Incapacidad manifiesta de realizar determinadas acciones que se supone deben haberse adquirido para desarrollar un determinado trabajo o, en este blog, una acertada política educativa en Andalucía y España. Consisten en una rara mezcla de ignorancia, torpeza, inoperancia, frivolidad, prepotencia y algunas dosis de clara idiotez.
Hoy no vamos a contarles nada. Sólo vamos a rogarles que dediquen quince minutos a ver el siguiente vídeo donde el cantante y compositor uruguayo Jorge Drexler imparte una charla TED sobre "Poesía, Música e Identidad". Si después de verlo entienden el poder que tienen las artes en el alma humana y, en consecuencia, el papel crucial que pueden jugar en la educación de las nuevas generaciones es que no todo está perdido. Que lo disfruten.
Si, además, han notado que la "transversalidad" curricular es una estupidez porque toda buena enseñanza es complejaper se, entonces, entenderán también lo erróneo del discurso simplista que nos quieren vender de las "instrumentales" como garantía del éxito educativo. Son, justamente, esas áreas instrumentales las que deberían ser "transversales" a un currículo organizado por áreas temáticas en la enseñanza obligatoria, y no al revés. Porque la mejor forma de aprender a usar un martillo -instrumento- es utilizarlo para construir algo que nos desafíe o para resolver un problema que se nos presente, y si es en equipo, mejor. Pues eso.
Estos días escala la desgracia -pandemia, crisis energética, guerra, gobierno incapaz- hasta cotas desconocidas desde hace décadas, como si Pandora hubiera abierto, de nuevo, la maldita caja. De ella escaparon todos los males del mundo menos el único bien que allí encerraron los dioses: la esperanza. Y ella nos es más necesaria que nunca en estos momentos de tribulación. Mientras tanto, nuestros imbéciles ilustres -que no ilustrados- continúan enzarzados en estupideces curriculares: el gobierno del País Vasco va a escolarizar totalmente en euskera (¡) a los niños ucranianos, algo que podría ser denunciado ante UNICEF como maltrato infantil; se suprimen las calificaciones numéricas en Primaria -otra vez-, como si eso cambiara algo; se incluirá como contenido de Educacíón Física aprender a montar en bici, y lo malo es que, por primera vez en la historia, algunos la suspenderán por eso, pobrecitos... En fin, el caudal de ocurrencias y frivolidades es inagotable, solo tienen que bucear cinco minutos en Google.
Por todo ello, más todo lo que llevamos arrastrado desde hace años -8 leyes 8-, tenemos que renunciar a la sensata demanda de un Pacto por la Educación consensuado por la mayoría de las fuerzas políticas de nuestro país. Tenemos que reconocer que con estos mimbres es imposible hacer ningún cesto que sostenga nada sólido. La colección de políticos incompetentes en el ámbito educativo es de tal magnitud que cualquier pacto que saliera de ese cónclave de insensatos sería una necedad.
Descartado, pues, un Pacto político por la Educación, solo nos queda imaginar un Pacto Social por la Educación que deje fuera a este colectivo de majaras ignorantes. Así que nada de pacto político porque por ahí no vamos a ningún sitio. Pacto social. La Educación es algo muy serio como para dejarla en manos de estos personajes de tebeo. ¿Cómo se podría hacer? Ni idea, la verdad. Habría que articular otros cauces de participación alejados de -y no contaminados por- los circuitos políticos y eso solo se puede acometer en el seno de una sociedad civil bien organizada y motivada. Así que, nos tememos que aún estamos muy lejos de ello pero, desde luego, no más lejos de lo que estamos de un pacto educativo firmado por nuestros políticos que merezca la pena. Quizás, solo una desgracia más que colme el vaso de la historia reciente pudiera movilizar a una ciudadanía adormecida que entrega su voto -sin apenas reflexión- a unas listas cerradas de candidatos que tampoco ayudan mucho a elegir, la verdad.
