente, y eso no lo ha cambiado la LOMLOE.
En tercer lugar, regalar el Título de la ESO a este alumnado no tiene nada que ver ni con la equidad educativa ni con una adecuada y digna atención a la diversidad. Una cosa es facilitar una enseñanza personalizada que cuente con los recursos adecuados, -y ya es mucho suponer que eso se esté produciendo actualmente en el sistema educativo español-, y otra muy diferente es poner la titulación al alcance de logros de aprendizaje tan variopintos. Por otro lado, resultará muy cruel regalar la titulación a este alumnado -recordemos: alumnado con ACI significativa no contemplado en la actual legislación para la obtención del Título de la ESO- para que, realmente, con dicha titulación, no pueda hacer como el resto del alumnado que lo obtiene por las vías ordinarias. ¿O es que le van a permitir matricularse en bachillerato o en la FP para que se estrelle? Eso no es atención a la diversidad, ni personalización de la enseñanza, eso es pura demagogia disfrazada de estúpida caridad, que ignora, a conciencia, la realidad personal y educativa de este tipo de alumnado. El alumnado NEE merece un respeto, y no necesita regalos de diplomas sino recursos y centros donde puedan recibir una enseñanza personalizada y digna que nunca llega. Pregunten a las familias de estos alumnos si están contentas con la atención que suelen recibir -siempre precaria y parcial- en las aulas de apoyo de los centros. Sobre todo a aquellas que siguen en lista de espera para que sean atendidos todo el tiempo necesario y por profesionales bien formados. Lo que hace el Proyecto del Ministerio es, cómo no, resolver de forma "barata", sin gastarse un duro, una aparente equidad educativa que sólo esconde desigualdad y abandono. Una intolerable frivolidad.
En cuarto lugar, esta posibilidad planteada en dicho proyecto de normativa, si se llevara a efecto, además de ser una estupidez propagandística más de este gobierno desnortado, tendría como consecuencia -desde luego no mejorar la naturaleza ni la realidad educativa de dicho alumnado- sino la de eliminar, de facto, la existencia del Título de la ESO como tal, pues ya no serviría ni como referencia común de los logros educativos de la población juvenil, ni como acreditación ante la sociedad o ante estudios posteriores. Verdaderamente, vamos a hablar claro, este alumnado -al que se le "regalaría" el título- no se beneficiaría en nada esencial. "Su" título tendría tan solo un valor decorativo y privado. En ese sentido, veríamos más coherente, y más valiente, establecer que la ESO no culminara con la obtención de título alguno -como ocurre con la Ed. Primaria, por ejemplo-, sino, simplemente, con una certificación de los aprendizajes realizados. En ese caso, podríamos estar de acuerdo, pero nos encontraríamos, acto seguido, con un problema nuevo y grave sin resolver que nos llevaría, como en un bucle, al mismo sitio de donde partimos. Porque, ¿cómo se accedería, entonces, a los estudios posteriores? Este acceso se tendría que regular de nuevo para todo el alumnado, pues el Título de la ESO, al ser único, y responder a realidades tan distintas, ya no serviría como "llave" de acceso; en ese caso, el título sólo serviría para ponerle un marco y colgarlo en el salón de la casa.
Como vemos, regalar el Título de la ESO a todos o a casi todos -y mira que ya en algunos centros y poblaciones, prácticamente, se está regalando-, como extensión de esa política "buenista" e igualitarista tan querida por la post-izquierda iletrada y adanista de este país, no es un ejercicio de equidad educativa sino de frivolidad con aquellos que más lo necesitan. Será, exactamente, como no dárselo a nadie, ya que no servirá como garantía, ni como referencia contrastada, que permita continuar estudios o acceder al mercado laboral. Y como la LOMLOE no ha modificado el acceso a dichas enseñanzas posteriores, la consecuencia inmediata de esta "caridad" mal entendida, de esta titulación devaluada, será que los primeros cursos de bachillerato o de FP se convertirán, aún más, en cursos inmanejables por la enorme heterogeneidad de aprendizajes que tendrá ante sí el profesorado; un profesorado que, además, estará obligado a ejecutar una "escabechina" selectiva para darle algún sentido al currículo de la secundaria superior. Cosas, ambas, difíciles de asumir en un tramo que cuenta tan sólo con dos cursos de duración, tanto en bachillerato como en FP, como hemos analizado en anteriores entradas de este blog.
