Incapacidad manifiesta de realizar determinadas acciones que se supone deben haberse adquirido para desarrollar un determinado trabajo o, en este blog, una acertada política educativa en Andalucía y España. Consisten en una rara mezcla de ignorancia, torpeza, inoperancia, frivolidad, prepotencia y algunas dosis de clara idiotez.
Ya hemos argumentado en varias entradas de este blog la estupidez de haber promulgado una nueva ley educativa sectaria y partidista como la LOMLOE. No resuelve ningún problema de nuestro sistema educativo y añade aún más confusión y burocracia al trabajo docente. Y todo para nada. Era difícil empeorarla, pero la consejería de educación andaluza lo ha conseguido. Como publicamos en la entrada anterior los borradores de decretos de enseñanzas de Andalucía son un bodrio similar. Podrían haber corregido algunos de los evidentes errores de la LOMLOE, sin embargo, y sin hacer ningún tipo de análisis mínimamente serio, los agrandan y añaden otros nuevos. La estrategia de comunicación de la consejería, por otra parte, tampoco ha sido un acierto. No sólo ha enfadado a distintos sectores educativos, sino que en la última reunión TODOS los sindicatos de la enseñanza se levantaron de la mesa sectorial presidida por la consejera -Laika del Pozo- acusándola de ningunearlos y de falta de transparencia.
Tarde y mal. Este puede ser el resumen de cómo ha encarado la consejería de educación la elaboración de los nuevos decretos andaluces. La Sra. del Pozo cae en el error de plantear "ocurrencias" como si fueran brillantes respuestas educativas. Es mala costumbre, aquí en España, y por supuesto en Andalucía, que nadie se tome la molestia de argumentar las decisiones que se toman en política educativa. Los preámbulos de las leyes supuestamente están para eso, pero se han convertido poco más que en simplistas argumentarios ideológicos y políticos, en meras arengas para dar pie a las miles de tonterías que se le ocurren al ministro o consejero de turno. Nadie ofrece datos, nadie ofrece investigaciones constrastadas, nadie justifica sus decisiones de acuerdo a los problemas detectados.
En esta línea de estupidez e ignorancia generalizada, las leyes y decretos educativos son campo abonado para la ocurrencia, los experimentos con gaseosa, la arbitrariedad y los delirios de indocumentados. A la altura de la boba complejidad -no contrastada ni experimentada- que se ha inventado la LOMLOE para programar y evaluar la enseñanza -y que no servirá para nada práctico en las aulas-, está el diseño de optativas propias de la comunidad autónoma andaluza a cual más equivocada y delirante -como explicamos en la entrada anterior-, incluyendo, además, un horario semanal demencial que no sólo empeora el de la LOMLOE sino, incluso, el de otras CCAA del propio PP, como el de Castilla y León o el de Madrid. ¿Ni siquiera se han leído lo que han hecho otras comunidades desde el año pasado? ¿A qué se dedican en Torretriana?
¡Qué jartura! Pero, lo más sorprendente de todo es que el profesorado y las familias, sobre todo el profesorado, se sigue tragando estas ocurrencias, una y otra vez, como si fueran verdad revelada en vez de mandarlos todos a la..., sí allí. Los sindicatos se han levantado de la mesa de negociación. Pues poco nos parece para tamaño atropello. Un corte de mangas hubiera sido más apropiado para tal desvergüenza. Y es que TODOS nos tendríamos que levantar de esa mesa figurada de negociación y meter en el cajón del olvido tanta normativa educativa que ni siquiera permite dedicarse a lo fundamental: enseñar y aprender.
Pues vean, en poco más de dos minutos, -Sra. del Pozo, aprenda- la comparsa "El embrujo de Cádiz", en su pasodoble "Dicen que en la educación", contiene más verdad política que los centenares de páginas de la LOMLOE y los decretos de enseñanza andaluces juntos. Pero ni por esas. Es lo que tienen los carnavales de Cádiz: concisión y autenticidad. ¡Cambiemos a la Sra. del Pozo por el Canijo de Carmona! ¡Enga!
Tras ceder a las peticiones del profesorado de música para no reducir sus horas en la enseñanza obligatoria, profesorado que ha entonado a coro la letanía de ¡virgencita, por favor, que nos quedemos como estábamos!, la señora consejera de educación de Andalucía, la Sra. Patricia "Laika" del Pozo, ha optado por la salida fácil, o sea, fíjate, Tamara, qué lista es: vestir a un santo para desvestir a otro, quitando las horas que le hacían falta de las asignadas a la educación visual y plástica. De este modo, ha hecho un pan como unas tortas, contenta al profesorado de música a la vez que jode -con perdón- al profesorado de educación visual y plástica, echándolos a pelear. Una jugada "maestra" si no fuera porque es tan burda que se veía de vení desde lejos y el profesorado, tanto de música como de plástica, no va a caer en la trampa de pelearse por la miseria que afecta a ambos cuerpos.
En la educación andaluza, por lo visto, el que no llora no mama -seguimos con los aforismos populares-. La razón curricular, la coherencia educativa, brillan por su ausencia. Como siempre. Estos del PP, que venían a arreglar los desafueros y corruptelas del cortijerío socialista emprenden el mismo camino al parecer: el del populismo educativo más ramplón (lo de la nueva materia de "Cultura del Flamenco" es de traca). De nuevo, como decíamos en la entrada anterior, lo que se trata es de tapar agujeros poniéndoles cuadritos encima para que no se vean, en vez de reconstruir un edificio que está dañado desde sus cimientos.
Los nuevos borradores que ha publicado la consejería de educación de los futuros decretos de enseñanzas andaluces no tienen un pase. En primer lugar, no entendemos cómo la consejería ha tardado tanto tiempo en elaborar semejante bodrio. Cuando la mayoría de CCAA han sacado ya en sus boletines oficiales los correspondientes decretos el año pasado, aquí en Andalucía todavía andan pensándoselo mientras entretienen al profesorado haciendo "deberes" -elaboración de situaciones de aprendizaje- sobre un currículo que aún no se ha publicado en BOJA. La pregunta es inmediata: ¿o son muy torpes y no saben hacerlos o es un cálculo partidista para agotar el curso antes de las elecciones generales? Siguiendo a Ockham y su navaja nos inclinamos por la primera opción: son muy torpes. "Laika" está perdida en el Sputnik navegando rumbo a lo desconocido y en el centro de mando en tierra la miran embobados dando vueltas a la perdiz sin saber qué hacer.
La noticia ya no es noticia: Andalucía aumenta las horas de las áreas instrumentales -lengua, matemática e idiomas extranjeros- con el fin de "mejorar los pésimos porcentajes de aprendizaje que obtiene el alumnado" en las pruebas internacionales. Pues qué bien. Deberían los peperos repasar los últimos veinte años para ver que esa medida de novedad no tiene ninguna. Ya lo anunciaron los socialistas en las dos reformas anteriores sin resultado alguno. Llueve sobre mojado. Ahora, encima, recuperan la "hora de lectura obligatoria", ¿se acuerdan?, aquella que impusieron los socialistas en el mal denominado Plan de Lectura y que tan poco resultado dió. Pero aquí los resultados, los datos, la experiencia vivida en el aula, no le interesan a nadie, y mucho menos a "Laika" que anda perdida en el espacio.
Por lo que se ve, el PP se ha abonado al populismo propagandístico. La optativa de "debate y oratoria" es el reconocimiento de que la enseñanza de la lengua no va bien, porque este contenido es propio de la materia de Lengua Castellana. Por tanto, es el reconocimiento de lo evidente: el problema de que nuestros alumnos y alumnas tengan una competencia tan pobre en lenguaje oral y escrito no es un problema de falta de horas sino de metodología de la enseñanza de la lengua que se desarrolla en las aulas. Una metodología impuesta por un currículo escorado estúpidamente a la machacona enseñanza de la gramática: ¡no saben hablar ni escribir bien, pero hacen unos análisis sintáticos que te cagas! No Sra. Laika, no es un problema de horas, no es un problema de cantidad, es un problema de calidad de la enseñanza, y Vd. misma lo reconoce al añadir a las cuatro horas de la materia común las optativas de debate y oratoria y la hora de lectura obligatoria. Qué chapuza.
Lo de la materia optativa Cultura del Flamenco no tiene tampoco un pase. Por lo visto no se acuerdan de aquel bodrio electoralista que inventaron los socialistas hace una década denominado "Flamenco en el aula", que tuvo como predecesor aquel infumable plan que llevaba a "flamencos" de verdad por los centros andaluces a finales de los años 90. Hicieron hasta un currículo propio para Primaria y ESO. Y no fue a ninguna parte, gracias a dios, porque no sabemos qué hubiera sido del flamenco si este se hubiera convertido en materia evaluable. Ahora lo sabremos por fin. Por otra parte, ¿esa materia no estaría incluida en el currículo de Música? Pues claro, pero hay que hacer propaganda, y el PP ahora quiere ser más andalucista que nadie a costa, suponemos, de que el profesorado de Música (?) imparta la nueva optativa. Queremos ver cuánto porcentaje de dicho profesorado sabe algo de flamenco. Al final adscribirán la materia al profe que necesite horas y se limite a poner discos de Camarón en la clase. Olé.
Vamoavé, Sra. Laika, el currículo es un ladrillo y no un globo, si se aumentan las horas en dichas áreas instrumentales, bien directamente en cada materia, bien inventándose nuevas materias chorras para contentar al populacho, se verá obligada a quitar horas de otras materias que son más necesarias. Y ahí viene el problema de las enseñanzas artísticas, las "marías" son las que pagan el pato de esta nueva estupidez curricular que no servirá para nada, salvo para cabrear, desmotivar y jartar a muchos docentes de dibujo y artes plásticas que mandarán "al carajo" no sólo a la consejería, sino a su propia vocación de enseñantes.
