viernes, 10 de junio de 2011

Un currículo del XIX, un profesorado del XX y un alumnado del XXI


INCOMPETENCIA DE APRENDER A APRENDER

En Educación, lo que menos avanza, lo más desfasado -además de las edificaciones escolares que aún siguen instaladas en el modelo industrialcarcelario- es el currículo que se imparte en los centros educativos, más cerca del Trivium y el Quadrivium medievales, o como mucho de las reformas industriales y la educación de masas de finales del siglo XIX, que de los retos que habrán de afrontar los jóvenes en el complejo mundo del s. XXI. La rémora es ya grande, convirtiéndose el currículo tradicional, academicista y mediocre, en una losa educativa cada vez más pesada -cada vez más inflada- que nadie parece capaz de cambiar o al menos aligerar. Y esto a pesar de que se reconoce -eso sí, de puertas para dentro- la imposibilidad de impartirlo entero, el aburrimiento mortal que produce tanto en enseñantes como en estudiantes o lo efímero de su adquisición, ya que al cabo de un año desaparece el 80 % o más de la información memorizada (Pueden hacer la prueba los docentes que no se lo crean con sus propios alumnos, o si no, traten de valorar lo que aún recuerdan de lo que  estudiaron en la facultad).

Mientras tanto, desde los años setenta con la EGB (Ley de Educación General Básica de 1970) la "política educativa", tanto de la derecha como de la izquierda, no ha hecho otra cosa que engordar y engordar, inflar e inflar el currículo escolar, reforma tras reforma, sin cambiar lo básico, tan sólo la "decoración". Y no es cierto que la "izquierda" -ya, ya- haya desinflado el currículo como se le critica, sino que, por el contrario, ha tratado de añadir al que ya existía un sinfín de temas -transversales, valores, folklore, mitologías nacionalistas de turno, etc.- que ya lo han convertido en un engendro imposible de digerir, siquiera de memorizar, porque de aprender, lo que se dice aprender, de eso no estamos hablando cuando hablamos del currículo actual vigente, tanto en Andalucía como en otras CCAA del estado español. Para ello, basta comparar el currículo prescrito por la LOGSE (1990) con el de la LOCE (2002) y el actual de la LOE (2006): sí, una tarea aburridísima, pero aleccionadora de lo mucho que se parecen entre sí salvando los "aspectos decorativos" de unos y de otros. Desgraciadamente, a n uestro país no ha llegado aún con suficiente fuerza la interesante propuesta less is more (menos es más) aplicada al currículo, y que merecerá alguna entrada de este blog más adelante.

En lo esencial, llevamos décadas erre que erre con el mismo currículo escolar, una especie de círculo vicioso: machaqueo cansino de las instrumentales básicas -Matemáticas y Lengua Castellana y Literatura-, y en los últimos años  preocupación europea por el aprendizaje -y malo- de una lengua extranjera que los alumnos no consiguen aprender ni tan siquiera en los centros llamados bilingües. Las Ciencias y las Tecnologías -tanto "Cono" en Primaria, como las disciplinares (Física, Química, Tecnología...) en Secundaria- aparecen en segundo plano y con planteamientos más bien enciclopedistas-academicistas, y las Artes (Música, Plástica, Danza...), la Filosofía-Ética y la Educación Física siguen siendo las tres "marias" que acompañan al "jesús" curricular flanqueado siempre por las Matemáticas y la Lengua en el "calvario" del aprendizaje.

Por lo visto, los alumnos y alumnas del s. XXI no necesitan tener "cuerpo" -salvo como transporte para sus cabezas- ni valores ni ritmo ni creatividad ni sensibilidad. Además no tienen que aprender ni a convivir, ni a desarrollar sus emociones, ni a construir, ni a construirse como persona ni a decidir. Al menos, el 50% del horario semanal escolar -seguramente más en Primaria- se dedica hoy a las instrumentales (Matemáticas, Lengua Castellana y Lengua Extranjera) generalmente con planteamientos memorísticos o gramaticales, nada funcionales, de ahí el desastre en la adquisición de competencias comunicativas o de razonamiento que padecemos a pesar de tantas horas dedicadas a dichas materias. La cuestión curricular no se resuelve, pues, con más de lo mismo y más horas instrumentales -como pretenden nuestros políticos educativos anclados en el s. XIX- sino con planteamientos más propios de las necesidades educativas de unos jóvenes que afrontarán el "marrón" que, desgraciadamente, les vamos a dejar nosotros en este siglo XXI.

Hace falta repensar el currículo escolar para el s. XXI y un buen punto de partida lo fijó la Comisión de la UNESCO presidida por J. Delors hace diez años, en los cuatro pilares básicos: aprender a convivir, aprender a ser, aprender a hacer y aprender a conocer. Si seguimos con el Trivium y el Quadrivium curricular formaremos muy bien para que sean caballeros de la Edad Media o, como mucho, obreros industriales del XIX, pero perderemos el futuro y, ahora, malgastaremos el tiempo y las ganas de enseñar y aprender de muchos profesores y alumnos.

Es el momento de volver a escuchar de nuevo a Sir Ken Robinson para reirnos un poco de todo esto y perder el miedo a cambiar las cosas...






2 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo con tu análisis del currículo. Lo sufrí como estudiante, de primaria a universidad, lo sufro como profesor y lo requetesufro como padre. ¡Y las instrumentales! Conozco un centro que instauró un programa bilingüe en la ESO tan exitoso que al terminar 4º la primera promoción casí ningún alumno quería seguir en Bachillerato.
    Pero a nadie parece importarle mucho lo que sucede dentro del aula cuando se cierran las puertas. En todo caso, si se plantea algún cambio es para aplicar la máxima "si no quieres caldo, toma dos tazas".
    Otros currículos son posibles. Y, en consonancia con ellos, otras instalaciones escolares, mucho menos cuartelarias. Un paseo por un centro de enseñanza sueco nos puede mostrar un ejemplo. Claro que también hubo quienes dieron ese paseo y no comprendieron nada.

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  2. Efectivamente, contamos con experiencias desde hace años novedosas en el currículo de matemáticas o de ciencias desde la perspectiva "less is more" abandonando los interminables planteamientos curriculares enciclopedistas que ocupan un kilómetro de largo y un centímetro de profundidad en el pensamiento del alumnado. También con propuestas arquitectónicas alejadas de las visiones industriales o carcelarias de los centros educativos. Pero nuestros políticos no parecen haberse enterado de nada y, lamentablemente, muchos profesores tampoco.

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