Si este Proyecto del Ministerio llega a algún puerto se avecina un nuevo desastre. Otro. Como siempre hacen estos "ingenieros sociales" pseudosocialistas, tratan de resolver un problema para crear diez nuevos aún más graves. Unos "genios". Pero, ¿en qué momento de la historia abandonó la izquierda de este país la lucha por una educación pública de calidad, exigente con los aprendizajes y la formación del ciudadano, para convertirse en este "café para todos" aguado que no satisface a nadie? ¿Saben cuál será el futuro que nos deparará una educación secundaria devaluada y desprestigiada? Miren a EEUU, será resuelto por la dialéctica público-privada. La buena educación, prestigiada, personalizada y exigente, será sólo para los que se la puedan pagar. Los demás, clase media-baja, obrera y desfavorecidos sociales sólo recibirán el regalo pseudosocialista y pseudodemocrático de una educación entendida como mero entretenimiento,custodia y moratoria social de los más jóvenes. Eso sí, al final les darán un título con el que sólo podrán, con perdón, limpiarse el culo.
En el siguiente vídeo de José Mota vean cómo será la educación del futuro, visto el camino que llevamos. "En el futuro si eres capaz de bajarte un politono y mezclar un kalimocho te dan un título", dice un personaje del mismo. Sí, es para troncharse de risa.
"Música, música, música llenándole el cuerpo y el cabello trenzado de flores y serpientes, y una fuente de asombro polifónico manando de sus dedos".
(El exceso más perfecto. Ana Luísa Amaral. What´s in a Name. Ed. Poesía Sexto Piso, 2020)
INCOMPETENCIA DE AUTONOMÍA E INICIATIVA
Pareciera que todo el problema educativo español pivotara sobre el exiguo horario de la asignatura de religión -la que sea- en el currículo. De nuevo, como en un Día de la Marmotaeterno, seguimos atrapados en el tiempo. Ahora, el gobierno del PSOE y UP, anuncia -como desarrollo de su LOMLOE- que reducirá el número de horas de dicha materia. Pero, ojo, corrigiendo a la LOE socialista de ZP, no a la anterior LOMCE del Sr. Wert que era menos restrictiva y concedía mayor poder de decisión a las CCAA en la configuración de su propio currículo. ¡Qué desconcierto!
Pero el desatino no importa, lo que se persigue, realmente, es lanzar de nuevo a la sociedad un frente de confrontación que les sirva para marcar territorio progre, como hacen los perros meando por los árboles y las esquinas. Se trata de ensuciar la calle, nada más. Seguimos convencidos de que estos lumbreras creen que la mayoría somos idiotas. ¿Quieren un debate serio sobre el currículo escolar? ¡Venga! ¿Quieren un debate serio sobre la presencia de la religión en las escuelas e institutos? ¡Venga! Pero no sigan, por favor, con estas milongas estúpidas, con este postureo pseudoprogre.
Hoy, lo que tenemos claro, es que la presencia de la asignatura de Religión -la que sea- no es la causante del fracaso del sistema educativo español. El resto del currículo sí. ¿Quieren que hablemos de Religión y no del 98% restante de las enseñanzas? ¡Qué tontería! Lo hemos dicho aquí muchas veces: el currículo actual está obsoleto, anticuado, huele a rancio, está mal organizado, inflado, es impracticable, es centralista, cerrado y muy, muy aburrido. ¿Qué tiene que ver el horario de Religión con todo esto? Absolutamente nada.