Eso sí, nuestros alumnos y alumnas seguirán sin saber expresarse bien en su lengua materna, seguirán sin saber hablar mínimamente un idioma extrajero después de DIEZ años de enseñanza, huirán de las matemáticas como de la peste, escucharán flamenquito dando palmas y, de paso, se cargarán las áreas artísticas. Una pena.
Laika en la consejería:se veía de vení. Sí, nuestra expresión oral y escrita deja mucho que desear. Es lo que hay. Pero, al menos, siempre nos quedarán LAS ARTES de verdad para salvarnos de la estupidez que nos rodea.
Sabemos que la Sra. del Pozo no tiene tiempo de leer ni de ver vídeos sobre la educación artística, pero para el resto del personal aquí les dejamos una entrevista con Matt Goldman ilustrando la importancia de dicha educación en la formación de la personalidad de los alumnos y alumnas.
No somos nostálgicos de nada. Y menos, de los cuarenta años de cruel dictadura franquista cuyos coletazos sufrimos algunos. Tampoco afirmaremos jamás que todo tiempo pasado fue mejor. Pero sí que España perdió una oportunidad de oro -tras la caída de la dictadura- para haber blindado la construcción de una educación pública de calidad. Se optó, por el contrario, por una feria de apariencias, cálculos electoralistas y mediocridad. Todo derivó en frivolidad, vanidad, ignorancia y estupidez, las características que hoy definen nuestro presente, y no sólo en educación.
Una vez, la educación, la escuela, fue para muchos la única ventana abierta a un mundo desconocido, al saber, a los ideales, a las distintas culturas que iluminaban el pobre desierto en el que muchos vivíamos. A pesar de sus luces y de sus sombras era una escuela que nos hacía mejores, que nos exigía, que nos orientaba en nuevos valores más allá del adoctrinamiento en el que nacimos. En la actualidad, por el contrario, la escuela ha sido arrinconada por otra ventana más poderosa, más hipnótica, menos exigente, que, en vez de guiarnos, nos desconcierta, nos miente, nos desinforma, a la vez que nos atrapa en sus redes y algoritmos. La escuela que conocimos algunos de niños ha muerto, y bien muerta está en algunos de sus peores aspectos. Pero también ha muerto como instrumento de conocimiento, esfuerzo y transmisora de valores modernos.
Hoy día ya no podemos esperar de la educación, de la escuela, ese afán regeneracionistaque proclamaban nuestros mejores intelectuales de finales del s. XIX y principios del s. XX (Giner de los Ríos, Joaquín Costa o Miguel de Unamuno, entre otros muchos) y que alumbró la creación de la Institución Libre de Enseñanza, con el fin de sacar a España del ostracismo, la miseria, el analfabetismo y la ignorancia. Una institución creada en 1876 por un grupo de catedráticos separados de la universidad de Madrid por "defender la libertad de cátedra y negarse a ajustar sus enseñanzas a cualquier dogma oficial en materia religiosa, política o moral". ¡Qué falta nos haría ese espíritu de independencia y criterio ante el triste panorama religioso, político y moral que sufrimos en la actualidad!
Desde 1939, cuando la dictadura franquista la disuelve, la educación en España no ha hecho otra cosa que ser un triste remedo de los rancios y caducos principios de la religión católica durante los años más tristes de la posguerra, o el resultado infame de las componendas mediocres de tantos políticos demócratas a partir de 1978. De este modo, durante más de ochenta años, la educación española ha ido devaluándose de manera inexorable, convertida, por unos y por otros, en mero adoctrinamiento religioso, político o moral, y en una desconcertante continuidad que iguala a los voceros del "dios, patria y rey" con los del "pan y circo". Claro que hemos mejorado en estos ochenta años, cómo no, pero la comparación no debería realizarse con lo que hoy somos, sino con lo que hubiéramos podido ser si las cosas se hubieran hecho medianamente bien.
Sí, ya sabemos que algunos de ustedes dirán que somos unos exagerados. Quizás. Pero si repasan las 356 entradas de este blog, a lo largo de más de 10 años, sabrán que no estamos hablando de opiniones sesgadas, ni personal ni políticamente, sino de informaciones y hechos contrastados. Para muestra un botón: la situación actual de Cataluña puede ser un ejemplo -aplicable también a otras CCAA- de este naufragio colectivo y ha sido bien descrita recientemente porJordi Martí en su blog de Xarxatic. Con lo que fue Cataluña para muchos de los que empezábamos en la docencia allá por la década de los 80, modelo de investigación e innovación pedagógica, semillero de grupos de renovación pedagógica, red de escuelas progresistas, y espíritu de apertura al resto de España y de Europa..., y en lo que la han convertido hoy, un sistema mediocre, cerrado y corrupto. Pero la deriva educativa es general, de país, no sólo este desgraciado producto del delirio nacionalista de unos sinvergüenzas. Y es que, sólo países con una fuerte vocación pública de fortalecer sus sistemas educativos pueden hacer frente a esta marea de devaluación, mediocridad y frivolidad que nos invade. Y nuestro país, desgraciadamente, no ha sido uno de ellos.
Una marea que afecta a toda la ciudadanía, no sólo a los políticos. Afecta también al profesorado, al alumnado y a sus familias. La escuela ha dejado de ser un instrumento regeneracionista, una ventana para conocer el mundo que nos rodea y poder mejorarlo, para formar críticamente a las nuevas generaciones en un mundo complejo y cambiante, y ha pasado a ser un espacio aburrido de custodia y entretenimiento consentido. Y eso tiene poco futuro. Ninguno. La misión encomendada a la escuela ha cambiado. Ocho leyes educativas lo han certificado. Por eso ya no se necesitan docentes vocacionales ni bien formados, por eso ya no se tienen que mejorar las condiciones materiales de los centros, por eso ya no hace falta aumentar la inversión en educación, por eso no se respeta la libertad de cátedra ni se estimula la participación de las comunidades escolares en su gestión. Ya no se trata de enseñar, de educar, sino de custodiar y entretener a los jóvenes, sino de ser cómplices de esa moratoria social en que se ha convertido no sólo a la adolescencia sino también a la juventud. Se persigue una "minoría de edad perpetua", un infantilismo bobalicón, que será el caldo de cultivo del nuevo analfabetismo del s. XXI.
Custodia y entretenimiento. La última ley educativa, la LOMLOE, basada en dos leyes anteriores del PSOE que cosecharon un notable fracaso -la LOGSE y la LOE- es la última muestra palpable de la actual degradación educativa. El problema esencial de esta ley es que, como las anteriores, no afronta de verdad los problemas del sistema educativo, sino que sólo aspira a taparlos. Por este camino, la escuela, como institución moderna, tiene los días contados, porque una vez "ensayado" con éxito el confinamiento, la tele-enseñanza y el teletrabajo, pronto dejará de tener sentido una institución colectiva y presencial para enseñar a los invididuos. Las personas serán más manejables por separado y desprovistas de lazos reales -que no virtuales- con la realidad social y laboral. La mano de obra será más barata y menos cualificada, los entes empresariales serán más difusos, la línea divisoria entre la vida personal y laboral desaparecerá, el "mercado" no tendrá contrapesos e impondrá su principio del máximo beneficio al menor coste. Esto no es futuro, es ya presente. Y no habrá ninguna institución "moderna" que contrarreste al neocapitalismo fluido sin control al que nos encaminamos, sólo habrá ruido y farfolla en las redes sociales con apariencia de democracia e igualdad pero al mando de sólo unos pocos. Los algoritmos decidirán por nosotros y nos dirán lo que queremos oir, lo que debemos comprar y, más adelante, lo que debemos votar. No es futuro, es ya presente.
Sí, parece una distopía, pero sin zombis. Aunque es bastante probable que en el futuro esos zombis sean nuestros propios hijos y nietos, esa carne de cañón mal formada y barata que quedará a merced de cuatro listos. Quizás haya tiempo de reaccionar. Quizás no. El tiempo de la vida humana es tan corto que no nos damos cuenta de los cambios sociales mientras ocurren. Recordemos que los malos sólo vencen cuando los buenos no hacen nada. Y si no, vean, vean... Vean el futuroooooo...
"Sólo una maldición explicaría por qué tenemos que vivir una y otra vez, como si fuera el Día de la Marmota, la misma estupidez, los mismos errores, la misma incompetencia. Errar es humano, pero tanto... es de la variedad imbécil. Sólo de pensar que volveremos a ver una nueva ley orgánica sobre educación, a cambiar otra vez el mismo y mediocre currículo, a desconcertar a las comunidades escolares con cambios de estructura, de criterios, de materias... para que, al final, todo siga siendo una gran chapuza... nos hiela la sangre, la poca que nos queda después de aguantar uno tras otro los disparates educativos de los socialistas ilustrados -tanto españoles, como sobre todo andaluces en su peor versión coplera".
Esto escribíamos en febrero de 2012. Hace más de diez años. Un Día de la Marmota eterno del que no parecemos poder salir. Bill Murray -el protagonista de la película de Harold Ramis que en nuestro país se tituló Atrapado en el Tiempo- tuvo que repetir una y otra vez el mismo día hasta que lo hizo perfecto para poder escapar de la maldición de eterno retorno. En Educación llevamos ya más de cuatro décadas cometiendo los mismos errores, haciendo las mismas tonterías. Así que hoy recordaremos -otra vez, como buenos seguidores de Phil la marmota-, lo mismo que escribíamos hace más de diez años, cuando se gestaba la anterior LOMCE:
El nuevo ministro Wert -qué facil es escribirlo en el teclado- ha presentado las principales líneas de su proyecto político educativo, y después fuese y no hubo nada, sólo humo. Si hemos de valorarlo por lo que dijo ante la prensa costaría creer que sepa lo que tiene entre manos. Será buen sociólogo, desde luego, -supo quién ganaría las pasadas elecciones y se arrimó al árbol que buena sombra le daría-, a la vista está, pero de Educación anda todavía cortito. Siguen nombrando para este puesto a personas que tardan siglos en saber lo que ocurre de verdad en el sistema educativo y así nos va. Si las simplezas que presentó como "pograma" es todo lo que se le ocurre para arreglar este desastre, ¡dios nos coja confesados!
