INCOMPETENCIA DE APRENDER A APRENDER
Incapacidad manifiesta de realizar determinadas acciones que se supone deben haberse adquirido para desarrollar un determinado trabajo o, en este blog, una acertada política educativa en Andalucía y España. Consisten en una rara mezcla de ignorancia, torpeza, inoperancia, frivolidad, prepotencia y algunas dosis de clara idiotez.
INCOMPETENCIA DE APRENDER A APRENDER
INCOMPETENCIA DE RAZONAMIENTO MATEMÁTICO
Estamos en plena semana de sesiones de evaluación. El profesorado, ya muy cansado al final del trimestre, encara con resignación lo que serán las agotadoras reuniones de equipos docentes para evaluar y calificar al alumnado. En la mayoría de los centros serán presenciales de nuevo. Se acabó vestir el pijama por debajo de la mesa ante la pantalla del ordenador, o el vaso de kubata al lado para hacerlas más llevaderas. Ni siquiera nos van a dejar esa maravillosa "secuela" de la pandemia que ha supuesto la tele-evaluación o los tele-claustros, y así no tener que desplazarse al centro escolar, ni estar con los colegas evitando discutir o mandar a la m*erda a más de uno o una. Total, para lo que sirven. En fin, ni siquiera nos quedará París. Volvemos a la vieja normalidad de las sesiones maratonianas y cansinas. Cada uno contando una batallita, un cotilleo de tal o cual alumno, una maldad del equipo directivo para, cuando me toque, revisar y cantar las notas. ¡Qué poco edificantes son la mayoría de estas sesiones supuestamente convocadas para compartir una valoración ajustada de los aprendizajes del alumnado! ¡Di cuáles son tus notas y vámonos que nos vamos!
Y si éramos pocos, parió la abuela, como diría el castizo. Viene la LOMLOE y, en vez de resolver algunos de los problemas existentes, nos enfanga a todos con la imposición de un sistema demencial de evaluación cuyo único objetivo es aumentar como sea los porcentajes de aprobados. Si ya era complejo -y prácticamente ilusorio- evaluar por competencias -cuando nadie trabaja un currículo por competencias-, ahora se nos suman otros parámetros que sólo los feligreses y los conversos consideran muy atinados pero que la mayoría de los docentes ni entienden ni quieren entender. Llueve sobre mojado. Son muchas leyes en pocos años las que han tratado de modificar la forma de evaluar y calificar al alumnado, ninguna con éxito porque el currículo sigue siendo prácticamente el mismo -salvo retoques decorativos de cara a la parroquia- y en la cabeza de cada docente sigue funcionando la clásica evaluación de conocimientos, mucho más clara y compartida por la comunidad educativa que cualquiera otra inventada desde arriba por los "expertos".
Ahí los quisiéramos ver, a los expertos nos referimos, enfrascados durante más de tres meses con varios grupos de alumnos, lidiando con ellos y con sus familias a diario, para después evaluarlos y calificarlos de acuerdo a un sistema dibujado por un iluminado en la mesa de un despacho universitario o del ministerio. Es como para partirse de risa. O como resolver un problema complejo con el cerebro de un pistacho. Imposible. Así que los docentes harán lo que ya saben, se aprenderán el nuevo vocabulario impuesto por la LOMLOE y adaptarán su forma de evaluar a la nueva nomenclatura. Y ¡santas pascuas! ¡no me líes, no me líes que ya están aquí las vacaciones! Y, aunque parezca mentira, es la posición más lúcida que se puede tener ante la idiotez. Porque no se puede discutir con un estúpido, hay que evitarlo. A los idiotas no se les convence porque no siguen ningún razonamiento lógico, sólo consignas y argumentarios. Son de pensamiento simple, voceros de cada párroco por turnos. Ellos creen que están salvados por obedecer, por tener una fe ciega. Ignoran que sólo son carne de cañón. Así que dejémosles tranquilos en su particular "nirvana" sea cual sea la "gloria" que les prometen. Y nosotros a lo nuestro. A aplicar el sentido común y tratar de que no nos roben nuestra responsabilidad a la hora de valorar los aprendizajes de nuestros alumnos. Es lo único que aún nos queda, nuestra dignidad profesional. Sin ella, sin ese amor propio, estará todo perdido.