Y sobre la presencia de la religión -la que sea- en las escuelas, ya está bien de estupideces. ¿No son un gobierno social-comunista? Pues, ea, que sigan el consejo de Rafael el Gallo: ¡esos cojones en Despeñaperros! Denuncien los Acuerdos con la Santa Sede, enfréntense con la enseñanza concertada de titularidad católica, convenzan a la sociedad española de su propuesta, renuncien a la historia pactista de sus antecesores del PSOE y saquen la religión fuera del sistema educativo español. Que quede definitivamente relegada a las iglesias, mezquitas y sinagogas de este país, como, por ejemplo, pasa en Francia -aunque no en muchos más países, por algo será. ¡Ese sí que sería un buen debate en el que nos gustaría participar y no el que cerró en falso la LODE socialista en 1985!
Y mientras eso no ocurra, ¡dejen de tratarnos como a imbéciles! Y, desde luego, no vamos a gastar ni un minuto de nuestro tiempo y de nuestras ganas de vivir en caer, otra vez, en estos inútiles debates que suelen lanzar estos políticos "payasos"que nos desgobiernan -y vaya nuestro respeto por los payasos profesionales que nos hacen reir- porque no nos hacen maldita la gracia. Y para ver la diferencia entre los payasos aficionados y los profesionales, ahí les dejamos con la chirigota del Vera Luque, Cumpleaños Infeliz SA. No se la pierdan.
"¿Pero cómo saber, sin la mirada, la hermosura del bosque, la grandeza del mar?"
(La sombra rasgada. Francisco Brines. Antología poética, pág. 123. Alianza Ed. 2020)
INCOMPETENCIA DE APRENDER A APRENDER
Siguiendo con las nuevas normas que (des)ordenarán la organización actual de la ESO y del Bachillerato, gracias a la LOMLOE, culminamos, en un lapso de treinta años, un viaje psicotrópico que va desde el antiguo BUP (Bachillerato Unificado y Polivalente) al actual BLUF (Bachillerato Laberíntico Universal y Fallido). Como decíamos en la entrada anterior, de un Bachillerato de cuatro años, con escasa opcionalidad -de ahí lo de unificado-, hemos pasado a uno de solo de dos años con la virtualidad de que en tan escaso tiempo se ofrece una macedonia de modalidades, opciones, materias y optativas que configuran itinerarios cada más complejos. Su comprensión solo está ya al alcance de personas iniciadas en la criptografía y la lectura de arcanos históricos. No parece tener sentido ninguno, acaso porque sea tan solo el resultado de una sucesión de ocurrencias que, lejos de resolver sus problemas estructurales, los agravan parche a parche, decreto a decreto.
En treinta años, de un bachillerato bastante comprensivo y escasa opcionalidad, hemos pasado a un rápido guirigay altamente diversificado que requiere, no de un profesional de la orientación, sino de un analista de sistemas caóticos para transitar por él. (Un inciso: cuanta mayor posibilidad de opciones, más necesaria es la orientación en una etapa, pero, ¡oh, sorpresa!, el bachillerato es la etapa educativa donde menos peso tiene la orientación y la tutoría). En fin, ¡toda una conquista de nuestros lunáticos políticos educativos! ¿Pero, hay algo que pueda empeorar aún más esta etapa educativa?
Incluso existen propuestas encubiertas para convertirlo en un bachillerato de tres años pero, he ahí la trampa, siempre que sea a costa del propio estudiante, al que se le permitiría reestructurar y dosificar sus muchas materias y sus posibilidades de repetición. Saldría así con 19 años en vez de con 18, alargando aún más la escolaridad no universitaria. Algo parecido a lo que está ocurriendo con los grados universitarios de cuatro cursos, -¡qué gran fiasco el famoso Plan Bolonia en España!- en los que muchos estudiantes, ante el aluvión de asignaturas semestrales por curso, no los culminan en 4 años sino en 5 ó 6 años. Un timo. Otro. (Del aumento de la moratoria social de los jóvenes hablaremos en otra entrada)
Ahora plantean la nueva ocurrencia de ampliar el número de modalidades creando un Bachillerato General que constituye, por sí solo, una enmienda a la totalidad de la esctructura LOGSE. Esto es, una vuelta a un bachillerato más comprensivo, más "unificado" y más "polivalente" -¿les suena?-. Vamos, un BUP resucitado, pero no como Jesucristo, sino como un muerto viviente que se aparece -cual fantasma- a las otras cuatro modalidades. Un desatino. Otro.