Que para el PP uno de los problemas más urgentes sea cambiar la Ed. para la Ciudadanía por otra estupidez similar -Ed. Cívica y Constitucional-, dice mucho del dominio del pensamiento débil en los programas políticos. Una materia que ya nació fallida y devaluada gracias al PSOE, de sólo una hora a la semana y sólo en 3º de la ESO, no merecería siquiera un renglón en ningún programa político serio. Sólo es consecuencia del bobo debate en que se instalaron PP y PSOE a cuenta del embrollo educativo de este país, y su sonoro fracaso interno e internacional. O qué diga, en referencia al bilingüismo -que piensa incentivar prácticamente desde los paritorios-, que "no se trata de estudiar inglés, sino de estudiar EN inglés" y se quede tan henchido de sí mismo, como si hubiera dicho algo inteligente, nos deja perplejos. Comienza a hablar como Zapatero, con bobos y errados aforismos y eso también preocupa.
Y nada de Pacto por la Educación, nada de qué pasa con los conciertos de la privada, nada de qué pasa con la religión -eso sí que es doctrina curricular-, nada de qué pasa con la financiación del sistema educativo, nada de qué pasa con los necesarios recursos humanos, nada de qué pasa con las medidas educativas de atención a los más desfavorecidos, nada de qué pasa con la sangría económica de los másteres a la bolognesa, nada de qué pasa con el sistema de becas, nada de qué pasa con las estúpidas políticas igualitaristas, etcétera, etcétera. Temas desde luego mucho más importantes para conocer un programa político que las vaguedades que anunció como si fueran verdades reveladas por el oráculo de Delfos.
¿O no dice realmente lo que piensa hacer?
En fin, como quiera que todo hace pensar que volvemos a repetir los errores, que no han aprendido nada, que regresamos al pasado por tercera vez, invoquemos un sortilegio que nos libre de la maldición de los incompetentes que, como ya sabíamos, andan distribuidos al azar por todas las organizaciones políticas. ¿Por qué no acaban de entender que la mejora del sistema educativo sólo puede ser el resultado de un Pacto por la Educación de toda la ciudadanía española? Como decía Einstein, sólo el universo y la estupidez humana son infinitos.
Después vendrían de nuevo los socialistas con la Sra. Celaá y su infumable LOMLOE. Y a empezar de nuevo el rosario de estupideces. Y ahí seguimos, mareando la perdiz. Ya que Phil, la marmota, es nuestra verdadera inspiración política, aquí les dejamos un trailer de la película. Al menos nos reiremos un rato. "Yo les diré cómo será el invierno, va a ser frío, va a ser gris y va a durarles el resto de su vida".
Vaya por delante que esta entrada no tiene ninguna intención de culpar al profesorado de nada. Si bien, todos hemos conocido a malos profesionales en los centros educativos por los que hemos pasado y esto no es una opinión, es una realidad. La falta de supervisión técnico-didáctica los eterniza en sus puestos desgraciadamente. Pero la gran mayoría del profesorado asume con responsabilidad su importante función, algunos más allá de lo exigible -y se demostró palmariamente durante la pandemia y el confinamiento.
Durante décadas, la insistencia en la autoformación del profesorado con el fin de compensar las evidentes lagunas de su formación inicial no tuvo otro interés que tapar la incapacidad política de reformar la formación del profesorado heredada de la dictadura. Lo hemos repetido en muchas de nuestras entradas, ninguna ley educativa desde la transición de 1978, ni roja ni azul, ni progre ni facha, ha afrontado este grave problema. Lo han ignorado y sólo se ha maquillado el desastre con parches inútiles: autoformación, centros del profesorado, másteres específicos, retoques de programas, etc... Ni siquiera la reforma estructural a que obligó el Plan Bolonia fue aprovechada para cambiar los grados universitarios docentes en profundidad. Tampoco se "limpió" al profesorado universitario de las escuelas "normales" cuya mayoría desconocía la experiencia docente real de los colegios e institutos, ni hubo una política de contrataciones de personal experimentado y conocedor de la realidad docente de colegios e institutos. Nadie forma bien en lo que desconoce. Y eso no parece preocupar a nuestros políticos educativos.
Lo que no se ha permitido en otros estudios -sanitarios, ingenierías, jurídicos...- de poner al frente de la enseñanza a docentes universitarios sin experiencia profesional real, se ha venido haciendo con descaro en la formación de los futuros docentes. No nos podemos extrañar, pues, de la cantidad de cantamañanas, vendedores de motos averiadas, gurús o simplemente caraduras, que aún siguen "formando" inicialmente al profesorado español. Futuros docentes que salen de la universidad o de los másteres específicos sin tener ni idea de lo que tienen que hacer en un aula. Sólo protocolos burocráticos, teorías masturbatorias, basura ideológica, prácticas inútilesy poco más. Una vergüenza.
¿Que no es culpa del profesorado? Claro que no. El profesorado es la víctima de todo este desaguisado político, de esta frivolidad acumulada década tras década. ¿Que se puede solucionar gracias a la autoformación voluntarista, a los CEP´s y a los másteres? Tampoco, ni aunque esta formación fuera buena, que no lo es: los grupos de autoformación naufragaron y se convirtieron en un modo fácil de conseguir horas para los sexenios y algo de dinero, los CEP´s se convirtieron pronto en sucursales de la consejería de turno para propagar la fe y pagar favores, y el máster obligatorio de Secundaria no pasa de ser un timo como el de la estampita pero sin gracia. Ya lo decía Gimeno Sacristán en los años noventa: las lagunas de la formación inicial no se pueden rellenar con la formación permanente. Treinta años después es una evidencia. Y así seguimos. ¿Hasta cuándo?
Todos recordamos a nuestros maestros y profesores, buenos y malos, los que nos marcaron para bien y los que lo hicieron para mal. En el programa Ilustres Ignorantes nos ofrecieron una divertida muestra de recuerdos que nos puede ilustrar sobre las cualidades que debe tener un buen profesor y las que no. Ahora compárenlo con la formación que se da en las universidades y la forma que existe para seleccionarlos en las oposiciones. Irgensanta. ¿Nadie se da cuenta de que este es uno de los principales problemas que tiene nuestro sistema educativo desde antes de la Guerra Civil? Ponó.
Después de varios años de lento descenso, el abandono escolar temprano en España ha subido al 13,9% en el último estudio realizado correspondiente al año 2022. Esto quiere decir que casi un 14% de jóvenes entre 18 y 24 años no tiene finalizado el Bachillerato o la FP de grado medio o básica. Cierto que el indicador venía bajando desde 2007 pero seguimos liderando -junto con Rumanía- el ranking europeo de abandono escolar, ya que el resto de países lo ha hecho mejor que nosotros. Nuestro vecinos portugueses, por ejemplo, están en el 5,9% y los griegos en el 3,2%. La media europea se sitúa en el 9,7%. La feligresíacomprará estos datos como un pequeño borrón en un sostenido descenso, incapaz de ver que el resto de nuestros vecinos lo ha reducido más en todos estos años. También será incapaz de analizar cómo es posible que después de 8 leyes educativas 8, todas ellas promulgadas supuestamente para mejorar la "calidad" de nuestra educación, sigamos a la cabeza de los peores indicadores internacionales. Es lo que tiene la feligresía política, que no se rige por los datos sino por las creencias. Y así nos va.
Y como estamos en año electoral, y llueve para todos, en Andalucía (15,3%) han sacado las panderetas y zambombas porque de ser el farolillo rojo de la clasificación hemos adelantado a comunidades como Cataluña (16,9%) o Valencia (15,7%). El que no se consuela es porque no quiere. El hecho de que con un 15,3% sigamos superando la media española no parece ser importante. Tampoco el que Comunidades como País Vasco -con un 5,6%-, Navarra -con un 5,7%- o Galicia -con un 9,9%- queden bien lejos de nuestras cifras. Lo que demuestra que, lejos de producirse un acercamiento entre las distintas CCAA, se viene abriendo una clara brecha entre ellas. Y Andalucía continúa en el grupo de cola, desgraciadamente. Quizás todavía pesen los casi cuarenta años de gobiernos cortijero-socialistas. Quizás.
Las explicaciones de los "expertos", expuestas en algunos medios, no dejan de ser sorprendentes. Como los "buenos" economistas, parece que son "expertos" en predecir el pasado, ni siquiera en explicarlo. Justificar que dicho aumento es debido a la mejora del empleo gracias a la recuperación del turismo lo podía haber argumentado un chaval de diez años, pero no cuela. Las CCAA con menor abandono escolar son País Vasco, Navarra o Cantabria, todas ellas con mejor niveles de empleo que Andalucía. De acuerdo a dicho argumento debían ser las que peores datos obtendrían históricamente. A no ser que hablemos de empleo de baja cualificación laboral, es decir, aquel que sólo requiere mano de obra sin formación y, en consecuencia, mal remunerada. Ahí, sí seguimos siendo líderes en Andalucía y otras CCAA. Es lo que tienen las explicaciones simplistas y sesgadas, elaboradas para contentar a la feligresía de turno y no para tomar en consideración datos fiables que permitan emprender medidas acertadas cara al futuro -como ya proponíamos en una entrada anterior.
Es evidente que algo habrá tenido que ver en estos datos la acertada o desacertada acción política emprendida todos estos años por determinadas CCAA en detrimento de otras, a pesar de las ocho leyes educativas. También el que determinadas ciudadanías estén más concienciadas que otras para recabar de sus políticos medidas serias que mejoren sus sistemas educativos. Un argumento que nos parece tan oportuno como otros más "sesudos". En cualquier caso, lo cierto y verdad es que, después del uso estúpido de la política educativa como arma partidista y electoralista, en cuarenta años no hemos sido capaces de arreglar los serios problemas que aquejan a la educación en nuestro país. Y los que te rondaré morena como sigamos teniendo arriba a estos impresentables que nos (des)gobiernan. Y mientras tanto, la Sra. Celaá disfrutando de su retiro vaticano viendo como su LOMLOE hace aguas por todos lados. Eso sí, la feligresía progre seguirá sin ver nada de lo que pasa, ni con la LOMLOE ni con la Sra. Celaá. Es para partirse de risa.