Aquí les dejamos una sonrisa para acabar el año 2022. Una comparativa humorística de la evaluación hasta nuestros días. Que lo disfruten, que tengan unas felices fiestas y un feliz año nuevo. ¡Ay, dios, llévame pronto!
INCOMPETENCIA DIGITAL
En plena controversia por la próxima aprobación de siete "universidades online" en Andalucía -la primera de ellas, casualmente, la que fuera fundada antaño por el consejero Sr. Imbroda (pongan aquí emoticono de carita de sorpresa)-, merece la pena detenernos a rogar que, por favor, no sean sólo siete, sino que ¡todas las universidades andaluzas sean online! Al menos, así se les ahorraría a los estudiantes universitarios tener que perder la mayor parte de su tiempo asistiendo a clases inútiles, con profesorado incompetente, o ausente, o inconsistente, o soporífero. Se habla poco de la bajísima calidad de la enseñanza universitaria que se ofrece en la mayoría de los grados o titulaciones que se imparten en Andalucía, especialmente las correspondientes a las ramas de humanidades y educativas. Por lo visto, es un tema tabú, pero, desgraciadamente, es la palmaria realidad que vive, a diario, cualquier estudiante.
Gracias al cortijerío socialista andaluz, durante más de treinta años se fundaron univesidades públicas en todas las provincias para que cada feudo de poder territorial tuviera su "macetita" universitaria. Cosa decorativa, sobre todo. Otro cantar fue con qué titulaciones se abrieron y qué profesorado se contrató para ello, vista la nefasta endogamia y enchufismo que aún las caracteriza. Eso sí, a la creación de estas universidades de saldo le llamaron "democratización" de la enseñanza superior, cuando su nombre real era el de degradación de los estudios superiores. Trataban, parece ser, de que todo hijo de vecino pudiera obtener un titulito de lo que fuera -qué más daba- aunque sólo le sirviera para ponerlo en un marco y colgarlo encima del televisor. Crearon así la universidad popular del "entretenimiento" -o del aburrimiento. ¿Exageramos? Vean.
En el último ranking mundial publicado, la mejor posicionada es la universidad de Granada ocupando el puesto 224, seguida de la de Sevilla en el puesto 297, y la de Málaga -bastante alejada de ambas- en el puesto 458. Estas tres grandes universidades andaluzas, las más reconocidas y antiguas, tampoco es que estén en un nivel de excelencia como para tirar cohetes, teniendo en cuenta que pertenecemos al primer mundo, pero algo es algo. Ahora bien, la siguiente, que es la de Córdoba, se va a la posición 702, la de Cádiz al puesto 823, la de Jaén al 914, la Pablo de Olavide está en el 976, Almería en el 988 y, finalmente, la universidad de Huelva ocupa el puesto 2.204. Y, menos mal, porque se trata de una valoración global de cada universidad, porque si se puntuara la calidad de muchas de las titulaciones que imparten, se saldrían del listado o, directamente, ni aparecerían.
Este desastre es consecuencia directa de la política igualitarista de los "cortijeros" de izquierda que gobernaron Andalucía durante décadas y en la que apostaron por la cantidad en vez de por la calidad. "Mushas universidades anden o no anden", parecieron pensar -incluidas las Internacionales, que no se nos olviden, por dios- y, henos aquí que hoy disfrutamos (?) de unas instituciones públicas de mantenimiento carísimo que sostenemos todos con nuestros impuestos, pero que ofrecen en el 80 % titulaciones de escasa calidad y menor proyección laboral. Esta ha sido la equivocada estrategia que, unida a la fraudulenta aplicación de la reforma impulsada por el Plan Bolonia ha convertido a la enseñanza pública universitaria en Andalucía en una "burbuja" -pero no de jabón, sino de pestilente provincianismo- que crecerá y crecerá consumiento recursos hasta que, finalmente, explote y esparza su estupidez sobre la ruina que quede. Justo lo contrario de lo que debería ser una enseñanza y una investigación públicas que persiguieran la excelencia y no el electoralismo y el capitalismo más pueril.