Las preguntas del millón vuelven a ser ¿dará tiempo a implantarse este bachillerato?, ¿cuánto durará?, ¿se darán cuenta alguna vez nuestros políticos de su estupidez? Mientras, les dejamos con un vídeo para reir, o para llorar, no lo sabemos.
"...quiero decir que dejes las palabras gastadas, bien lavadas, en el fondo quebrado de tu alma, y que, si pueden, canten".
(El vaso quebrado. Francisco Brines. Antología poética. Alianza Ed. 2020)
INCOMPETENCIA DE RAZONAMIENTO MATEMÁTICO
Se suele achacar el fracaso de la LOGSE de 1990 a un currículo menos exigente, a su mala financiación o a su desastrosa implantación. Pero se ha hablado -y escrito- bastante menos acerca del fiasco estructural que supuso su diseño. Y sorprende porque, curiosamente, ese fracaso se podía haber vaticinado desde antes de su promulgación, hace ya más de treinta años. Decimos esto, no porque queramos resucitar ahora viejos debates sino porque gran parte de lo que ocurre hoy en el sistema educativo español es consecuencia de un diseño fallido, hecho por incompetentes sobre un papel, que jugaron a experimentar con la educación y el futuro de este país.
Al haber nacido la LOGSE como una ley sectaria partidista -como todas las leyes educativas que, por desgracia, vinieron después- sin consenso alguno entre las principales fuerzas políticas, su debate se vio mediatizado por argumentarios en vez de por argumentos razonados basados en el conocimiento y la experiencia. Como tantas otras cosas, los políticos del PSOE de entonces se pasaron por el "forro" cualesquiera indicación que fuera en contra de sus "iluminadas" posiciones. Una de ellas, entre otras tantas, fue la relativa a la pésima y mal pensada nueva estructura de etapas educativas que la LOGSE instauró suprimiendo la anterior conformada por Preescolar-EGB-BUP.
Mucho se puede hablar del tema -por ejemplo, de la lamentable estructura en tres ciclos de la Ed. Primaria, a modo de una EGB miniaturizada, o de la jaula de grillos que supuso una ESO comprensiva de cuatro cursos- pero ahora nos vamos a centrar en la configuración de un Bachillerato LOGSE de solo 2 CURSOS de duración y cuatro modalidades de opción. Se pasó así de una enseñanza superior compuesta por un BUP+COU de CUATRO CURSOS con limitada opcionalidad -solo dos grandes opciones de ciencias o letras- a una etapa reducida a la MITAD -solo dos cursos- que, en la práctica, ha convertido al primero de ellos en una especie de "selectivo" (como media, entre un 20 a 25% del alumnado de 1º no pasa a 2º, y un tercio abandona la etapa después de cursar 1º) y al segundo y último curso en una especie de COU devaluado cuyo único fin es preparar la selectividad. De este modo, el Bachillerato perdió entidad como enseñanza superior, desdibujó su naturaleza y la esencia de una etapa que quedó convertida tan solo en un rápido canal de tránsito hacia el abandono, la universidad o la FP. (Dejamos para otra ocasión, además, el abultado porcentaje de fracaso escolar, abandono y repetición que sufre el alumnado en esta etapa educativa).
Estúpidamente, este Bachillerato post-obligatorio LOGSE se implantó en nuestro país careciendo de referente alguno con respecto a los sistemas educativos europeos -Francia, Alemania, Reino Unido...-. Otra "brillante ocurrencia" de nuestros políticos socialistas que apostaron más por el "café para todos" que por la "excelencia" que debiera presidir una etapa de enseñanza superior post-obligatoria.