Y para partirse de risa es esta charla-TED de Leo Harlem sobre cómo sobrevivir en la aldea global. Los problemas que plantea en ella son muy serios aunque nos hagan gracia. Por cierto, ninguno de ellos ha sido objeto de un debate abierto sobre las consecuencias que tiene la introducción de las TIC -ordenadores, tabletas, móviles- en nuestros centros. Aquí seguimos "vendiéndolas", y más en periodo electoral, sin ningún tipo de análisis, evaluación ni criterio sosegado sobre su uso en niños y jóvenes. Una pena.
Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio. Y no es prudente ir camuflado eternamentepor ahí, escribía Antonio Machado. O sí, porque como decía el Arcipreste de Hita, el dinero "de verdad hace mentiras y de mentiras hace verdades". Creemos que será muy difícil que la cohorte de políticos y administradores que nos gobierna sea capaz de solucionarlo. Habrá que esperar otra remesa generacional, si es que llega. El problema es muy grave y no tiene nada que ver ni con la programación ni con la robótica como decía el Sr. Sánchez en la entrada anterior, tiene raíces más profundas. La educación pública se degrada empezando por la educación infantil hasta llegar a la universidad. Y la degradan políticos -como él- que se dicen de izquierdas y que juegan -quizás sin saberlo, o sí- a propiciar el trasvase a la educación privada de todo el que puede. Un sindiós social-comunista-nacionalista, pero ya estamos acostumbrados a que las "políticas" progres acaben perjudicando justo lo que afirman defender: libertad, feminismo, educación pública, transparencia, rendición de cuentas, igualdad..., en un ejercicio de hipocresía e incompetencia notable. Hasta el gran Alessandro Bariccoha comentado recientemente "la izquierda es hoy la opción política más conservadora, dejemos que gobierne la derecha". Estos políticos adanistas de izquierdas se han convertido en los nuevos meapilas sin sotana de este país, han convertido al BOE en la hoja parroquial de su feligresía, se creen los nuevos dueños de las "tablas de la ley" que tratan de imponer, bajo pena de excomunión, a todos los mortales, concuerden o no con sus delirios totalitarios. Han perdido el norte, y lo peor, han perdido hasta el sentido del humor.
En fin, a lo que vamos, este profesor de universidad se ha limitado a describir en su alegato el perfil del alumnado que tiene hoy delante -perfil de salida diría la LOMLOE-: uso de un vocabulario muy básico, incapacidad de hacer un trabajo personal -salvo copiándolo de internet-, absentista, anestesiado por las redes sociales, incapacidad de fijar la atención en lo prioritario, indolencia y apatía, falta de educación o urbanidad, expresión escrita y oral muy limitadas, falta de resiliencia, incapacidad de trabajar en grupo, falta de interés, falta de proyecto vital realista, bajo umbral de frustración y un largo etcétera. Todo ello se ha larvado en la enseñanza no universitaria y en la propia sociedad: medios de comunicación, familias, amigos... Y para no hacerlos infelices, y para cumplir los objetivos del contrato-programa que tiene el departamento universitario, se les hace varios exámenes a lo largo del cuatrimestre, se les baja los niveles de exigencia y se les conceden convocatorias de gracia hasta que aprueban y se creen que han aprendido algo. Y todos contribuimos a este gran fraude, a este gran engaño educativo que todos pagaremos más tarde al no disponer de buenos profesionales, ni de intelectuales, ni de personas capaces, creativas ni críticas.
Esta es la verdad, lo demás son las tonterías que pregonan nuestros políticos cada día a su feligresía para mantenerse en el poder. ¿Qué hacer ante este grave conjunto de problemas? El propio profesor enumera unas pocas soluciones: acabar con el igualitarismo, no todos somos iguales, ni tenemos las mismas capacidades, ni invertimos los mismos esfuerzos, por eso el sistema educativo debe ser más diversificado; el profesorado debe recuperar su autonomía y su autoridad profesional perdidas para configurar su currículo y su enseñanza; eliminar cualquier gadget tecnológico de la enseñanza -incluidos los ordenadores personales-, las TIC en edades tempranas sólo sirven para distraer, no para pensar ni aprender; huir de nacionalismos y de populismos en la educación y en la sociedad, aprender a valorar lo que te rodea, a fomentar la curiosidad, conocer otras culturas, otros idiomas, otras lecturas; incentivar el esfuerzo, la colaboración y la competición para seguir creciendo social y personalmente; y, finalmente, flexibilizar las "pasarelas" universitarias para cambiar de titulación sin penalizar al estudiante en sus primeros años.
¿Quién le pone el cascabel al gato? Los impresentables que nos gobiernan desde luego que no, incluso sectores universitarios que están muy cómodos en sus privilegios tampoco. Pero ese es el camino. Si no, la propia sociedad, el propio mercado, hará la selección más adelante y sin cortapisas. Se pondrán las botas las opciones privadas y le echarán la culpa a la derecha -cómo no-, se subempleará a muchos titulados universitarios y se culpará a los empresarios -cómo no-. Pero la responsabilidad y la culpa estarán en otra parte. Vds. saben bien dónde. Al igual que los bosques hay que cuidarlos en invierno para que no haya incendios catastróficos en verano, a la educación universitaria hay que cuidarla desde la educación infantil y primaria para que no se hunda. Y estamos a punto de hacerlo.
Y si no, vean el siguiente vídeo de José Mota en el que un titulado universitario busca empleo después de quince años en paro. Dígannos si no es premonitorio de todo esto.
Nuestros políticos no quieren saber qué pasó con aquellos centenares de millones ni para qué sirvieron. No practican la memoria porque viven de la desmemoria del personal. Huyen de la evaluación y de los datos como de la peste, aunque no del dinero. Eso sí, a los docentes después nos machacan con sistemas evaluadores cada vez más estúpidos e inútiles. Pero se lo vamos a decir aquí nosotros, los que lo sufrimos a pie de aula: aquellos millones no sirvieron para nada salvo para enriquecer a unos pocos. Los portátiles pronto se vendieron en los mercadillos, nadie los arreglaba cuando se estropeaban y se quedaron obsoletos al poco tiempo. Los libros de texto digitales tampoco funcionaron. Algunos centros educativos con sus propios gastos de funcionamiento trataron de continuarlo pero al cabo de pocos años de aquel Plan Escuela 2.0 no quedó nada, sólo humo. Tampoco se evaluaron los supuestos aprendizajes realizados por el alumnado y el profesorado gracias al Plan. ¿Para qué? Eso no le importaba a nadie. Suponemos que no les sorprenderá que los datos contrastados no les interesen a los políticos electoralistas, populistas o mediocres.
Pero 2023 es un año electoral y lo vamos a sufrir hasta el hartazgo; y el Sr. Sánchez -no sabemos dónde está el PSOE- ha empezado ya a regalar cheques, subvenciones, ordenadores y lo que haga falta para ver si los españoles se olvidan de su incompetencia, sus mentiras, sus alianzas y sus errores. ¿Se acuerdan de lo que hizo Zapatero o de lo que hizo Pepe Griñan o Susana Díaz en Andalucía? ¿Y de qué les sirvió? Pues eso. Lo más vergonzoso de todo este disparate es que esa campaña electoral la vamos a pagar entre todos -otra vez-, con nuestro dinero, vamos. Él no se va a sacar ni un sólo euro de su bolsillo. Menudo jeta.
La Educación, por tanto, vueve a ser ese oscuro objeto de deseo en el que colocar un mensaje electoral infame. La utilizarán de nuevo como mercancía para atraer a incautos y feligreses -¿quedan todavía?-. O, al menos, para comprar voluntades y desviar la atención de los verdaderos problemas que aún sufre la educación de nuestros jóvenes, que no son ni de lejos la computación ni la robótica. Eso es lo que pasa por poner ahí a políticos frívolos, inmorales y sinvergüenzas cuyo único propósito no es otro que el de perpetuarse en el poder y, de paso, disfrutar privilegios y enriquecerse todo lo posible.
Cuando se lanza una mentira o se perpetra una barbaridad pregúntense quién sale beneficiado. Como en las pelis de crímenes. En este caso ni la educación, ni la escuela, ni los docentes, ni el alumnado obtendrán nada bueno con este estúpido Plan Código Escuela 4.0. Como ya ocurrió con el anterior Escuela 2.0. ¡Hasta el título es una solemne tontería! Proponemos que el próximo sea el Plan Escuela 14.0 o el 33.0. ¡Qué más da! Este gobierno sólo vive para la propaganda. Y tengan claro que el único que puede salir beneficiado será el Sr. Sánchez y todos los que le rodean, que ya están preparados para recoger la migajas next generation que se caigan de la mesa de su poder omnímodo.
Empezamos el año con cine de terror. Vean esta breve parodia de la educación progresista realizada por un cómico australiano. Pone los pelos de punta. ¿Parodia o realidad? Pregúntenselo al Sr. Sánchez y a sus colegas de gobierno.
Estamos en plena semana de sesiones de evaluación. El profesorado, ya muy cansado al final del trimestre, encara con resignación lo que serán las agotadoras reuniones de equipos docentes para evaluar y calificar al alumnado. En la mayoría de los centros serán presenciales de nuevo. Se acabó vestir el pijama por debajo de la mesa ante la pantalla del ordenador, o el vaso de kubata al lado para hacerlas más llevaderas. Ni siquiera nos van a dejar esa maravillosa "secuela" de la pandemia que ha supuesto la tele-evaluación o los tele-claustros, y así no tener que desplazarse al centro escolar, ni estar con los colegas evitando discutir o mandar a la m*erda a más de uno o una. Total, para lo que sirven. En fin, ni siquiera nos quedará París. Volvemos a la vieja normalidad de las sesiones maratonianas y cansinas. Cada uno contando una batallita, un cotilleo de tal o cual alumno, una maldad del equipo directivo para, cuando me toque, revisar y cantar las notas. ¡Qué poco edificantes son la mayoría de estas sesiones supuestamente convocadas para compartir una valoración ajustada de los aprendizajes del alumnado! ¡Di cuáles son tus notas y vámonos que nos vamos!