De este modo, cuando la calidad de "lo público" se deteriora o devalúa por causa de una hidrocefalia megalómana y ciega, la tensión de la oferta pública-privada inclina la balanza hacia la privada, de tal forma que, aquellos estudiantes y familias que pueden pagársela se encontrarán mejor posicionados que los procedentes de las universidades públicas para acceder cualificados al mercado laboral. Así se cierra el círculo de la estupidez de la política implantada, esto es, de cómo queriendo vender que los hijos e hijas de clases obreras y medias pudieran acceder mayoritariamente a los estudios universitarios se consigue que, con titulito y todo, sigan estando en desventaja con respecto a los de siempre. ¡Fueron unos "portentos" estos socialistas de la izquierda cortijera andaluza!
Y ya que estamos en esta disyuntiva histórica, justo cuando los cortijeros aún se lamen las heridas por haber perdido el poder y el reparto de prebendas, ¿por qué no hacer que todas las universidades andaluzas sean online y no sólo la del Sr. consejero? Como nadie está dispuesto a meterles mano, como nadie está dispuesto a cerrar unas pocas para quedarse con aquellas que merezcan la pena mantener, como nadie está dispuesto a echar a tantos paniaguados y a tantos parientes y amantes y parejas y tríos que entraron a impartir clases sin tener ni idea, como nadie está dispuesto a cerrar grados y dobles grados y triples grados y grados bilingües y trilingües, y máster del universo que no sirven absolutamente para nada -como el del Profesorado de Secundaria, por ejemplo- las universidades online, al menos, costarían mucho menos al erario público, entretendrían mucho mejor a los estudiantes que, incluso, podrían simultanear los estudios con algún trabajo remunerado, se podrían financiar insertando publicidad entre clase y clase, clases y tutorías podrían abaratarse subcontratando a teleoperadores sudamericanos -aunque siguieran siendo elegidos entre amiguetes y parientes- y, con todo, creemos que, aún así, tendrían más posibilidades que ahora de escalar algún que otro puesto en el ranking mundial. Total, para lo que sirven.
Para terminar, y a falta desde 1978 de acometer una verdadera reforma de la enseñanza universitaria en nuestro país, si lo que queremos es empobrecerla aún más, sin duda, lo mejor es hacerlo a través de pantallitas -a las que ya está acostumbrada la juventud- ya que los estudiantes andaluces seguirán teniendo que limpiarse el culo con el título -eso sí, online- que les den y pasar a engrosar las listas del paro juvenil (47 %, el más alto de España después de Canarias). Al fin y a la postre, en Andalucía, Bolonia sólo nos suena bien por ser una playa preciosa. Con eso nos quedamos.
Les dejamos con otra chirigota callejera de Cádiz, los Universitati Guatiforum, que les van a dar unas clases magistrales de mayor calidad que en algunas universidades andaluzas, que ya es decir.
"Gracias por recordarme, amiga, que no es sosegadamente como pasa la vida".
(Carta a Lidia sobre la poesía que se creyó perdida. Ana Luísa Amaral. What´s in a Name. Ed. Sexto Piso. 2020)
INCOMPETENCIA DE COMUNICACIÓN LINGÜÍSTICA
Un proyecto de normativa del Ministerio de Educación, como desarrollo de su LOMLOE, prevé que el alumnado con adaptaciones curriculares (ACI) significativas podrá obtener el título de la ESO, si ha alcanzado los objetivos propios de dicha ACI. Esto supone un cambio notable con respecto a legislaciones anteriores, incluso del propio PSOE (LOGSE y LOE, sin ir más lejos). ¿Estamos ante un nuevo globo sonda de esos que tanto le gustan al gobierno del Sr. Sánchez? ¿Es simplemente otra estupidez? ¿Supone este proyecto que, por ejemplo, un alumno con discapacidad intelectual moderada o severa puede obtener el Título de la ESO si alcanza los objetivos contemplados en su particular ACI aunque no sean los previstos para la finalización de la etapa? Si esto es así, según las noticias lanzadas en los medios de comunicación, las preguntas que nos hacemos son obvias: ¿en qué puede beneficiar a este alumnado la obtención de dicho "Título"?, ¿es sólo una cuestión de regalo decorativo?, y, sobre todo, ¿qué valor tendrá entonces el Título de la ESO? ¡Virgen Santa! ¿Estamos, de nuevo, ante otra propaganda barata o es pura demagogia educativa?