Ahora, un nuevo parcheo de este Bachillerato se nos anuncia en la aplicación para este curso de la Ley Celaá, la LOMLOE, con el aumento de más modalidades y más opciones que no resuelven, sino que agravan y complican, el error de su diseño inicial reducido a dos cursos académicos. Y hay que recordar, que esta decisión errónea se tomó en 1990 a pesar de que durante la experimentación de la Reforma LOGSE, fueron muchas las voces que abogaron por una ESO organizada en TRES CURSOS y un Bachillerato de TRES CURSOS también, que mantuviera, así, la entidad de la enseñanza superior post-obligatoria. El supuesto "problema" que entonces se esgrimió para negar esta estructura (3+3) en vez de la (4+2) -que finalmente se adoptó- fue qué hacer con el alumnado que terminase la ESO con 15 años, uno menos de la escolarización obligatoria hasta los 16. Un "problema" que podría haberse solucionado fácilmente en la práctica -como se hace en otros países- obligando a continuar estudios, al menos un año más, bien en el Bachillerato, bien en la FP, a aquellos alumnos que nunca hubieran repetido anteriormente -de ahí sus 15 años-, lo que constituía, de por sí, un problema residual que se "solucionó" perjudicando a todo el mundo.
En fin, la LOGSE implantó una estructura de la enseñanza secundaria que, al poco, se demostró como el gran fiasco que se veía venir desde sus inicios y que, ninguna ley educativa posterior siquiera propuso corregir. Siempre enredados, rojos y azules, galgos y podencos, en estúpidos debates -ciudadanía, religión, horarios, asignaturas, modalidades..- en vez de proponer seriamente resolver los verdaderos problemas que tiene nuestro sistema educativo. Uno de ellos: el diseño fallido de la estructura de la enseñanza secundaria, tanto la obligatoria -ESO- como la post-obligatoria - Bachillerato y FP de Grado Superior-.
Ocho leyes educativas, ocho, llevan parcheando un sistema educativo que nació ya tarado y que mantiene porcentajes intolerables de fracaso y abandono escolar. Lo que se necesita, desde luego, no son más parches, cataplasmas u ocurrencias, sino, a la vista de los años transcurridos y los fracasos obtenidos, reconocer que no ha funcionado y replantear el diseño inicial contando con las aportaciones, no solo de los militantes de cada partido, sino de toda la sociedad civil y profesional relacionada o preocupada por la Educación. Mientras esto no ocurra, mientras no haya un replanteamiento serio y consensuado de la estructura de nuestro sistema educativo estaremos intentando tan solo resucitar a un muerto, como ocurre en el siguiente sketch de José Mota. Humor negro es lo único que nos queda. ¡Qué le vamos a hacer!
¡Ni torturando los datos las pruebas andaluzas de evaluación de diagnóstico salen bien! Mira que se gastan dinero en ellas y en mantener a la inútil Agencia Andaluza de Evaluación Educativa (AGAEVE), pero deben andar escasos de personal o de razonamiento matemático porque han tardado ocho mesesen publicar los resultados del curso pasado, tarde y mal. Y, como no, vuelven a ser pésimos. Deben andar ya más que arrepentidos del invento porque no les sirve ni para sacar buenas portadas en los medios de comunicación, que es esencialmente para lo que querían las pruebas (de ahí que publiquen los datos el mismo día en que el presidente Griñán anuncia la convocatoria de elecciones del 25 de marzo, para que pasen lo más desapercibido posible. ¿Será que las convoca como consecuencia de lo malos que son, o será por el nuevo y aún más escabroso capítulo del escándalo de los ERE´s? No sabemos, pero sospechamos que por los datos de la evaluación no será.