Y si éramos pocos, parió la abuela, como diría el castizo. Viene la LOMLOE y, en vez de resolver algunos de los problemas existentes, nos enfanga a todos con la imposición de un sistema demencial de evaluación cuyo único objetivo es aumentar como sea los porcentajes de aprobados. Si ya era complejo -y prácticamente ilusorio- evaluar por competencias -cuando nadie trabaja un currículo por competencias-, ahora se nos suman otros parámetros que sólo los feligreses y los conversos consideran muy atinados pero que la mayoría de los docentes ni entienden ni quieren entender. Llueve sobre mojado. Son muchas leyes en pocos años las que han tratado de modificar la forma de evaluar y calificar al alumnado, ninguna con éxito porque el currículo sigue siendo prácticamente el mismo -salvo retoques decorativos de cara a la parroquia- y en la cabeza de cada docente sigue funcionando la clásica evaluación de conocimientos, mucho más clara y compartida por la comunidad educativa que cualquiera otra inventada desde arriba por los "expertos".
Ahí los quisiéramos ver, a los expertos nos referimos, enfrascados durante más de tres meses con varios grupos de alumnos, lidiando con ellos y con sus familias a diario, para después evaluarlos y calificarlos de acuerdo a un sistema dibujado por un iluminado en la mesa de un despacho universitario o del ministerio. Es como para partirse de risa. O como resolver un problema complejo con el cerebro de un pistacho. Imposible. Así que los docentes harán lo que ya saben, se aprenderán el nuevo vocabulario impuesto por la LOMLOE y adaptarán su forma de evaluar a la nueva nomenclatura. Y ¡santas pascuas! ¡no me líes, no me líes que ya están aquí las vacaciones! Y, aunque parezca mentira, es la posición más lúcida que se puede tener ante la idiotez. Porque no se puede discutir con un estúpido, hay que evitarlo. A los idiotas no se les convence porque no siguen ningún razonamiento lógico, sólo consignas y argumentarios. Son de pensamiento simple, voceros de cada párroco por turnos. Ellos creen que están salvados por obedecer, por tener una fe ciega. Ignoran que sólo son carne de cañón. Así que dejémosles tranquilos en su particular "nirvana" sea cual sea la "gloria" que les prometen. Y nosotros a lo nuestro. A aplicar el sentido común y tratar de que no nos roben nuestra responsabilidad a la hora de valorar los aprendizajes de nuestros alumnos. Es lo único que aún nos queda, nuestra dignidad profesional. Sin ella, sin ese amor propio, estará todo perdido.
Aquí les dejamos una sonrisa para acabar el año 2022. Una comparativa humorística de la evaluación hasta nuestros días. Que lo disfruten, que tengan unas felices fiestas y un feliz año nuevo. ¡Ay, dios, llévame pronto!
170.000 muertos aún no contabilizados bien del todo, ruina económica, confinamiento inconstitucional, colapso sanitario, paro laboral y fracaso tele-educativo llevaron a algunos voceros a predicar que si, a pesar de tantas desgracias, lográbamos salir de todo esto, lo haríamos más fuertes, concienciados y solidarios. Sólo algunos cenizos considerábamos que nada en la historia de la humanidad abonaba tan ingenuo optimismo social. Y en efecto, han pasado poco más de doce meses de "normalidad" y lo que se constata es que no hemos aprendido nada: ni somos más solidarios, ni estamos más juntos ni más concienciados de lo que es importante y lo que no.
En España seguimos a lo nuestro, a las pugnas cainitas por el poder protagonizadas por un conjunto de impresentables mentirosos de todos los colores del arco parlamentario. Ellos son la muestra representativa de una ciudadanía que olvidó rápidamente los malos momentos y los propósitos de enmienda que hizo durante el confinamiento. No son mejores ni peores que todos los demás. Es lo que hay. Las ambiciones y la desmemoria de los supervivientes campan por sus respetos. Otra vez. Como aquella sociedad europea que tras el final de la I Guerra Mundial hizo el firme (?) propósito de no volver a repetir nunca más aquella carnicería sin sentido, y bastó poco más de una década para hacer otra aún más cruel: la II Guerra Mundial. ¿Cómo ser optimista con estos mimbres?
Por lo que nos toca, la educación no tiene hoy mejores perspectivas que las que tenía antes de la pandemia. Sumidos en la implantación de una nueva ley partidista -la LOMLOE- tan inútil como todas las anteriores para resolver los verdaderos problemas del sistema educativo, ni siquiera escuchamos ahora el mantra de que es necesario un Pacto por la Educación para acabar con las pugnas partidarias y electoralistas que instrumentalizan la educación de todos de manera tan obscena.
Los docentes que se incorporaron para reforzar los desdobles y grupos de apoyo durante la pandemia van desapareciendo paulatinamente y las CCAA siguen haciendo números para ahorrárselos en los próximos cursos. No hay mejoras organizativas de los centros para atender a la diversidad del alumnado y, como ha ocurrido con los sanitarios, se ha olvidado el servicio que prestaron muchos docentes durante la pandemia a costa de su tiempo libre, de sus propios ordenadores y de su propia familia. Las buenas intenciones y las buenas palabras de entonces se las llevó el viento de un vendaval de aplausos tan sensibleros y cursis como inútiles, y ni se ha mejorado su dignidad profesional, ni sus condiciones laborales, ni su formación inicial. Volvemos a la vieja normalidad, a lo rancio del españolito mezquino y peleón, y no a la nueva y utópica normalidad que nos quisieron vender. Todo en ti fue naufragio, como diría Neruda.
Este 2022 está terminando y no podemos hacer un balance siquiera medio satisfactorio de la educación en estos doce meses sin el azote de la pandemia. No hemos aprendido nada. Así que aquí les dejamos con un pasodoble de la chirigota "los hinchapelotas" dedicado a nuestros políticos. Como dicen ellos, lo que se merecen es que les mandemos a chupar banquillo, a chupar candaos o a chupar barrotes. Pero que se vayan todos cuanto antes. José Saramago lo narró muy bien en su Ensayo para la lucidez. Y eso es lo que nos falta: lucidez y vergüenza.
"La lección" es el título de una serie de producción israelí que versa sobre la problemática de un profesor de secundaria -de educación cívica- con una alumna, al proponerle un trabajo en clase. La primera impresión que nos queda después de ver esta premiada y controvertida serie -de 6 capítulos- (en FILMIN) es aquella de que "mal de muchos, consuelo de tontos". Porque parece mentira que los problemas de un centro israelí sean tan parecidos a los que podemos encontrar hoy en los nuestros. Y más cuando se trabaja con adolescentes y jóvenes. En esto, la problemática que muestra la serie es de tal verosimilitud, sin caer en tremendismos ni sensiblerías, que se compadece punto por punto con nuestra realidad diaria como docentes, salvando las distancias y problemas propios de la sociedad hebrea.
La segunda, más sosegada, es que la educación en la cultura occidental está condenada al más absoluto fracaso por el camino que vamos y que la huida de los docentes será inexorable en los próximos años, primero a cuentagotas, después, en estampida, porque la presión que soportan por parte de padres, madres, directores de centro, inspectores, administración o sindicatos se muestra cada vez más asfixiante e invasiva. Para más inri, esta huida afectará a los más capaces y comprometidos con su profesión, los vocacionales, los que tratan de tomarse en serio la importante función social que se les ha asignado. A los docentes burócratas, los que van a firmar el parte del día y se largan del tajo cuanto antes, aquellos que tienen los papeles en regla pero no ponen en juego sus valores ni su personalidad en el empeño, les da igual que el sistema se caiga a pedazos con tal de que a ellos no les coja debajo. Quizás sea una posición más inteligente visto lo que se nos viene encima, pero desde la ética profesional es, sin duda, reprobable.
La tercera impresión, ya postrera, es que la serie es un golpe en la mesa, una denuncia en toda regla de la sociedad de la (des)información, la manipulación política, el cáncer de los móviles y las redes sociales, la relación de dependencia que crea en los más jóvenes, la desresponsabilización o incapacidad de las familias en la educación de sus hijos, su alejamiento de los valores modernos - que no postmodernos- de la institución escolar, el desconcierto del consumo desenfrenado, la injusticia de las brechas sociales creadas por el mercado, las ideologías nacionalistas, la banalidad de la violencia, etc..., Una compleja situación que proclama la muerte de la escuela como institución tal y como hoy la conocemos. Si no la matan entre todos morirá ella sola por inanición y, entonces, habrá que inventar otra cosa para "entretener" al personal que, si dios no lo remedia, vendrá con seguridad del mercado y/o la política en su peor acepción, para seguir siendo utilizada como semillero de consignas, de consumidores adocenados y sin capacidad de análisis, de analfabetos políticos y éticos, de incapaces sociales, de ciudadanos convertidos en meros clientes sin derecho a protestar siquiera.
Para que juzguen Vds. mismos, aquí les dejamos con un tráiler de la premiada serie "La lección" y les recomendamos que, si pueden, y aún no la han visto, le echen un vistazo. No se arrepentirán.