Los optimistas argumentarán que siempre nos quedará la esperanza, pero olvidan, como hacemos los optimistas informados, que la esperanza sigue encerrada en la caja, y que solo Pandora puede abrirla. ¡Pandoraaaaaa!
Ahora bien, para no caer en el desánimo, hemos de reconocer que también lo puede hacer con música el compositor estepeño Jesus Joaquín Espinosa de los Monteros -no confundir con el representante de VOX-. Les dejamos con esta delicia cuaresmal de la marcha "Siempre la Esperanza" en la versión para cuerdas que grabó Esencia Flamenca justo antes del confinamiento del 14 de marzo de 2020 y que nos ha acompañado durante toda la pandemia. Que la disfruten.
"A oscuras está el mundo, y escucha su porción: el sordo movimiento profundo de la mar; o su totalidad: el universo que finge en las alturas claras luces".
(Noche. Francisco Brines. Antología Poética. Ed. Alianza, 2020)
INCOMPETENCIA CULTURAL Y ARTÍSTICA
Con el fin de contribuir al derribo de la imbecilidad norteamericana de Halloween, así como acabar con las representaciones bobaliconas de calabazas y disfraces de zombies, propios de películas de terror de serie B, que se extienden por nuestro país, hablar de la muerte también supone ampliar nuestros conocimientos sobre las Artes y la Cultura en general. Por ejemplo, de cómo la pintura o la música, a lo largo de la historia, la han venido representando e interpretando. Ahí van algunas muestras nada bobaliconas.
Por votación realizada por los lectores de la página de JotDown, ésta de más abajo sería la pintura -por cierto, desaparecida, de ahí que sólo nos quede su fotografía- que mejor la representa: Cementerio de Monasterio en la nieve, de Caspar David Friedrich.
Y, en segundo lugar, Las Edades y la Muerte, de Hans Baldung, obra que puede admirarse en nuestro Museo del Prado:
Aunque, bien es verdad, hay otros muchos ejemplos que, a pesar de no ser los más votados en esta lista, podemos considerarlos como excelentes representaciones pictóricas de distintas formas de ver la Muerte. Ahí están, por ejemplo, Muerte y Vida de Gustav Klimt o La Muerte en un caballo pálido del grabador Gustavo Doré.
Por lo que respecta a la música, y haciendo referencia de nuevo a la votación realizada en la página de JotDown, la canción que mejor representaría a la muerte vendría de la mano del heavy metal -cómo no- concretamente del grupo Metallica, y sería su canción titulada Fade to Black (algo así como Fundido a Negro):
En segundo lugar estaría la canción de Eric Clapton "Tears in Heaven" (Lágrimas en el Cielo), compuesta a la memoria de su hijo fallecido a la edad de cuatro años:
También existen otras canciones que pueden resultarles atractivas, como la del grupo Queen, Another One Bites the Dust (algo así como Otro que Muerde el Polvo), o Frank Sinatra con su I´m Gonna Live Until I Die (Voy a vivir hasta que muera) haciendo bueno el aforismo del sacerdote jesuíta Xavier Albó de que "más vale morir viviendo que vivir muriendo".
Por lo que respecta a la representación de la muerte en la música clásica, que también tiene sus seguidores, podríamos destacar un conjunto de obras, entre las que destacaríamos aquí dos por los consabidos problemas de espacio: el motete de Cristóbal de Morales titulado Parce Mihi Domine (Perdóname Señor).
O también, la pieza In Paradisum, del Requiem de Gabriel Fauré,
Válgannos estos pocos ejemplos para contrarrestar la estupidización de la muerte representada por esas fiestas infantiloides que importamos de culturas, además, ajenas a la nuestra, sin tomarnos un minuto siquiera para pararnos a pensar y, a continuación, erradicarlas para siempre de nuestro repertorio de ocio y, de paso, de las escuelas e institutos de nuestro país. ¡Muerte a Halloween! y, de paso, también a la imbecilidad comercial norteamericana del Black Friday.