Eso sí, mientras tanto, los andaluces seguimos pagando esta estupidez de evaluación curso tras curso. Su inutilidad ya la hemos puesto de manifiesto en varias entradas de este blog: son caras, están mal diseñadas y mal aplicadas, con errores de bulto que cuestionan claramente sus resultados y no son aceptadas por la mayoría del profesorado, que no se las cree... pero, aún así, siguen emperrados en la vieja consigna de sostenella y no enmedalla. ¿Qué pensarán ahora de los millones de euros -regalados- que, además, se están gastando en el mal llamado Plan de Calidad (propina de 7.000 € a cada profesor/a) con el fin de maquillar los datos? ¿Seguirán pensando que es una inversión rentable a pesar de la evidencia?
La Incompetencia Matemática reina en Torretriana. No sólo no controlan los millones de euros que, nadie sabe cómo -que se lo pregunten a Griñán que sólo pasaba por allí- van a parar a subvenciones de empresas fantasma, juergas diversas y pensiones de amiguetes-jubilados que nunca han trabajado, sino que tampoco controlan los que dilapidan en estupideces como esta de las pruebas de diagnóstico. De diagnóstico de un sistema educativo andaluz que, como siga esta gente, ya no necesitará de más diagnósticos sino de exámenes forenses. Cuando un médico no sabe diagnosticar lo mejor es buscarse otro, otro médico, porque lo que requiere el sistema educativo son remedios cuanto antes, no curanderos de pega.
Siguiendo con nuestro compromiso de dar ideas para abaratar costes educativos, proponemos a continuación que sea el humorista andaluz Manu el que imparta la materia de Geografía e Historia en los institutos por videoconferencia. Además, pueden instalarse sus pizarras en los portátiles de los estudiantes que tan amablemente les ha regalado la Consejería con nuestro dinero. Esto sí que son pizarras digitales y no las que mandan a los centros educativos. Eso sí, sólo apto para andaluces, de esta forma seguiremos siendo los últimos en las pruebas de evaluación, pero los primeros en pasárselo en grande -aunque no nos financien la cocaína. ¡Qué le vamos a hacer!
En un muy corto espacio de tiempo -apenas un mes- hemos pasado del irredento optimismo adanista zapateril a las pésimas previsiones que para el año que acaba de nacer lanzan los augures de la cosa pública. Enfrentamos, así, sin habernos podido acostumbrar aún, un 2012 cargado de malos presagios: más recortes en derechos sociales y laborales, aumento de la desigualdad económica, escasez de empleo y la ruina del estado del bienestar que todos veníamos disfrutando sin pensar que podía derrumbarse -y precisamente sobre nosotros. Nos habíamos acostumbrados a que las cosas siempre les pasaban a otros y no fuimos capaces de remojarnos las barbas cuando las veíamos afeitar en las caras de los vecinos.
Encaramos, pues, unos tiempos muy malos para la poesía, pero como este blog jamás ha sido pesimista, pese a los incompetentes que florecen por doquier, queremos contrarrestar precisamente con poesía esta lamentable situación a la que nos han arrastrado un nutrido grupo de inútiles -españoles y andaluces- sostenidos, eso sí, por una ciudadanía embobada cuya mirada no lograba despegarse de su propio ombligo.
Seamos optimistas con datos -aunque algunos digan que es otra forma más de ser pesimistas- para que, a la vez que seguimos con el compromiso de meter el dedo en el ojo del incompetente público, aprovechemos el discurso de la crisis para destacar lo importante de lo superfluo, tras unos tiempos que se han regido justo por lo contrario, por una política educativa espectáculo, errática, irresponsable, frívola y sin sustancia: postmoderna que dirían algunos, si no fuera por el coraje que da poner nombres a lo que vivimos llanamente como la gran putada -con perdón- que se venía venir y casi nadie quiso ver.
No sabemos cómo se nos va a dar el año definitivamente, pero tenemos la esperanza de que, al menos, no nos hagan perder el sentido del humor, aunque sea negro, ni la incansable búsqueda de la belleza y la verdad. A continuación les dejamos con un claustro de profesores cuyo director afronta con seriedad los nuevos recortes en la educación pública. Es una broma, pero lo que no sabe el personal es la parte de verdad que contiene en realidad. ¡Buen año para todos!