La educación siempre ha sido un campo abonado para que frívolos, vendepatrias, sinvergüenzas o "profetas" hagan su particular agosto, casi siempre por motivos económicos o electoralistas. Lo que parece mentira es que en pleno s. XXI aún tengamos tantos personajes de esta calaña paseándose por los alrededores del sistema educativo aunque, eso sí, se les nota a la legua que ni por asomo saben, ni quieren experimentar, lo que es la realidad de un aula a diario. Pontifican lo que tenemos que hacer los docentes o los medios que tenemos que utilizar en el aula, pero jamás se meterán en una cualquiera para aplicarse el cuento. Por eso viven siempre en la periferia del sistema educativo. Ahí, donde se está más "calentito" y alejado de los verdaderos y pringosos problemas de la docencia. Propónganle al político pontificio, al profesor experto o al señor inspector supervisor que hagan ellos mismos una demostración de lo que pregonan en una clase de 3º de ESO y verán lo rápido que se quitan de en medio. De ahí que autores tan reconocidos, sobre todo en otras latitudes, hayan defendido desde hace décadas que sólo los "prácticos", los docentes de a pie de clase, pueden articular alternativas viables, innovadoras o investigadoras en el campo educativo. La innovación, la reforma o la investigación educativas viajan siempre de abajo-arriba y no al revés, como demostraron Freire, Freinet, Montessori, Makarenko, Ferrer i Guardia y tantos otros. (Para ampliar el tema remitimos a obras de Andrew Hargreaves, John Elliott, Wilfred Carr, Ken Robinson o Walter Doyle, por citar tan sólo algunos ejemplos de este planteamiento desde distintas perspectivas).
Pero, desgraciadamente, la ansiedad, el desconcierto, la indefensión o la mala formación de muchos docentes les hace ser víctimas propiciatorias de ocurrencias, consignas, pócimas milagreras, sectas o tecnologías baratas que lo único que pretenden es ganar dinero, sumar feligreses o aglutinar poder gracias al complejo entramado de fuerzas y demandas que se esconden en el seno del sistema educativo de un país. No hay nada como la ignorancia, la soledad y la desorientación para que una persona busque desesperadamente la solución mágica, el pensamiento simple, la receta ideal que nos librará del mal, nos alejará de la realidad o nos permitirá lidiar con ella en mejores condiciones. Una búsqueda que sabemos destinada a la melancolía pero a la que muchos docentes no renuncian a pesar de los reiterados ejemplos que demuestran su ineficacia. En muchos casos dichos docentes parecen comportarse más como devotos abandonados en busca de dios, o de dioses, que como profesionales en busca de conocimientos o experiencias constrastadas. Es lo que genera en algunos la insoportable ausencia de respuestas sencillas y eficaces que les permita convivir con una realidad compleja, esquiva o insatisfactoria como suele ser su experiencia diaria en el aula.
Y de esta debilidad profesional se aprovechan muchos "listos y listas: políticos, gurús, empresas con mucho ánimo de lucro, sinvergüenzas, profetas, vendepatrias o meros delincuentes. Así que, hoy día, lo más importante para un docente es distinguirlos con rapidez, lo que no suele ser fácil porque sus propuestas suelen venir envueltas en bonitos discursos, regalos baratos, taimados chantajes o palmaditas en la espalda. Pero cualquier docente posee dos preguntas fáciles para desenmascararlos: ¿quién gana dinero o poder con dicha propuesta? y ¿qué fundamentos científicos o experimentales la sostienen? Sí, exactamente como se podría desenmascarar a cualquier vendedor de crecepelo milagroso.
Sólo los docentes somos capaces de generar conocimiento profesional contrastado. No lo hará por nosotros ningún político, ninguna empresa, ningún profeta, ningún mago sin magia. Mientras estemos esperando que alguien de la periferia -o del rompimiento de gloria- del sistema nos resuelva la papeleta diaria seguiremos siendo vendidos al mejor postor, esperando el maná que nunca llega, la ley que nunca resuelve, el cacharrito que nunca funciona.
Alejémonos de estos "comemieldas" -como diría un habanero castizo- y construyamos, aunque sea lentamente, un conocimiento profesional propio. Huyamos como de la peste de soluciones simplistas, curas laicos o confesionales, payasos cantamañanas o aparatitos milagrosos. Colaboremos y cooperemos entre nosotros, desconfiemos de cualquier ley por mucha "calidad" que pregone y demandemos más recursos, más dignidad profesional y mejores condiciones laborales. Esa sí que es una responsabilidad de los poderes públicos. Lo demás, enseñar, educar, debe ser cosa nuestra. Nuestra responsabilidad.
El saqueo sistemático que estos comemieldas están haciendo a costa de la dignidad, la autoridad y la autonomía pedagógica del profesorado es parecido al siguiente vídeo de José Mota. Reírse, reírse.
Analicemos un caso real sucedido hace años en un instituto de secundaria. Ocho alumnos procedentes de otro centro del mismo barrio se matriculan en primer curso del grado medio de FP de Informática. Al poco de ingresar, finales de septiembre, la tutora del grupo demanda al Departamento de Orientación que el equipo docente tiene un problema con dichos alumnos: no se enteran de nada y, por tanto, no pueden participar en clase, ni hacer los ejercicios. No sufren de sordera ni nada por el estilo, simplemente, no entienden las explicaciones de los profesores ni saben los rudimentos básicos de aprendizaje: lecto-escritura, hábitos de trabajo, conocimientos básicos, etc... Incluso llegan a sugerir si no estarán aquejados de algún tipo de discapacidad o trastorno.
Despejado cualquier tipo de discapacidad o trastorno de aprendizaje que les impida seguir las clases, el orientador observa en los expedientes que los ocho han obtenido el Título de la ESO, si bien con unas calificaciones muy bajas y varias materias suspensas. Puestos en contacto con la orientadora del centro de procedencia de los alumnos, esta les comenta que los equipos docentes les otorgaron el Título a dichos alumnos bajo la condición de que las familias, que insistieron mucho en que se les diera el título, no los matricularan en Bachillerato ni en grados complicados de FP. Como quiera que dicha condición no se contempla legalmente, es obvio que las familias hicieron a continuación lo que consideraron más oportuno. Y ante la pregunta de por qué los habían matriculado en el grado medio de informática contestaron que a sus hijos les gustaban mucho los ordenadores, lo que evidenciaba un gran desconocimiento de los requerimientos académicos de dicho grado.
Reunidos -orientador y tutora- con las familias de los ocho alumnos, se les informó de que el grado en que los habían matriculado estaba muy lejos de sus posibilidades académicas reales, ni siquiera con ayuda, por lo que estaban abocados a la frustración y al fracaso. Las familias, sorprendidas e indignadas a partes iguales, preguntaron qué se podía hacer entonces. Se les comunicó que deberían intentarlo en otro tipo de estudios más acordes con sus capacidades e intereses. Al insistir en el tema informático se les informó que existía -por entonces- un Programa de Garantía Social de dicha familia profesional pero que, al poseer el Título de la ESO, sus hijos no podían acceder al mismo. Las familias dijeron que esa posibilidad no se les había comunicado -lo que la orientadora del centro negó después-; entonces, decidieron solicitar al centro de procedencia que se les retirara el título concedido, pero se les comunicó, lógicamente, que eso ya no era posible. A la sorpresa e indignación le siguió la desolación. ¿Y ahora qué hacemos? ¿Es posible matricularlos en alguna otra enseñanza para este curso? ¡No los vamos a dejar en casa sin hacer nada!
Esta es una de las situaciones más tristes que genera la "estafa" de otorgar títulos, de aprobar materias, sin haber alcanzado los conocimientos necesarios. Al final, son las familias y sus hijos los que sufren esta aparente ilusión de "regalar" títulos y aprobados que, a la postre, no sirven para nada, tan sólo para enmarcarlos en el salón de casa. De este modo, los porcentajes de aprobados y titulados pueden seguir creciendo a costa de la rebaja de contenidos o de la menor exigencia en la evaluación y titulación, pero dichos porcentajes no serán otra cosa que un gran engaño, una estafa masiva, que recaerá sobre las espaldas de los más desfavorecidos. Con esta barata política igualitaria el sistema educativo dejará de ser un instrumento de "ascenso social" a través del logro personal, porque todos habrán "ascendido" engañosamente. Aunque, desde luego, será la realidad académica posterior o, peor aún, el propio mundo laboral los que, lastimosamente, se desharán de todos aquellos que no cumplan los requisitos supuestamente alcanzados por una titulación engañosa.
La política de abaratar exigencias y conocimientos, el eslógan de "títulos para todos", tanto en la enseñanza secundaria como en la universidad, va a tener un alto coste social y laboral cuyos perversos efectos sufriremos en poco tiempo, sobre todo, los sufrirán los de siempre, los más desfavorecidos -porque las clases medias-altas ya se buscarán sus propios mecanismos para sortearlos-. Mientras, los partidarios del igualitarismo populista y la propaganda "yuppi", los detractores del esfuerzo y de los conocimientos, se irán de rositas sin responder de sus errores e, incluso, algunos ilusos aún se creerán que estábamos en el mejor de los mundos posibles. Sentimos desilusionarlos ahora. Pero la realidad lo hará después, y de manera aún más cruel.
Nosotros, al menos, lo haremos con una sonrisa. Y, si no, vean ese futuro en el siguiente vídeo de José Mota.
La actual LOMLOE, como otras leyes educativas anteriores, quiere imponer un nuevo diseño de la programación de aula a los docentes cuyo único fin -oculto- no es otro que el de aumentar los porcentajes de aprobados, aún tan mermados a pesar de los esfuerzos de nuestros políticos educativos por devaluar los conocimientos y los aprendizajes desde la LOGSE (1990). De camino, se lleva por delante la competencia del profesorado en la programación de su enseñanza, su autonomía pedagógica, las necesidades y exigencias de su práctica docente y el sentido común. Hemos llegado a esta conclusión descartando las opciones más probables. Veamos.