Vayamos por partes, como Jack el Destripador. En primer lugar, la existencia de un título al finalizar el primer tramo de la educación secundaria, y que podemos reconocer en todos los países de nuestro entorno, establece tanto un horizonte de objetivos, competencias y contenidos que han de ser adquiridos por el alumnado al finalizar la etapa, como una homologación y certificación ante la sociedad de que dichos aprendizajes básicos han sido alcanzados por dicha población estudiantil entre 12 y 16 años. Esta acreditación, a su vez, este título, permite que dicha población pueda continuar sus estudios en el segundo tramo de la educación secundaria, ya sea formación profesional o bachillerato, con visos de aprovechamiento y éxito. Incluso, si es el caso, de incoporarse a la vida laboral, presentando ante la sociedad una certificación de haber cursado y superado los aprendizajes básicos previstos en dicha etapa. Todo lo que no sea esto será un simple engaño, un engaño masivo.
En segundo lugar, el alumnado que presenta necesidades educativas específicas (NEE) y que es sujeto de una ACI significativa, esto es, que su currículo se aparta sensiblemente de los objetivos y competencias previstos en la etapa de la ESO para el resto del alumnado, es muy diverso. Con la legislación actual, un porcentaje de este tipo de alumnado, por ejemplo, aquellos que presentan discapacidad física o sensorial, pueden obtener el título de la ESO aunque se les adapte significativamente, o incluso se les suprima/n, alguna/s materia/s. Pongamos por caso un estudiante con parálisis cerebral y discapacidad motórica severa que, sin embargo, no afectan a su desarrollo cognitivo de manera significativa. Por tanto, si el nuevo proyecto de la ESO -como desarrollo de la LOMLOE- se propone establecer una mayor facilidad para la obtención del título de la ESO al alumnado con ACI significativa, es que se está contemplando que, por ejemplo, discapacitados psíquicos, moderados -o severos, por qué no- o alumnado con trastornos graves del comportamiento o del desarrollo, puedan obtenerlo sin referencia a los objetivos y competencias que se contemplan para el resto del alumnado de la etapa. ¿Qué sentido tendrá entonces la existencia de un Título de la ESO obtenido por alumnado con logros tan heterogéneos en relación a los aprendizajes previstos en la etapa? Porque, hay que recordar, que el Título de la ESO es ÚNICO, de acuerdo con la normativa vigente, y eso no lo ha cambiado la LOMLOE.
En tercer lugar, regalar el Título de la ESO a este alumnado no tiene nada que ver ni con la equidad educativa ni con una adecuada y digna atención a la diversidad. Una cosa es facilitar una enseñanza personalizada que cuente con los recursos adecuados, -y ya es mucho suponer que eso se esté produciendo actualmente en el sistema educativo español-, y otra muy diferente es poner la titulación al alcance de logros de aprendizaje tan variopintos. Por otro lado, resultará muy cruel regalar la titulación a este alumnado -recordemos: alumnado con ACI significativa no contemplado en la actual legislación para la obtención del Título de la ESO- para que, realmente, con dicha titulación, no pueda hacer como el resto del alumnado que lo obtiene por las vías ordinarias. ¿O es que le van a permitir matricularse en bachillerato o en la FP para que se estrelle? Eso no es atención a la diversidad, ni personalización de la enseñanza, eso es pura demagogia disfrazada de estúpida caridad, que ignora, a conciencia, la realidad personal y educativa de este tipo de alumnado. El alumnado NEE merece un respeto, y no necesita regalos de diplomas sino recursos y centros donde puedan recibir una enseñanza personalizada y digna que nunca llega. Pregunten a las familias de estos alumnos si están contentas con la atención que suelen recibir -siempre precaria y parcial- en las aulas de apoyo de los centros. Sobre todo a aquellas que siguen en lista de espera para que sean atendidos todo el tiempo necesario y por profesionales bien formados. Lo que hace el Proyecto del Ministerio es, cómo no, resolver de forma "barata", sin gastarse un duro, una aparente equidad educativa que sólo esconde desigualdad y abandono. Una intolerable frivolidad.
