viernes, 23 de julio de 2021

La era de la vanidad

"Estamos ante la invasión de los imbéciles".   Umberto Eco. De la estupidez a la locura. Ed. Lumen. 2016


                    INCOMPETENCIA SOCIAL Y CIUDADANA                   

El siglo XXI, con la extensión de internet, las redes sociales y los teléfonos inteligentes, puede ser calificado, hasta el momento, como la Era de la Vanidad. El idiota hipermoderno (en J.C. Ruiz) siente un orgullo desmedido por su persona y sus "méritos", así como un afán excesivo de ser admirado por ellos, aunque esos "méritos" no sean otros que su propia y "desnuda" imagen. De este modo, la vanidad suele remitir a la arrogancia y a lo insustancial, a lo hueco y lo vacío. Veamos. Esta Era de la Vanidad del s. XXI puede ser representada por uno de los instrumentos más idiotas y populares que se conocen: el selfi. Las redes sociales están llenas de estas autofotos que, como nueva pandemia, afecta no sólo a los álbumes digitales -que se confeccionan como una insoportable e interminable sucesión de selfis- sino a las cabezas huecas -vanas- de sus usuarios.

Y no nos referimos tan sólo a aquellos selfis letales que han provocado la muerte de sus protagonistas en un ejercicio de vanidad posturera y postrera -algo parecido a lo que le ocurrió a Narciso, que se ahogó en un lago enamorado de su propio reflejo- sino al selfi como paradigma de una nueva era de insustancialidad y alejamiento de la realidad. Es cierto que esta moda tonta e inane afecta más a los jóvenes, pero son muchos los "adultos" cronológicos que se han abandonado a ella como fervorosos fieles. 

De este modo, por ejemplo, los viajes se valoran en la medida que el viajero se hace fotos delante o al lado de monumentos, paisajes, museos, obras de arte, restaurantes, etc., y no tanto por el goce de la experiencia directa al participar de estos eventos. Es algo así como considerar que el valor de la obra de arte reside en quien está a su lado, y no en sí misma. De hecho, estamos hartos de ver en los museos que el personal se arremolina y espera paciente a que le llegue el turno, pero no para admirar con detalle un cuadro famoso, sino para hacerse el correspondiente selfi. Así, para el vanidoso moderno, el valor de la obra parece contribuir, como por arte de selfi, a agrandar su "autoestima". Una vez hecha la foto, contento de la misión cumplida, salta a la siguiente obra sin interesarse, ni entender, ni disfrutar con lo que tiene delante de sus narices, ni falta que le hace. Porque, realmente, el vanidoso no quiere ver sino verse, para que, después, los demás -los ausentes- lo vean y, a continuación, lo valoren y admiren por su "intrepidez" y "sabia presencia": sí, exacto, un idiota contemporáneo.

Del mismo modo, las poses "seductoras" y/o ligeras de ropa son hoy moneda de cambio en las redes sociales para "vender" una máscara, un avatar, un extraño yo que resulta tan falso y patético como vacuo. Podríamos entender que esta tendencia fuera concebida como una forma más de esa etapa adolescente que adora los espejos, pero el fenómeno va algo más allá, no sólo por la edad en que se presenta -vemos a muchas señoras y señores ya talluditos haciendo las mismas tonterías adolescentes- sino también por cuanto se refiere al significado de un empoderamiento o entronización irreal y fantasiosa de la propia imagen que, a la larga, puede afectar negativamente a la identidad y a la autoestima del sujeto "ensimismado" y fuera de la realidad.

A la postre, esta Era de la Vanidad  conducirá inevitablemente al cansancio y al hastío y al aburrimiento, cuando no al trastorno mental y/o social. Porque la realidad suele ser tozuda y como decía la canción de Serrat, no es amarga la verdad, lo que no tiene es remedio. No se puede huir permanentemente de ella, y cuando cae sobre nosotros no hay selfi ni vida on line que llene ningún vacío, ninguna soledad. De hecho ¿cuántos selfis se vuelven a ver una vez hechos y publicados? Por tanto, la responsabilidad que tenemos como educadores ante los jóvenes pasa por desvelar en la escuela las trampas de esta estúpida Era de la Vanidad en la que estamos instalados desde hace años y, en consecuencia, ayudarles a construir un proyecto vital anclado en sus características personales, deseos y posibilidades reales sin hurtarles las dificultades y desvaríos que presenta el tiempo que les ha tocado vivir y el futuro al que se han de enfrentar.

Si quieren abundar en el tema, la neurótica dualidad que nos presenta hoy la vida on line y la vida off line, así como las consecuencias que ha tenido la pandemia en nuestra vida personal y social, vean esta entrevista al escritor y politólogo argentino Agustín Laje sobre la denominada "Generación de los Idiotas" en la que estamos instalados.


                      

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