"Afuera parte" de los desatinos conceptuales de la programación que se quiere imponer -y que ya hemos analizado en entradas anteriores- no encontramos otro motivo de este improvisado cambio que el de incrementar la complejidad -confusión, mejor dicho- del nuevo diseño de situaciones de aprendizaje para que el profesorado se entretenga más en hacer dicha programación en papel que en mejorar realmente la práctica docente y la evaluación del alumnado. En Andalucía, los inspectores -con la ayuda ovina de muchos equipos directivos- están obligando a hacerlas a modo de "ejercicio", como si los docentes y alumnos fueran cobayas de un experimento, o como si no tuvieran otra cosa mejor que hacer que perder el tiempo en esta estupidez.
Estupidez -aunque más bien sinvergonzonería- por lo siguiente: en primer lugar, llama la atención que desde la reforma LOGSE no se haya acompañado cualquier cambio conceptual o instrumental en la enseñanza por un conjunto de materiales didácticos ejemplificadores a modo de orientación o ayuda y no como obligación -recuérdense las denominadas "cajas rojas y verdes" de entonces-, sino que se haya actuado a golpe de normativa para que los docentes cambien -sin motivo expreso ni argumento alguno más alla de la propia ley- sus prácticas de enseñanza, siguiendo así la consigna habitual de las criticadas "reformas ilustradas" (hagamos una ley y después formemos al profesorado para que la entienda) que cursan de arriba-abajo (yo ordeno y tú obedece), una estrategia política que siempre se ha constatado errónea y contraproducente.
En segundo lugar, no existe ningún cuerpo de investigaciones o estudios que haya demostrado que esta forma de programar sea más efectiva o adecuada que las anteriores. Como ocurre desde hace décadas en nuestro país, se implantan instrumentos, protocolos, programas, diseños e instrumentos didácticos que no gozan de ningún apoyo experimental previo, ni reconocimiento internacional, ni surgen de las propias prácticas educativas, sino que se lanzan para, a posteriori, inundar con "expertos" y "cursillos" de aluvión la oferta de la llamada (de)formación permanente (CEP´s, fundaciones con ánimo de lucro, colectivos de iluminados, magos y gurús, cuyo principal fin es hacer pasta con los incautos). Y en tercer lugar, no se pueden imponer instrumentos o técnicas didácticas o pedagógicas desde el BOE, o desde el BOJA. Los boletines oficiales no están pensados para eso. Estas iniciativas deben surgir de investigaciones independientes o de las propias prácticas consensuadas del profesorado no universitario, y que son publicadas habitualmente en medios o revistas específicas de reconocido prestigio.
Por todo ello, la única justificación que nos queda para ordenar este cambio improvisado y nada razonado del diseño de la programación de aula de la actual LOMLOE es el intento de confundir y dificultar la evaluación del alumnado con el innoble propósito de aumentar los exiguos porcentajes de aprobados en nuestro paísy reducir el número de repetidores. Iniciativa, por cierto, que podría considerarse continuista con la implantación de las llamadas programaciones por "unidades didácticas" de las anteriores LOGSE y LOE socialistas. Otros lo llamarían simplemente engaño o estafa.
Seguimos defendiendo, para terminar, que debe ser el profesorado en ejercicio el que debe tomar la decisión de cómo programar la enseñanza en su aula, evidentemente de acuerdo a lo establecido en el Proyecto Educativo del centro. Pero, esta programación se puede organizar por temas, centros de interés, proyectos de trabajo o unidades didácticas, o una mezcla o secuencia de todo ello; y puede escribirse en ordenador, en papel cuadriculado o de dos rayas o grabarse en una "barra de nieve" y, desde luego, no tendría por qué subirse al programa Séneca si no se quiere. En cualquier caso, sigue siendo una estupidez -y lo sabemos desde el establecimiento de los Programas Renovados de la UCDen 1981- el evaluar o supervisar las programaciones de papel cuando lo que interesa es evaluar las prácticas en un aula concreta, de un centro concreto, en un lugar concreto, por un docente concreto. Cualquier otra ocurrencia estará destinada al fracaso, a la mera sumisión burocrática o al claro rechazo de lo que se pretende. Nada bueno para nadie, y menos para la educación.
Es verdad que en este blog hablamos mucho de tonterías y estupideces cometidas por nuestros políticos educativos u otros actores educativos. Pero si creen que la estupidez es un problema menor que la maldad y que no merece nuestra atención o condena sino nuestra compasión, deben de ver el siguiente vídeo: la Teoría de la Estupidez de Bonhoeffer. Son más peligrosos los estúpidos que los malvados. Cuidado.
¿España es un país centralista o descentralizado en materia educativa? Buena pregunta. Aparentemente es un país descentralizado -mejor descoyuntado- en diecisiete CCAA, en diecisiete sistemas educativos, dicen algunos. Todas con competencias plenas en educación exceptuando Ceuta y Melilla que dependen del Ministerio. En consecuencia, todos los preámbulos y articulados de las diferentes leyes educativas proclaman -cómo no- la tan cacareada autonomía pedagógica de los centros y de su profesorado a la hora de diseñar y desarrollar la enseñanza. Pero, lamentablemente, hemos de recordar que por más que se escriba una mentira, incluso en el BOE o en el BOJA, no se convierte jamás en una verdad.
Hemos logrado en treinta años una hazaña única: nuestro sistema educativo posee lo peor de los sistemas centralizados -regulación profusa y rígida a nivel nacional, ausencia de toma de decisiones reales en los centros escolares, reformas ilustradas dictadas desde arriba, supervisión ideológica...-, y lo peor de los sistemas descentralizados -descoordinación entre CCAA y Estado, ausencia de evaluaciones del sistema nacional, incoherencia curricular, pugna y brecha entre territorios...-. Un carajal. Partiendo de lo ideal, como nos ocurre tantas veces, hemos hecho un pan como unas tortas. Eso sí, un pan muy caroque consume gran cantidad de recursos públicos y que, para colmo, se invierte y gestiona de manera desigual y poco eficiente, lo que ha provocado brechas insalvables entre las CCAA. Una divergencia que, lejos de reducirse en democracia, ha seguido aumentando con los años y configurando comunidades ricas y comunidades pobres. Como ejemplo: el gasto por alumno/año en País Vasco o Navarra casi duplica el de Andalucía -según datos de 2018 del propio MEC.
Pero, centrémonos en el tema. Frente a la apariencia legal de descentralización educativa -más bien descontrol que otra cosa- la autonomía pedagógica de los centros y de los profesores hoy no es más que UN CUENTO. Un patético cuento de hadas -íbamos a decir chino, pero no queremos herir susceptibilidades culturales- que se reproduce en el BOE una y otra vez desde la Constitución de 1978. Desde ese origen, la intención oculta de nuestros administradores públicos siempre ha sido cómo poder conciliar un aparente "estado de las autonomías" con un sistema educativo centralizado, esto es, controlado y dictado desde arriba hasta en los más tontos detalles, dejando sólo unas migajas para las poco fiables CCAA, y ni eso para los centros y los docentes que, prácticamente, tienen poco que decidir que sea verdaderamente significativo: la metodología, dicen algunos ingenuos. (Un inciso: incluso aunque el Estado les dejara un amplio margen de decisión a las CCAA, muchas de ellas no harían otra cosa que acabar en sus propios territorios con la autonomía pedagógica de sus centros y de sus docentes, y volveríamos al mismo problema).
Este pecado original -descentralización política y vocación de centralismo educativo- ha generado distorsiones, traiciones y abusos tales que muchos ya comienzan -y no sólo los de Vox- a pedir el regreso a un Estado centralista en todos sus términos, prioritariamente en el ámbito educativo, queriendo acabar así con las competencias de las CCAA. Hay que recordar que el estado de las autonomías se articuló para dar acomodo a las reivindicaciones nacionalistas de las comunidades "históricas" -como si las demás no lo fueran- pero, a la postre, parece haberse convertido en un estado fallido que no ha resuelto el problema inicial y, encima, lo ha agudizado; además, de resultar muy caro de mantener. Quizás el diseño inicial no estaba mal pensado sobre el papel -Constitución del 78- pero viene naufragando desde hace años por causa de un desfile interminable de políticos incompetentes, desleales, mediocres, traidores, orates y cortoplacistas, incapaces de ver el todo para conformarse con las hojas de los rábanos. Quién le iba a decir a los "padres constitucionales" que sus hijos les saldrían ranas, cuando ahora lo que se lleva es matar al padre y encamarse con la madre patria -siguiendo a Freud.
En fin, a lo que vamos, la prueba del algodón de todo este desaguisado provocado por el reiterado uso partidista y autoritario de la política educativa no es otra cosa que un profundo desprecio-por y una gran desconfianza-en el profesorado. Dando la razón a algunos de volver al franquismo sociológico o, quizás, es que no lo hemos abandonado del todo nunca. Si no, no se explica ese uso machacón y torticero de la educación que siempre ha negado de facto cualquier atisbo de autonomía pedagógica real por parte de centros y docentes. Si no se la cargara el Estado, se la cargarían las propias CCAA. Aquí están algunos ejemplos de lo dicho: la renuncia definitiva a la reforma de la formación inicial del profesorado, la aplicación de reformas cosméticas de los cursos de capacitación para docentes -ahora MAES de secundaria-, la determinación del 120% de los contenidos curriculares -Reales Decretos de Enseñanzas Mínimas, ¡ja!- para que ni las CCAA ni los centros puedan introducir los propios, la ausencia de controles de calidad educativa pero sí de supervisión ideológica de centros y de docentes a través de los servicios de inspección autonómicos, el deterioro institucional de la Alta Inspección o la aplicación de "reformas ilustradas" de arriba-abajo que nunca cuentan con el profesorado ni con la ciudadanía.
En fin, en la actualidad, lo de la autonomía pedagógica no se lo cree nadie por más que lo sigan escribiendo en los papeles oficiales. Y, quizás, lo más triste de todo sea que un sector del profesorado ni la quiera, porque autonomía pedagógica exige formación y responsabilidad profesional para justificar y dar cuenta de las decisiones que se toman. Y en un sistema educativo agotado, con un profesorado acostumbrado a obedecer consignas y seguir dócilmente ocurrencias de iluminados, a pasar páginas de libros de texto realizados por otros para ganar dinero, a ser desautorizado por las propias instancias educativas cuando no directamente agredido por unos pocos desalmados, es muy fácil caer en la desprofesionalización, la desgana y la alienación laboral. Así, que ¡vivan las caenas! y que decidan otros.