En cuarto lugar, esta posibilidad planteada en dicho proyecto de normativa, si se llevara a efecto, además de ser una estupidez propagandística más de este gobierno desnortado, tendría como consecuencia -desde luego no mejorar la naturaleza ni la realidad educativa de dicho alumnado- sino la de eliminar, de facto, la existencia del Título de la ESO como tal, pues ya no serviría ni como referencia común de los logros educativos de la población juvenil, ni como acreditación ante la sociedad o ante estudios posteriores. Verdaderamente, vamos a hablar claro, este alumnado -al que se le "regalaría" el título- no se beneficiaría en nada esencial. "Su" título tendría tan solo un valor decorativo y privado. En ese sentido, veríamos más coherente, y más valiente, establecer que la ESO no culminara con la obtención de título alguno -como ocurre con la Ed. Primaria, por ejemplo-, sino, simplemente, con una certificación de los aprendizajes realizados. En ese caso, podríamos estar de acuerdo, pero nos encontraríamos, acto seguido, con un problema nuevo y grave sin resolver que nos llevaría, como en un bucle, al mismo sitio de donde partimos. Porque, ¿cómo se accedería, entonces, a los estudios posteriores? Este acceso se tendría que regular de nuevo para todo el alumnado, pues el Título de la ESO, al ser único, y responder a realidades tan distintas, ya no serviría como "llave" de acceso; en ese caso, el título sólo serviría para ponerle un marco y colgarlo en el salón de la casa.
Como vemos, regalar el Título de la ESO a todos o a casi todos -y mira que ya en algunos centros y poblaciones, prácticamente, se está regalando-, como extensión de esa política "buenista" e igualitarista tan querida por la post-izquierda iletrada y adanista de este país, no es un ejercicio de equidad educativa sino de frivolidad con aquellos que más lo necesitan. Será, exactamente, como no dárselo a nadie, ya que no servirá como garantía, ni como referencia contrastada, que permita continuar estudios o acceder al mercado laboral. Y como la LOMLOE no ha modificado el acceso a dichas enseñanzas posteriores, la consecuencia inmediata de esta "caridad" mal entendida, de esta titulación devaluada, será que los primeros cursos de bachillerato o de FP se convertirán, aún más, en cursos inmanejables por la enorme heterogeneidad de aprendizajes que tendrá ante sí el profesorado; un profesorado que, además, estará obligado a ejecutar una "escabechina" selectiva para darle algún sentido al currículo de la secundaria superior. Cosas, ambas, difíciles de asumir en un tramo que cuenta tan sólo con dos cursos de duración, tanto en bachillerato como en FP, como hemos analizado en anteriores entradas de este blog.
Si este Proyecto del Ministerio llega a algún puerto se avecina un nuevo desastre. Otro. Como siempre hacen estos "ingenieros sociales" pseudosocialistas, tratan de resolver un problema para crear diez nuevos aún más graves. Unos "genios". Pero, ¿en qué momento de la historia abandonó la izquierda de este país la lucha por una educación pública de calidad, exigente con los aprendizajes y la formación del ciudadano, para convertirse en este "café para todos" aguado que no satisface a nadie? ¿Saben cuál será el futuro que nos deparará una educación secundaria devaluada y desprestigiada? Miren a EEUU, será resuelto por la dialéctica público-privada. La buena educación, prestigiada, personalizada y exigente, será sólo para los que se la puedan pagar. Los demás, clase media-baja, obrera y desfavorecidos sociales sólo recibirán el regalo pseudosocialista y pseudodemocrático de una educación entendida como mero entretenimiento, custodia y moratoria social de los más jóvenes. Eso sí, al final les darán un título con el que sólo podrán, con perdón, limpiarse el culo.
En el siguiente vídeo de José Mota vean cómo será la educación del futuro, visto el camino que llevamos. "En el futuro si eres capaz de bajarte un politono y mezclar un kalimocho te dan un título", dice un personaje del mismo. Sí, es para troncharse de risa.