Es triste, pero un profesorado cautivo y desarmado lo último que pedirá será autonomía pedagógica; por el contrario, se tragará su dignidad, obedecerá mansamente lo que le manden y huirá de los problemas siempre que pueda. Así cree que sobrevivirá más tiempo en el tajo, quizás, pero al final TODOS, TODAS, perderemos el partido, incluso los irresponsables políticos que nos han conducido hasta aquí, eso sí, con la ayuda inestimable de nuestros votos. Que todo hay que decirlo.
Cathedra mea, regulae meae -mi silla, mis reglas. ¿Autonomía pedagógica?: una silla y unas reglas tan perdidas como el arca de la alianza. ¿Cómo recuperarla? ¿Necesitaremos a Indiana Jones? Malos tiempos para los héroes y para la poesía. Sólo se nos ocurre lo que nos muestra el siguiente vídeo para poder hacerlo. Saquen sus propias conclusiones. A veces pensamos que no estaría mal resetearlo todo y comenzar de nuevo.
No aprendemos. No aprenden. ¿Se acuerdan los más veteranos del lugar cuando hubo que hacer "sábanas" de objetivos generales, específicos y operativos? ¿Y algunos algo más jóvenes cuando hubo que diferenciar entre conceptos, procedimientos y actitudes para programar bien? ¿Y cuando hubo que programar por competencias y descriptores operativos? ¿Saben para qué sirvieron todas esas ocurrencias? Claro que se acuerdan: PARA NADA. Bueno, sí, para que muchos perdieran la paciencia, el ánimo y el tiempo.
Ahora, con la LOMLOE, nos vienen con el diseño de situaciones de aprendizaje como algo esencial y novedoso para realizar las programaciones de aula. La clave de bóveda sobre la que descansará en el futuro la calidad educativa de nuestro país. ¡Ja! ¿Qué opinan? Pues sí, eso, ¡menudo timo! Otro. ¡Y encima inventado por los mismos listos que obligaron a miles de docentes a separar conceptos, procedimientos y actitudes ¡cuando la LOGSE en 1990!: el sr. CésarColl y la sra. Elena Martín, dios los confunda. Si en 1990 estaban equivocados -como bien se demostró poco tiempo después- al separar lo que no se podía separar -pues los aprendizajes deben ser integrados y no se puede programar la enseñanza de un procedimiento o actitud si no se trabaja, al mismo tiempo, un determinado concepto y viceversa-, ahora vuelven a liarla con la distinción entre diseño de unidad didáctica y diseño de situación de aprendizaje. No aprenden. No aprendemos.
Vamos decirlo a las claras: obligar al profesorado a diseñar situaciones de aprendizaje para programar ES UNA SOLEMNE ESTUPIDEZ. Eso sí, que les hará ganar dinero a unos cuantos listillos de segunda fila que se dedicarán a dar cursos y publicar libros, les dará una excusa a unos cuantos que quieran utilizarlo -inspectores, directores, jefes de estudios...- para fastidiar a los docentes e intensificar su puesto de trabajo sin ninguna contrapartida a cambio, y entretendrá a unos cuantos aburridos de la enseñaza o ingenuos profes que se crean esta memez y quieran aprender el "nuevo mensaje divino" que nos acercará a la tierra prometida.
¡Virgen santa! Si de verdad el diseño de situaciones de aprendizaje fuera la clave para programar y enseñar bien ¿por qué no empiezan por introducirlo en la formación inicial del profesorado? ¿por qué no obligan al profesorado universitario de los grados docentes y del MAES de secundaria a aprender y trabajar con dicho diseño? ¿Saben por qué? Porque nadie les haría caso. El respeto a la autonomía universitaria se lo impediría: cathedra mea, regulae meae.Mi silla, mis reglas. Que es lo que debería defender el profesorado no universitario, sí, nuestra cacareada autonomía pedagógica. (Y dicen que el latín no sirve para nada).
Pues hete ahí, que a los pobres docentes de a pie se les aparece un grupo de trasnochados universitarios -que jamás han programado nada en un aula- a decirles cómo tienen que programar sus clases. Vamos a ver, ¿conocen Vds. que la programación docente, o sea, el tercer nivel de concreción curricular, es competencia exclusiva del profesor/a en su aula?, ¿saben que cada docente puede explicitarla, escribirla o no, como le venga en gana? ¿No hacen gala de que la LOMLOE apuesta por la autonomía pedagógica de los centros y de su profesorado? ¿A qué viene, entonces, esta intolerable invasión de competencias sobre un profesorado ya harto y cansando de tantas pamplinas burocráticas, de tantos inútiles papeles que lo único que hacen es entorpercer la práctica docente? ¿Dónde están los sindicatos y las asociaciones del profesorado para combatirla? Cathedra mea, regulae meae.
Hay que negarse a hacerla (pinchen por favor en este enlace), aunque podríamos hacerlo también al estilo Bartleby, el escribiente de Melville: y diríamos a quien nos la pidiera "preferiría no hacerlo" y ¡santas pascuas! Que cada docente programe sus clases como quiera y que los defensores de la LOMLOE se vayan a fastidiar a la universidad, que buena falta le hace a la mayoría de su profesorado programar bien las nefastas y aburridas clases que da!
¿Quieren ver a dónde nos llevará esta obsesión por los papeles y la burocracia? Pues vean el siguiente vídeo de Cruz y Raya e imaginen que es un docente cuya programación es supervisada por un inspector. ¡Nos falta el boniato! ¡Vaya por dios!
Es una evidencia -que se suele ocultar- que carecemos de un profesorado bien formado y bien seleccionado. Y sin un buen profesorado poco se puede hacer para mejorar el sistema educativo por muchas leyes que se promulguen y mucho dinero que se invierta -que no es nuestro caso-. Ninguna de esas leyes -y ya van ocho- ha acometido una profunda reforma de la formación inicial de los docentes españoles desde 1975. Todas han sorteado esa patata caliente, tanto las de izquierda como las de derecha. Lo que nos hace suponer que a nuestros políticos educativos no les interesa el tema. Se conforman con lo que hay, cuanto menos prestigio tengan los docentes menos se les pagará y más se les podrá manipular o engañar. Así se duro.
Eso sí, quien pierde es la calidad de la educación que se desarrolla con el alumnado y, por extensión, el país entero y su futuro. Pero eso les da igual, desgraciadamente no disponemos de políticos serios que miren más allá de cuatro años, o más allá de sus propios ombligos. Así que, para solucionar este grave problema ya tenemos la solución adecuada. La teníamos delante y no queríamos verla. Pero es muy simple. Se trata simplemente de RENUNCIAR A TENER UN PROFESORADO BIEN FORMADO. Hay que reconocerlo de una vez por todas. Porque, si no, ¿para qué los mantenemos tantos años formándose inútilmente, gastando un dinero público que se tira por la alcantarilla? ¿No podríamos ahorrárnoslo?
Cuatro años para superar un grado, más uno para hacer un máster, más otros dos o tres para superar unas oposiciones, y 500 horas de cursillos varios. ¡Y ni aún así están bien formados! La prueba es que los CEP´s andaluces siguen ofertando al profesorado cursos de 25 horas ¡para diseñar situaciones de aprendizaje! Si después de casi diez años de formación aún son necesarios este tipo de cursos que abordan lo más básico que debe conocer un profesional docente, ¡apaga y vámonos! ¿Se imaginan si eso ocurriera con los médicos? ¿Si después de diez años de formación tuvieran que hacer un curso de 25 horas a distancia para saber "cómo curar un resfriado"? Sería un desastre sanitario global. La pregunta que hemos de hacernos entonces es ¿de verdad son necesarios ocho, nueve o diez años para (mal)formar un docente en España? Pues claro que no. Proponemos cambiar de perspectiva. Para adquirir lo poco que saben de didáctica y de práctica docente a nuestros futuros profes les bastaría con superar una FP de grado medio diseñada al efecto. ¡En dos cursos los tendríamos igual de mal formados que ahora! ¿Han pensado el ahorro de tiempo, energías y dinero que eso supondría, tanto para el Estado como para los usuarios? Incluso podríamos suprimir de un plumazo los CEP´s. ¿Para que invertir en algo tan inútil que se limita a enseñar el "Catón" a los docentes? Otro ahorro económico.
Miren Vds.: los políticos no quieren, la ciudadanía no lo demanda, los docentes no se enteran y los alumnos cuanto más torpe sea el profe y más mediocre sea su enseñanza más posibilidades de aprobar tienen. ¿Por qué no lo decimos ya alto y claro? ¿Que otros países gastan una fortuna en formar buenos docentes, para que sean prestigiados social y económicamente y gocen de autonomía profesional para ejercer su labor?, ¡Eso es cosa de locos! ¡Eso es tirar el dinero! Que miren cómo nos va en España, somos la envidia de occidente.
Algunos dirán que somos los últimos en los ranking de calidad educativa, de inversión y de resultados académicos, que no tenemos un premio Nobel científico desde Severo Ochoa en 1959, que los pocos mejores huyen de España a otros países..., pero, por dios, eso son opiniones de los resentidos de siempre. ¿No hemos ganado un mundial de fútbol y dos Eurocopas? ¿No tenemos a Rafa Nadal y Carlos Alcaraz? Pues, entonces. ¡Que piensen y aprendan los demás, nosotros a jugar y a divertirnos! ¡Somos el país de vacaciones de Europa! Con camareros, conserjes, monitores, limpiadores y masajistas ya nos sobra para ser una potencia de primer orden. Sí, turística, ¿y qué? ¿Lo demás para qué nos sirve?
Y esto son algunas cosas de lo que pasa con los malos profesores. Ríanse un rato con "el profe me tiene manía" de José Mota.